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LA ANEMIA DEL CEREBRO

LA ANEMIA DEL CEREBRO

Hombres y mujeres se deprimen.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de abril 1998 , 12:00 a. m.

Pero ellos son más hábiles para camuflar su depresión, para distraerla o simplemente negarla. Así lo exige la cultura occidental, y así lo dictan los conceptos sociales: el hombre no puede demostrar debilidad y la depresión es una debilidad...

Concepto totalmente revalidado hoy: la depresión, lejos de ser un estado de ánimo pasajero o un capricho, es una enfermedad. Y una enfermedad que requiere de tratamiento para no hacerse crónica y alterar la vida de quien la padece, sea hombre o mujer, joven, niño o viejo.

La diferencia entre hombres y mujeres, en cuanto a depresión se refiere, es la forma como se expresa en unos y otras. Mientras a las mujeres les es permitido manifestar abiertamente sus síntomas, los hombres deben callarlos. Ellas consultan mucho más. Ellos, en cambio, hacen más patologías sicosomáticas, y se quejan de dolores musculares, de úlceras y problemas digestivos...

Pero la depresión sí es real. Una enfermedad, además, que tiene en su origen unas bases muy científicas, que parte de un disbalance orgánico que hoy es posible medir en laboratorio, con exámenes muy específicos. O sea, que no es una invención ni el producto de imaginaciones volátiles y alteradas...

Es como si fuera una anemia del cerebro, dice la doctora Andrea López-Matto, especialista del Instituto de Siquiatría Biológica Integral de Buenos Aires (Argentina).

Pero lo más asombroso son las últimas conclusiones a las que han llegado los investigadores: en la depresión, no solo juega un papel fundamental la química del cerebro con sus neurotransmisores. También intervienen, y en forma muy definitiva, las hormonas. La neuroquímica del sistema nervioso está muy vinculada con la química de las hormonas, explica la doctora Andrea López-Matto. Esto significa que los cambios químicos en el cerebro repercuten sobre las hormonas, y viceversa.

La relación entre la química cerebral y las hormonas es estudiada por la siconeuroendocrinología, especialidad de la doctora López-Matto.

Es así como se comprueba que, cuando la depresión ataca a los jóvenes, se presentan problemas en la secreción de las hormonas de crecimiento. En la depresión masculina y femenina, los problemas se presentan en las glándulas suprarrenales y en la tiroidea. En las mujeres, además, se agregan trastornos en la secreción de las hormonas sexuales específicas del género femenino.

Y esto, finalmente, proporciona la respuesta a un gran interrogante que no había sido resuelto: por qué las mujeres tienen una mayor tendencia a la depresión.

No todas iguales Existen tres tipos de depresiones: endógenas, exógenas y sintomáticas.

Las sintomáticas son aquellas depresiones que resultan de otra enfermedad mayor. Por ejemplo, cuando la persona sufre de cáncer de páncreas, de ciertas anemias, de Parkinson, la depresión se convierte en otra faceta más intrínseca a la enfermedad primaria.

Las exógenas son las depresiones bioquímicas por excelencia. No existen motivos externos que la provoquen. El paciente está triste, presenta todos los síntomas de la depresión, pero no encuentra ninguna explicación válida.

Exógenas o reactivas, aquellas que, como su nombre lo indica, son consecuencia de un hecho externo. Existe un motivo claro: un luto, la pérdida del rol, el desempleo, la separación, un revés de fortuna... En sus primeras etapas, estas depresiones no tienen un origen bioquímico y su tratamiento adecuado se basa en la sicoterapia. Pero, cuando se les descuida, se hacen crónicas y bioquímicas, y como tales, su tratamiento es más complejo y requiere de medicamentos.

Está claramente definido que en las depresiones interviene una multiplicidad de factores. Existe por ejemplo, la vulnerabilidad genética. Hay familias de deprimidos, y a este respecto, se han detectado los genes que juegan un papel bien definido.

Pero la predisposición genética no implica que, necesariamente, la depresión se desarrollará. Porque intervienen, además, factores ambientales, circunstancias, situaciones y hábitos. Se habla, como segundo gran grupo entre los factores de las vivencias personales, la crianza, la sociedad, el ambiente...

Y un tercer gran factor que juega un papel fundamental en la depresión: la alimentación. Aquí también entran en juego conceptos muy novedosos, fruto de las más recientes investigaciones.

Lo que comes...

Sí, en efecto, la nutrición también interviene para abonar el terreno a la depresión o, por el contrario, para mitigarla y alejarla.

Esto es asombroso: todas las sustancias bioquímicas (incluidos los neurotransmisores) son proteínas. El cerebro las forma de acuerdo con los aminoácidos que nos provienen de las proteínas que recibimos en la alimentación.

Incluso, las proteínas que ingerimos en nuestra dieta cotidiana son protagonistas en la formación de los 25 aminoácidos conocidos. Estos, además de competir entre sí, son el punto de partida y origen de la formación de un neurotransmisor específico.

Se da el ejemplo de la serotonina, neurotransmisor bien importante y muy conocido, encargado, entre otras muchas funciones, de frenar los impulsos.

Pues bien, la serotonina es producida por el organismo tomando como sustrato el triptófano, aminoácido que se encuentra en la leche. Pero, para que el triptófano llegue a los centros de producción, no debe tropezar con tirosina, otro aminoácido que se encuentra en la carne. Ambos compiten... Y esta es la explicación de por qué los vegetarianos suelen ser personas menos agresivas, más tranquilas.

Pero, igualmente, los vegetarianos tienen menos defensas contra el estrés porque la tirosina, precisamente, es la base para la formación de la noradrenalina. Y este neurotransmisor es el responsable de proporcionar recursos para luchar contra las agresiones del medio ambiente...

El cerebro vive La conclusión es obvia: la carne, la leche y tantas otros productos alimenticios son indispensables para el equilibrio de la química cerebral.

Los vemos en un segundo aspecto, el de las vitaminas. Tema ya tratado en oportunidades anteriores pero que los científicos recalcan: vitaminas y minerales son tan importantes durante la vida fetal en la formación del cerebro y el sistema nervioso central, como durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta para la salud integral del cerebro. Para que éste, como dice la doctora López-Matto, no sufra de anemia y no lleve, entre otras consecuencias, a una depresión.

Unos ejemplos Normalmente, una dieta equilibrada y completa proporciona los nutrientes que el organismo requiere. Sin embargo, existen circunstancias en las que se deben complementar con dosis adicionales. Una de estas circunstancias, es el estrés. Otra, la depresión severa. En ambos casos, se necesitan cantidades grandes de vitaminas B1, B6 y B12. Para enfrentar la esquizofrenia, por ejemplo, se necesitan vitamina B3, zinc y magnesio; para las demencias e involuciones, vitaminas C y E, y selenio; para la anorexia, vitamina A y zinc.

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