Y DÓNDE ESTÁ EL BILLETE

Y DÓNDE ESTÁ EL BILLETE

En estas primeras semanas del nuevo año, muchas personas están aún haciendo el repaso de cómo vivieron las fiestas decembrinas, el Aguinaldo Boyacense, las tradicionales verbenas de los pueblos y rumbas caseras, actividades que son tan comunes y populares.

20 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Por estos días se escuchan manifestaciones de pesar por parte de quienes resultaron víctimas de lo que ese repaso les deja como balance y que ahora califican como gastos innecesarios e inútiles y que, lamentablemente, son pérdidas sin retorno para el bolsillo personal. Encontramos casos tan dramáticos y conocidos como aquel individuo que en compañía de amigos o familiares consumió sin cansancio toda clase de bebidas embriagantes y producto de ello hoy tiene que visitar un médico porque se siente delicado de salud y nadie le provee tan siquiera un alka seltzer.

Qué decir de los niños y jóvenes en los distintos barrios que gastaron lo que no tenían en pólvora y juegos pirotécnicos con el fin de producir ruidos ensordecedores y peligrosos, o de los fanáticos que compraron manzanas, uvas, espigas, sahumerios y toda clase de elementos fetichistas en procura de conseguir la prosperidad y buena suerte al término de las doce campanadas; y de los aspirantes a viajeros que le dieron la vuelta a la manzana de su barrio añorando conocer nuevas tierras durante este 98. También encontramos a quienes viajaron muchos kilómetros para pasar una temporada de descanso en apartados lugares. Todos se divirtieron de lo lindo ; sin embargo, hay quienes para regresar debieron pedir prestado algún dinero.

También hacen su balance quienes gastaron en ropa, golosinas, vinos, galletas y toda esa parafernalia propia de la época decembrina. Y todos, en este comienzo de años, se preguntan: y, dónde está el billete? .

Razón tuvo el profeta Isaías al advertir con sabiduría por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? (Isaías 55-2). Estoy seguro que el desperdicio trae consigo otros inconvenientes innumerables, pero si queremos evitarlos sólo se requiere de sentido común y dominio propio, invirtiendo nuestras ganancias en algo productivo y de valor familiar, logrando la sonrisa de los hijos, la felicidad de una esposa y la satisfacción propia.

Todas las fiestas producen alegrías, placeres y diversiones, pero al final queda tan solo el recuerdo de algo pasajero y transitorio. Al comienzo de cada año la escasez es igual, persiste el afán y la ansiedad por conseguir dinero a costa de lo que sea. Suben los arriendos, hay alzas en las tarifas de los servicios públicos, como también los pasajes y aún cuando el gobierno decretó aumento de salarios, el empleado se pregunta si fue mejor el año pasado y cómo será el siguiente. Y esto sin contar los gastos de matrículas, salud, emergencias que son inevitables cuando avanza el año. En conclusión, ningún dinero alcanza por más esfuerzos que se hagan. Somos esclavos de la sociedad de consumo que lo único que demanda es gastar y gastar sin poder reservar nada para el futuro. Y a todo esto se añade la pérdida del valor adquisitivo: Ayer un billete de cinco mil nos era útil, pero hoy un billete de veinte mil no alcanza para mucho.

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