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VIAJAR EN HELICÓPTERO: SOLUCIÓN AL TRÁFICO

VIAJAR EN HELICÓPTERO: SOLUCIÓN AL TRÁFICO

Que vivir en el norte tiene sus privilegios, eso es cierto. Sin embargo, dentro de ellos no están contemplados los trancones. Las vías son angostas y la cantidad de vehículos excede la capacidad de las rutas. Debido a las repetidas y airadas quejas de los habitantes del norte, EL TIEMPO realizó un primer recorrido por cuatro de las principales vías del norte, desde la carrera 7a. hasta la autopista.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Luis Aguilar es un ejecutivo que vive más alla de la calle 147. Hace sólo una semana que se pasó a vivir allí. Por tanto, está experimentando rutas para llegar a su trabajo. Y aunque cada día escoge una nueva, ya está pensando en pasarse a vivir a cualquier otro sector de la ciudad. Cualquiera que no sea al norte de la calle 100, donde el tráfico tiene tres sinónimos: caos, caos y caos. Incluso ha llegado a soñar en que la mejor manera de viajar en Bogotá es en helicóptero. Bajando por la calle 146 Luis entra a trabajar a las 9 de la mañana, pero debe estar en la autopista antes de las 8 para poder llegar a tiempo.

Son las 7:45 a.m. y se encuentra en la 146 con carrera 7a. Allí el trancón es evidente porque la 7a. no da abasto con tantos vehículos. Aunque la ruta no es congestionada hay ciertos puntos que lo demoran.

Al llegar a la carrera 16, el recorrido comienza su marcha lenta. Luego, al pasar por el cruce del ferrocarril, el nudo de carros se agrava.

De la carrera 19 a la 26, el tránsito es normal y la velocidad promedio es de 40 kilómetros por hora. En este momento son las 8 en punto. A Luis le falta un buen trecho para llegar a la autopista, lo que quiere decir que llegará tarde a su trabajo.

Al llegar a la calle 134 con carrera 27 tiene que enfrentar un nuevo trancón. Mira su reloj y son las 8:05; lleva cinco minutos parado en el mismo lugar. Por fin sale del nudo y sin problema llega a la autopista, a la cual ingresa a las 8:11 minutos.

Conclusión: la ruta que escogió en esta ocasión no fue la mejor. Por la calle 140? Es un nuevo día y Luis decide que cambiará de ruta, pues haber bajado por la calle 146 fue atroz. Entonces escoge la 140.

Sale a la misma hora del día anterior. Sin embargo, el primer nudo se presenta en la carrera 7a. con 140, y los agentes de tránsito no pueden hacer mucho. Cuando logra salir de la congestión, baja por la 140. Aparentemente la vía se ve desocupada. Hay esperanzas de llegar a tiempo.

Sin embargo, eran sólo esperanzas. Al llegar al cruce de la avenida 19, la desenfrenada carrera (50 kilómetro por hora) llega a su fin. De nada vale que haya policías bachilleres y agentes de tránsito. El flujo de los vehículos que vienen por la avenida 19, sumados a los que bajan por la 140, es demasiado.

Luis mira angustiado su reloj: 7:55. De nuevo llegará tarde, pues está a mitad de camino. Además, no prevé que al llegar al cruce de la carrera 26 (canal) habrá congestión, pues allí confluyen cuatro puntos cardinales.

Por fin se asoma la autopista, son las 8 en punto. Esta vez no llegará tan tarde.

Al día siguiente, Luis prepara un nuevo experimento: bajar por una calle más hacia el norte.

El cruce de la calle 134 con 7a. indica que es el inicio del viacrucis. Pasa por la Clínica El Bosque, llega a la vía del ferrocarril y sigue bajando. A pesar de la presencia de un policía de tránsito, el trancón en ese tramo es igual.

Por fin, Luis sale del nudo. Pero al llegar al cruce de la avenida 19 encuentra otro caos. Los automóviles no paran por completo, pero avanzan muy despacio; la velocidad no alcanza ni a los 15 kilómetros por hora.

Al salir de allí, a solo una cuadra lo espera otro trancón en la carrera 20. Afortunadamente no es sino de uno o dos minutos. Avanza de nuevo, son las 8:04 minutos. De nuevo llagará tarde! Su mal genio es evidente, y al llegar a la carrera 27, una pequeña congestión lo saca de casillas. Allí tampoco se forma un gran trancón, pero como va tarde cualquier minuto es oro.

Cuando ve la autopista son las 8:07 minutos, y su alegría se opaca cuando llega a la oreja del puente. Una gran nudo hace que en ese intante se prometa a sí mismo que no volverá a coger esta vía. La 127 Es otro día de trabajo. Esta vez la ruta será la 127. Esta es una vía crítica. Quienes la frecuentan afirman que desde las 7 de la mañana hasta entrada la noche el tráfico es un caos. Por supuesto, Luis no lo sabe.

Al comenzar a bajar por la 127 las cosas no son tan graves como en días anteriores. Sin embargo, al llegar a la carrera 11, el viacrucis comienza. La velocidad no alcanza ni los 10 kilómetros por hora. Y lo peor del caso es que el proceso de avanzar y parar es ahora parte del recorrido.

Este caos se extiende hasta la carrera 16. En este momento, Luis está seguro de haber hecho una mala elección.

Entre la carrera 15 y la 25, el tráfico es suave y los vehículos circulan continuamente (no a mucha velocidad). Exasperado, Luis mira su reloj; son las 8:10 y esta vez le fue peor. En la 26 otro nudo lo está esperando. Gracias a Dios no dura mucho.

A las 8:16 Luis llega a la autopista, tarde y con la conclusión de que ninguna de las rutas que escogió durante la semana es la mejor, ya que siempre llegó con media hora de retraso o más.

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