BAJO EL SIGNO DE ARIEL

BAJO EL SIGNO DE ARIEL

Quienes llegamos al fin del siglo habiéndolo vivido casi todo lo repasamos ahora en la imaginación y nos damos cuenta de cómo, en 1900, la violencia se daba en las formas más repugnantes de que fueron testigos los episodios de nuestras guerras civiles y los despotismos que dominaban en casi toda nuestra América. Surgió entonces la ilusión del arielismo. Rodó creó la ilusión de que nosotros éramos los idealistas y nos colocó bajo el signo de Ariel. Desde la publicación de Ariel, circuló durante medio siglo nuestra imagen de representantes de la cultura intelectual e idealista encarnada en el catecismo del personaje de La tempestad de Shakespeare. Fue esta visión, enfrentada a la brutalidad del monstruo encarnado en Calibán, que sería la imagen viva de América del Norte, lo que produjo ese complejo de perfecciones que nos mantuvo en un plano de superioridad espiritual durante 50 años. Todo discurso dentro de la primera mitad del siglo 20 que se hiciera en Nuestra América era para colocar

16 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Tuvo de bueno el arielismo que nos sacó del complejo de inferioridad que venía aquejándonos por los errores cometidos bajo los Juan Vicentes, los Machados y los herederos de Rosas y cuantos mantuvieron en Nuestra América regímenes que oscurecieron las conquistas de los Bolívares, los Morelos, los Santanderes. No tuvieron la suerte de la América del Norte, en donde a Washington y Jefferson sucedieron tantos estadistas, a quienes en realidad caricaturizamos en vez de imitarlos. Acabaron por mostrar el desvío de nuestras nacientes repúblicas cuando cayeron, por desgracia, en manos de los caudillos bárbaros.

La revolución universitaria estaba latente y, desde antes de producirse el grito de Córdoba en 1918, ya estaban dándose las señales. Ya en 1910, los estudiantes López de Mesa, Miguel Jiménez López, Calixto Torres y unos cuántos más, en el Congreso de Estudiantes de la Gran Colombia, reunido en Caracas, hablaban de la reforma universitaria y situaban en una nueva casa de estudios el principio de una república ilustrada. En la Argentina, en Uruguay, ya antes se había convocado un congreso internacional de estudiantes de Nuestra América, el que, al grito de ha nacido una nueva canción , planteaba una reforma salida del fondo estudiantil. En México, José Vasconcelos, con una audacia muy mexicana, izó la bandera que ostentaba en el escudo de la nueva América el ambicioso programa: Por mi raza hablará el espíritu .

Cuando vino Córdoba, Nuestra América estaba más que preparada para un gran movimiento continental, y de ahí tomó Colombia pie para crear la Federación de Estudiantes en la época de mi juventud.

Lo que sigue es lo que han visto las gentes de ahora. La bandera de los cambios políticos empieza a agitarse en las aulas universitarias, y lo que fue en el pasado el campo en donde se batían los ejércitos liberales y conservadores en disputas de cuartel pasó a ser la arena de debates de la inteligencia, en que, sin darnos casi cuenta, hemos venido trabajando en la segunda mitad del siglo. Lo que entregamos nosotros al siglo XXI es un campo de estudio en donde en realidad ya se ha trabajado bastante. Quienes recojan lo que se ha discutido y lo que se ha hecho tienen material suficiente para sacar adelante una nueva universidad. Un estudiante de 1900 que vuelva a la vida no reconoce en la Universidad Nacional el panorama de los estudios superiores que ofrecía Colombia entonces. Basta comparar el programa de cualquier facultad de las que funcionaban en aquella época aisladas entre sí, para reconocer el vuelco que se dio a los estudios superiores hace unos 200 años.

Yendo más hacia atrás, había una idea más completa de la universidad en la época de la Federación que en 1900. Para dar un ejemplo concreto, el discurso de Rafael Núñez sobre la sociología se había olvidado totalmente en 1900 y renacía cuando yo era estudiante.

El desarrollo de la universidad en Colombia ha tenido avances y retrocesos. Las reformas que se pedían cuando yo era estudiante no hacían sino insistir en lo que ya existía cuando la Federación. Ya hoy, todo lo de entonces, y mucho más, se ha logrado en un avance que va colocando todo el sistema universitario en el mismo camino que tiene el resto de América, e indica que lo que hubo en Colombia fue un paso atrás que sólo sirvió para hacer más resuelto el progreso de los últimos años.

La historia de la universidad colombiana sirve para seguir la de Colombia misma. La reconquista lograda tiene ya carácter definitivo. Se ha convertido en algo necesario y consubstancial al progreso del país, y la reforma universitaria es tan esencial, que de su continuidad depende, ya de manera definitiva, la vida nacional.

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