HAKKINEN, CON EL TÍTULO EN EL BOLSILLO

HAKKINEN, CON EL TÍTULO EN EL BOLSILLO

La carrera que todos los alemanes querían fuera la consagraron de su compatriota favorito, Michael Schumacher, la ganó otro alemán, pero no el que ellos esperaban: fue el motor Mercedes Benz que impulsó hacia una impecable victoria al McLaren del finlandés Mika Hakkinen, ahora claro favorito para ser campeón mundial de automovilismo de 1998.

28 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

La flecha plateada de Hakkinen no tuvo una sola vacilación en las 67 vueltas de la prueba. Tampoco su piloto vaciló para sacudirse de una mala posición de salida que lo forzó a andar detrás del Ferrari de Edde Irvine en las primeras vueltas, hasta cuando este masacró sus llantas con un manejo muy arrojado y varias frenadas fuera de foco. Una vez que Hakkinen se deshizo de Irvine, el tapón se despejó y la ventaja que había alcanzado a tomar Schumacher se evaporó.

En el primer cambio de llantas, la perfecta acción del pit McLaren terminó el descuento y sacó a Hakkinen por delante de Schumacher por una nariz y la distancia se fue alargando paulatinamente hasta la línea de llegada donde Hakkinen ratificó una excelente opción para el título, pues ahora tiene 4 puntos de ventaja sobre Schumacher y solo una carrera por correr en Japón. Además, lo favorecen los resultados de segundos lugares en caso de empate.

La carrera fue casi perfecta para ambos protagonistas. 100 puntos para Hakkinnen, 98 para Schumacher, quien se pifió en una frenada y luego puso sus ruedas en el pasto cuando iban 25 vueltas. Ahí quedó jugada la prueba.

Luego, en la segunda visita a los pits, hubo empate. Entraron ambos en diferente vuelta, pero se reincorporaron en el marcador con solo una décima de diferencia con respecto a la distancia que traían, nuevamente en favor de Hakkinen.

Los pitos de aire, las cornetas y los voladores estallaron durante 24 giros que punteó Schumacher. Luego se silenciaron para dejar paso a las banderas azules y blancas de los finlandeses, quienes se destaparon a celebrar después de una tensa espera hasta la vuelta final, sin que nunca más de 5 segundos y alguna fracción separaran a su ídolo del peligrosísimo Schumacher.

Fue una jornada muy dura, que nadie en esta pista creía que se le pudiera voltear a Schumacher después de haber hecho sobrado la pole y de tener en su espalda la discreta pero efectiva ayuda de Irvine, quien le trancó al par de McLarens durante 13 dramáticas vueltas. Pero el popular Schumil estaba mal de herramientas. En todas las mediciones de velocidad, el radar le daba ventaja a Hakkinen. Para completar, las llantas se gastaron apresuradamente, especialmente en el último juego y terminó con los cauchos borrados. Tan solo en coraje y tenacidad puso más, pero Hakkinen estaba en su tarde y no tenía pierde como tampoco su auto, que tuvo la fiabilidad que en otras fechas le había faltado.

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