TRAGEDIA CAMPESINA

TRAGEDIA CAMPESINA

Para esta obra, que se añade a una serie importante de trabajos aparecidos en los dos últimos años acerca del problema social más importante de Colombia, sus autores eligieron un título y un subtítulo suficientemente expresivos.

30 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Encontramos allí tanto la cuidadosa delimitación y el esfuerzo analítico y diferenciador dentro de las modalidades de violencia que resume una trayectoria de los investigadores en su abordaje como el dicho coloquial y campesino que condensa una dimensión del mismo problema. Junto a la postura del analista, a la espontaneidad y la frescura de la narrativa popular que sirve de materia al análisis.

El especialista habrá de encontrar que es la continuación de un previo Las sombras arbitrarias, que obtuvo el Premio de Ciencia de la Fundación Alejandro Angel y fue llevado a cabo con un enfoque semejante centrado en la ciudad, pero los no especializados pueden con gran provecho circunscribirse al mundo rural, adentrarse en la lógica explicativa y poner a prueba el conjunto de evidencias ofrecidas a lo largo de la argumentación.

Si pueden mostrarse nexos con varios de los títulos aparecidos en lo más reciente, no obstante el libro sobresale por su singularidad; una singularidad que es en principio estilística; los autores rehúyen tanto las fórmulas simplificadoras como el énfasis. El detallado aparato estadístico contribuye a eso, la cuidadosa formulación de las conclusiones lo corrobora y todo ello se traduce en una expresión sobria, contenida, en oraciones en las que solo se acude a los adjetivos cuando son indispensables.

Lo emotivo de algunas de las anécdotas no viene al caso para crear efecto o hacer guiños; de la miríada de anécdotas posibles, de la multitud de testimonios que en una región como estas se pudieran recoger respecto del día a día de la violencia se han escogido aquellas obtenidas según las reglas que el estudio define y cuya significación es al máximo ilustrativa, todo controlado por un canon de objetividad, por un propósito ilustrativo y, paulatinamente, demostrativo. Sin adornos ni artificios, la única referencia literaria que encontramos es una referencia para gourmets: se trae a cuento a Svevo, quien fue junto con Joyce, y tal vez con Proust, el primero de los literatos que se sirvió del psicoanálisis para dar cuenta de las motivaciones íntimas de sus personajes, para mostrar la corriente interior del pensamiento ; es entonces una referencia del todo pertinente. Por cierto que uno de los supuestos claves de este trabajo es que es menester entender mejor lo que hay de individual en las experiencias: o en términos más sofisticados, la idea de que toda acción social, por orientada a otros que sea, tiene una raíz individual, y que una gran parte de la explicación que falta reside allí, en la conciencia de los individuos.

Testimonios directos Pero lo principal de la singularidad está en el fondo y no en la forma; consiste en que como equipo hacen a un lado el tipo de causalidad que más se ha empleado por los otros estudios: aquella que suele concluir con un enunciado de factores o causas, y cuyo máximo logro pudo haber sido el señalar la pluralidad de las violencias. En efecto, durante más de una década la investigación social se esmeró en diferenciar móviles y actores, en discernir tipologías, en refinar la clasificación de actos violentos cometidos, con un virtuosismo que, al extremarse, pudo conducir a subvalorar los contextos socioculturales, los nexos entre varias modalidades, las estrategias mediante las cuales los colombianos no violentos se protegen y a la vez se adaptan a los niveles de violencia existentes en su medio. Se proponen en cambio estos autores, con una mirada microscópica, caracterizar el tejido de relaciones sociales en el que de manera episódica y recurrente brota la violencia.

A diario los colombianos somos bombardeados por infinidad de encuestas. Sin embargo, por mucho que se haya estipulado la publicación de la ficha técnica junto con sus resultados, todavía no estamos tan familiarizados con ellas, como para que podamos evaluar la representatividad de lo que se nos suele ofrecer como resultados. No ha sido posible aclimatar aquí una diferencia elemental que existe en la patria de origen de los estudios de opinión: la que se da entre el sondeo (poll) y la encuesta propiamente dicha (survey). Una diferencia que radica ante todo en la representatividad, en la proporción que se pueda establecer entre el grupo (o muestra) de encuestados, y la población que se quiere medir, en el rigor con el que se han formulado las preguntas, y se controlan las distorsiones.

En este caso se trata de entrevistas guiadas por un formulario elaborado con criterio, preguntas que tienen tras de sí toda una discusión y que condensan interpretaciones previas del problema para ser confrontadas con las respuestas. A simple vista, un grupo de 331 entrevistados, y de 22 relatos de vida compilados en Espinal (Tolima) puede parecer insuficiente para extraer conclusiones sobre la sociedad rural; no obstante, la virtud radica en el método, en la escogencia de la muestra, en el que se procura controlar la predeterminación de los resultados o el que el investigador escoja a los entrevistados guiándose por la afinidad con sus concepciones previas del problema.

Sólo en un aspecto pudo haberse incurrido en una distorsión, o en una predeterminación de la respuesta: al incluir la atención hospitalaria dentro de las instituciones por cuya confiabilidad se inquiría a entrevistados que se hallaban en la antesala de un hospital en procura de atención. Aunque no fuera predominante la probabilidad de que los entrevistadores fueran identificados con las directivas del hospital, quien se halla en una situación de paciente o allegado, esperando por atención, es previsible que se refiera en los mejores términos hacia lo que demanda y no ha recibido todavía.

En conjunto, este estudio descuella por su sistematicidad, por la manera en que extrae el máximo de significación a las evidencias que obtiene y por la forma en que combina la estadística con el testimonio directo y la narrativa popular.

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