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ABDICA JOAO I

ABDICA JOAO I

Joao Havelange, viejo y avezado rey del fútbol, va a dejar su trono. Su solio, en donde se tejieron los grandes avances económicos de este deporte, tiene dos candidatos: Blatter y Johansonn. Cómo le fue en sus 24 años de reinado?

Quién es el hombre que manejó tan poderosa multinacional? Ocurrió en el Congreso de Francfort un 11 de junio de 1974, a pocos días de abrirse la caja de sorpresas de la Copa Mundo en Alemania. Tiempos de Beckenbauer y Cruyff, tiempos en los que apenas asomaban, tímidamente, tres tiras en las mangas de las camisetas Adidas, nada que ver con este presente de Nike, Umbro y Lotto, de patrocinios multimillonarios que saturan el mundo del fútbol.

Con 58 años cumplidos, Joao -así lo llamaban sus padres belgas- venció la fortaleza del octogenario Sir Stanley Rous.

Subía al trono de la FIFA, que en ese tiempo no era tan poderosa, un hombre de Río de Janeiro, hijo de un ingeniero en minería y el primer no europeo que llegaba a semejante posición.

Se iba Sir Stanley Rous, llegaba Joao, alto, practicante asiduo de la natación, culto, interesado por las bellas artes y de voz amable. Todos los atributos de un diplomático que muestra una cara mientras guarda en el fondo de su corazón las verdaderas intenciones que lo mueven. Ya tendría noticias el mundo de su quehacer en la FIFA.

No en vano el secretario de Estado Henry Kissinger, formidable estratega político, lanzó esta afirmación para referirse a su amigo Joao: Observa el mundo a través de un telescopio y no de un microscopio .

Joao tenía otra forma de mirar. La intuición no le fallaba cuando emprendía proyectos audaces. Uno de ellos fue empezar. Lanzarse de candidato a la FIFA.

Fueron tres años con sus días en una ardua campaña electoral. Fueron viajes por 84 países de los 142 asociados de la época, 80.000 kilómetros persuadiendo con su habitual sutileza a los electores de que Sir Stanley ya no era el hombre.

Su programa apuntaba a los países en vías en desarrollo. Una de sus más osadas propuestas estuvo en aumentar de 16 a 24 equipos la competencia final de la Copa Mundo. Veía, pues, como dijo Kissinger, por un telescopio.

No se quedó allí. Golpeó a las puertas de Coca Cola, consiguió un programa para 75 países. Cursos para entrenadores, árbitros, administradores, médicos.

Además, se le vino a la cabeza organizar campeonatos mundiales para juveniles. La FIFA, que solo sonaba cada cuatro años, tendría música a diario.

Ese 11 de junio cayó el respetable Sir Stanley Rouss. Joao haría de los suyas. Apretado vencedor con 68 votos contra 52 de su opositor, tenía el camino libre.

Trono del fútbol para un amante del waterpolo, trono para un hombre que participó en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, y de Helsinki, en 1952. Trono para Joao, que como cerca de 200 mil brasileños, lloraron la derrota en la final de 1950 en el estadio Maracaná.

Trono para el hombre que jamás olvidará esa final de 1970, cuando Brasil venció 4-1 a Italia, ni tampoco olvidará una de sus peores tristezas: la final de la Copa Europa de clubes entre Juventus y Liverpool, en el estadio Heysel de Bruselas en 1985. Tarde de hooligans, muertos y heridos.

Joao no jugaría solo el partido de su vida. Sepp Blatter permanecería a su lado, resolviendo las contingencias y extendiéndose. Entre los dos montaron ese emporio económico del fútbol. Se había logrado que los equipos en competición recibieran dinero.

La Secretaría General pasó de 12 a 65 empleados. Joao, al lado de Horst Dassler, jefe de Adidas, halló el dinero para más y más torneos. Mundiales sub 17, sub 20, sub 23, mundiales de mujeres, mundiales de fútbol sala. Come fútbol, vive fútbol, toma fútbol. Fútbol, la chispa de la vida. Y todo por ese hombre de mirada telescópica.

Habría más para el mundo. Capitalismo ensanchado, la FIFA extendía sus tentáculos. Nacieron publicaciones como FIFA News y FIFA Magazine, en cuatro idiomas. Los temas: análisis de los torneos, campañas de imagen, seminarios.

Joao encumbrado, gracias a la facilidad para imponer sus puntos de vista. No con la fuerza de Kholer o Maldini, sino con la sutileza de Valderrama o Hagi en el momento de plantear sus argumentos.

El se impuso porque siempre fue más adelante, porque casi siempre estuvo mejor informado de fútbol, porque no se quedó en la comodidad de su trono sino que viajó a los países donde más se le había requerido.

Pero el rey sabe apartarse a tiempo del bullicio. Cocteles y actos especiales lo tienen como invitado. Sin embargo, brinda con una copa de vino y se aleja con prontitud. No debe estar perdiendo el tiempo. Otro proyecto irá por ahí, dando sus primeros pasos.

Se va Joao de las reuniones porque allí abundan los tramadores de lisonjas o porque se ha topado con un periodista que desconoce el tema.

El final está cerca para este rey de reyes. Hace poco le preguntaron por su balance financiero.

En 1974 teníamos dos competiciones. El mundial y los olímpicos de fútbol. Hoy tenemos ocho torneos. En ese tiempo los equipos tenían que cargar con sus propios gastos de viaje y estadía. Hoy, la FIFA asume los gastos .

Joao, como buen rey, tiene mano dura. La FIFA es una multinacional. Las ganancias están por encima. No importó que los juegos del Mundial de Estados Unidos fuesen a la hora en que el sol más golpeaba a los futbolistas. Primaban los derechos de televisión.

Diego Maradona se levantó contra este emporio. Y muy pronto le llegarían las desgracias, la fortaleza de toneladas y toneladas de mano dura. Maradona está afuera del negocio. Ha protestado, ha querido que los demás jugadores se unan e impongan sus condiciones.

La FIFA, inamovible, no lo permite. Es demasiado dinero en juego, demasiados intereses. Joao se levanta del trono. Si queda Blatter, ganará Suramérica. Si queda Johanson, Europa se frotará las manos.

Joao se levanta del trono sin haber logrado que Africa realice un Mundial, pero con fiestas orbitales de 24 y ahora 32 equipos. Caminará con lentitud. Volará el 16 de julio a casa para estar al lado de su señora. Hablará con sus tres nietos de 24, 21 y 18 años. Les preguntará cómo crecieron, pues jamás lo supo.

Sólo estará al frente de su compañía de autobuses y, por fin, se ocupará de su esposa, a la que olvidó en 24 años, a la que casi ni pudo ver cuando debió operarse de la rodilla y usar muletas seis meses.

Joao abdica. Y a los 82 años de edad se prepara a vivir con los suyos.

Fuentes: FIFA Magazine, Internet, Agencias Internacionales, Archivo.

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