SEÑALES PELIGROSAS

SEÑALES PELIGROSAS

Acto I - Es que tú nunca tienes tiempo para mí. - Pues tú solo vives pensando en tú trabajo. - Pero cuando te pido una opinión, tú siempre me haces sentir como un inepto.

26 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Acto II - Pues es que, a decir verdad, tú eres un inepto.

- Te estabas demorando, ya empezaste a agredirme.

- Agresora yo..., que nunca puedo expresar lo que siento.

Acto III - Es que, casualmente, tú solo ves las cosas negativas.

Acto final...

- Definitivamente, contigo no se puede hablar.

Si últimamente estas son las únicas escenas que usted protagoniza con su pareja, ojo!, hay demasiadas señales de que algo está funcionando mal.

El hecho de que cada día sea más difícil comunicarse con su consorte, y cuando hablan es solo para recriminarse mutuamente y el tono del diálogo es cada vez más subido es, según los expertos, un síntoma inequívoco de que el matrimonio se está desgastando.

Aunque no se puede decir que esto es una regla general para todas las parejas, sí es frecuente que pase, ya que las personas no saben acomodarse con facilidad a los nuevos roles que impone una vida en pareja.

El quiebre está en que no somos capaces de aceptar que con el matrimonio muchas cosas cambian, hay nuevas expectativas e intereses , afirma María Elena López, sicóloga de familia.

Como diría Juan José Saavedra, en su libro De como ser feliz aun estando casado, los amantes se dividen en dos grupos: los simples y los compuestos. Los unos son los solteros y los otros los casados. Estos últimos tienen que lidiar altos niveles de neurosis, pues en vez de adquirir las ventajas de las dos situaciones se hacen a los inconvenientes de las dos .

Quitándole el tono irónico al texto, lo que sí es cierto es que el matrimonio acarrea una serie de cosas que la convivencia empieza a mostrar y que antes no eran tan evidentes.

Según López, una relación matrimonial está sostenida por tres pilares: la comunicación, la sexualidad y el afecto.

Y es en estos tres campos en donde surgen las señales de alarma que las parejas deben detectar antes de acarrear con males más graves e, incluso, la separación y el divorcio.

Señales de riesgo En la comunicación - Dificultad para expresar lo que piensa, siente y desea.

- Tonos y actitudes agresivos y recurrentes en el diálogo (gritos, frases hirientes).

- Temas de conversación centrados en las dificultades, en lo que no funciona.

- No hay forma de conciliar diferencias y cada uno permanece en su posición.

- Malinterpretación de las palabras y los argumentos.

- Con cada nueva discusión, salen a flote problemas viejos que no se resolvieron.

- Intolerancia, cada uno está siempre a la defensiva.

- No se es oportuno para decir la cosas (peleas en presencia de hijos o familiares).

- Nunca hay tiempo para dialogar.

- Se recurre con frecuencia a la crítica y la generalización Afecto - El afecto se pone en segundo plano, la vida gira en torno a las dificultades.

- Se limitan las caricias, los besos y la ternura.

- Se pierde el gusto por el otro. Quejas constantes por falta de cariño, compañía, solidaridad, apoyo.

- No hay espacios para estar y compartir solos.

- Se ridiculizan los estilos de vida y las creencias del otro.

Sexualidad - El deseo sexual disminuye, especialmente en las mujeres y si hay carencias de afecto.

- Disminución del placer, dificultad para que alguno encuentre satisfacción.

- Hay menos creatividad en el acto sexual, se rutiniza.

- Los juegos sexuales y el preámbulo son restringidos.

- No se habla de las necesidades sexuales de cada uno.

- Reina una sensación de que se acabó el encanto ...

- Una consecuencia extrema es el vaginismo (la vagina se estrecha y el acto se torna doloroso) y la frigidez (falta de deseo sexual) en las mujeres, y la eyaculación precoz o dificultades de erección, en los hombres.

A salvar la pareja Para la sicóloga María Elena López, si varias de las señales que se enumeran en este artículo se presentan con frecuencia e intensidad, es hora de tomar cartas en el asunto. Estas son algunas recomendaciones: - Hacer conciencia individual de la actitud que se está tomando en la relación.

- Lograr que haya diálogo: es imprescindible hablar las cosas, en su momento y de la mejor forma posible.

- No es conveniente centrarse en las dificultades y en las cosas que no funcionan.

- Rescatar lo bueno de la relación y buscar soluciones mediadas a los conflictos.

- Crear espacios para que todos los sentimientos tengan lugar: el afecto, la rabia, el deseo, etcétera.

- Dejar de culpar al otro por todo lo malo que pasa y dejar la crítica, la agresión y la censura.

- Si el problema reincide se debe buscar ayuda profesional en los terapeutas de pareja.

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