OBSERVATORIO EN VÍAS DE EXTINCIÓN

OBSERVATORIO EN VÍAS DE EXTINCIÓN

Un ambiente fúnebre reina esta tarde en la oficina de paredes de adobe, en el segundo piso de la casona que sirve de sede al Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

22 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Mucho tinto, profundas reflexiones, largos silencios y rostros preocupados desfilan en los últimos días por esta oficina de cuatro por cuatro, con dos escritorios, un archivador y seis sillas de madera.

Aquí y en un salón contiguo, repleto de cajas de cartón, archivadores y escritorios con tres computadores, está ubicado lo que queda del Observatorio de Cultura Urbana de Bogotá, un organismo creado hace dos años y medio para investigar las tendencias violentas y delincuenciales, el consumo cultural y la calidad de vida de los bogotanos.

Con el cambio de administración, el futuro del Observatorio está en la incertidumbre. Académicos e investigadores llegan todos los días ante el escritorio de Yezid Campos, el director saliente de esta dependencia, en busca respuestas.

Pero aquí solo se oyen rumores. Dicen que se va a acabar, que será separado del Instituto de Cultura y Turismo, que se va para la secretaría de Gobierno. Lo cierto es que hace una semana, a los dos funcionarios y las nueve personas que trabajan por contrato en el Observatorio, les tocó abandonar la casona que ocupaban frente al Instituto de Cultura y Turismo.

Entre quienes se mueven en el mundo de la academia se oyen voces de alarma por el futuro del Observatorio. Poner en peligro el Observatorio sería un suicidio. Le veo una importancia estratégica. Una ciudad del tamaño y las características de Bogotá no puede pensar políticas si no son apoyadas en investigación continuada, las ciudades más importantes del mundo tienen observatorios que suministran información para políticas culturales, de seguridad, de juventud , afirma el investigador Jesús Martín Barbero, quien es doctor en filosofía de la Universidad de Louisiana, en antropología y semiótica de la Universidad de París e investigador asociado en la Universidad Complutense de Madrid.

En igual sentido se manifestó la directora del Instituto Colombiano de Antropología, Ican, María Victoria Uribe. Los observatorios son una tendencia a nivel mundial. Hay que consolidarlo, darle una estructura sólida para que no dependa de las veleidades políticas del momento, ojalá sea de carácter interinstitucional para sobrevivir a los avatares políticos. Sería terrible que desapareciera , dijo la académica.

En esto coincide el investigador Arturo Alape, quien realizó una investigación sobre los lugares de rumba cerca las universidades de Bogotá, patrocinado por el Observatorio. Alape opina que es vital que se haga un ejercicio permanente de observación y análisis sobre los cambios que se producen en una ciudad como Bogotá.

Desde octubre de 1995, el Observatorio invirtió unos 600 millones de pesos en más de 50 investigaciones sobre la ciudad. Hay estudios históricos, de juventud, consumo y patrimonio cultural y urbanístico, rumba, minorías étnicas, pandillas, calidad de vida, imaginarios y cotidianidades de los habitantes de Bogotá.

Bogotá es una ciudad que no tiene una imagen de sí misma y la poca que tiene es fragmentada, dislocada , afirma Carlos Pinzón, director del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional. Retrocederíamos diez o veinte años si se elimina un organismo como el Observatorio , dice.

En opinión del investigador antioqueño Alonso Salazar, autor del célebre libro No nacimos pa semilla , Bogotá tiene un problema gravísimo de información. Salazar afirma que la investigación urbana debe pasar de las mediciones estadísticas de violencia a otras de impacto ambiental, de calidad del aire, de calidad de vida que son importantes para la ciudad y útiles en la toma de decisiones.

Salazar, quien realiza una investigación sobre jóvenes para el Observatorio, afirma que mediante la investigación, por ejemplo, se conocen cuales son las zonas de mayor conflicto y de mayor frecuencia de accidentes de tránsito y eso permite a las autoridades trazar estratégicas preventivas.

Para Jesús Martín Barbero uno de los principales logros del Observatorio es haber puesto en primer plano la cultura cotidiana de la gente, esa sobre la cual pesa la mayoría de problemas de Bogotá. Es un concepto muy moderno y muy serio el pensar la cultura no solo desde las artes sino desde las relaciones sociales básicas cotidianas, en la calle, el bus, el barrio .

Algunas de estas reflexiones forman parte de la retrospectiva que por estos días se hace entre tintos y rostros de circunstancia en el Observatorio de Cultura Urbana.

Y seguramente ese ambiente funerario se prolongará por unos días más, pues la directora del Instituto del Instituto de Cultura y Turismo, Angela Catalina Meza, dijo que el futuro de esa dependencia se halla en evaluación por parte de la dirección del Instituto y que la semana entrante se conocerá alguna decisión al respecto.

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