PEREGRINACIÓN EN CUBA

PEREGRINACIÓN EN CUBA

La visita del Papa Juan Pablo II a Cuba no es la primera que realiza a un país con ancestro católico pero con régimen político comunista y ateo. En los comienzos de su pontificado, a su natal Polonia viajó con el objeto de llevar la palabra de Cristo, de vitalizar a la Iglesia por largos años perseguida y, sin decirlo, de apoyar su posición política. Muy fuerte y activa por entonces en esa nación, en contraste con su mengua y arrinconamiento en la Perla del Caribe.

22 de enero 1998 , 12:00 a. m.

En el crepúsculo de sus días, ha querido venir a este Hemisferio en función esencialmente evangelizadora, sin perjuicio de reclamar, obviamente, los derechos de los fieles a practicar, predicar y enseñar su credo. La sola proximidad de su viaje logró la autorización para celebrar públicamente los ritos, para comunicarse los pastores con su grey a través de la televisión y para festejar la Navidad con despliegues desembozados de los símbolos cristianos. Presumiblemente la solicitará también para el restablecimiento de las escuelas católicas y para el acceso a Cuba del número deseable de sacerdotes latinoamericanos. El Pontífice trabaja en función de futuro.

Quizá como reacción contra la insolente presencia soviética en la Isla o con motivo del fracaso de sus políticas, se observaba ya un renacimiento de la fe católica. Era visible en la afluencia de las gentes a los templos, incluso por parte de quienes habían difundido con ardor académico la doctrina marxista. En medio de la sensación de abandono y extrema penuria, a falta de consuelo en la Tierra se volvían los ojos a Dios. A la memoria viene el recuerdo del filósofo e historiador que a la salida de la Iglesia se nos acercó y nos confesó su reconciliación con el Evangelio. En cierta forma, constituía una especie de afirmación nacionalista.

El pensamiento y la actitud del Papa la facilitaban, así como abrían la posibilidad al diálogo entre el poder civil y el eclesiástico. En efecto, según lo subraya la prensa estadounidense, si bien Juan Pablo II no ha ocultado su anticomunismo tampoco ha sido parco en pronunciarse contra lo que denomina capitalismo salvaje , por otros llamado neoliberalismo, en defensa de los pobres y desvalidos. Ni en oponerse con neta energía al procedimiento del embargo económico, concretamente al que Estados Unidos mantiene sobre Cuba por razón de la índole y los procederes de su Gobierno.

El Papa va a lo suyo y el comandante Fidel Castro procura aprovechar, a su vez, la visita evangélica para romper los anillos del aislamiento, aunque deba flexibilizar algunos de los mecanismos políticos y económicos de su régimen comunista y dictatorial.

Por cierto, el embargo estadounidense le ha servido de pretexto para excusarse de la pobreza en que la Isla vive, tras el naufragio del imperio soviético y la desaparición de sus ayudas privilegiadas. El auge del turismo le ha dado respiro salvador, mas también ha puesto al descubierto los retrasos y las llagas de la economía cubana que, gracias a su impulso, ha vuelto a conocer índices de crecimiento por encima del tres por ciento.

Por sobre los lastres del pasado En el fondo del conflicto con Estados Unidos (aparte de haberse convertido Cuba en satélite y belicoso agente mundial de la Unión Soviética), subyace la circunstancia de su condición subalterna de protectorado y colonia económica a partir de 1898.

A la guerra con España entraron en apoyo de Cuba Libre , invocando la supuesta agresión a un barco suyo en la bahía de La Habana, cuando en realidad había sufrido explosión accidental. Ganada la prueba de fuerza, no se avinieron a retirar sus tropas de la Isla sino en virtud de la firma de la enmienda Platt que les otorgó el derecho de intervenir con miras al mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de la vida, la propiedad y las libertades individuales . Lo hicieron, en guarda de los intereses estadounidenses y de estadounidenses, hasta el derrocamiento de Batista por Fidel Castro. Cuba llegó a ser inmenso casino. De ahí, probablemente, el respaldo popular con que contó en la primera etapa de su régimen represivo.

La solución del problema de Cuba no puede ser, de consiguiente, el regreso al anterior estado de cosas o sea al protectorado y la colonia económica. El tránsito a la democracia ha de estar precedido de la seguridad del respeto a su independencia y a su soberanía, al menos hasta donde existen en el mundo actual. A su facultad y capacidad de elegir su propio gobierno, sin intromisiones de la naturaleza de la contemplada en la Enmienda Platt.

Las tesis centrales del Papa sobre los derechos humanos y en contra del capitalismo salvaje introducen factores indudables de acercamiento y eventual entendimiento. En primer término, la libertad de conciencia y cultos, pero enseguida la de expresión de las ideas, y, en lo económico, un sistema que consulte el bienestar de las masas. El cauce no se encontrará en el evangelio neo-liberal con su principio rector de la máxima rentabilidad, sino en el de Cristo.

Vida y moldes nuevos Por descontado se da que la visita del Papá no surtirá inmediatos efectos políticos. No obstante, en la realidad los va teniendo, al menos en lo tocante a la Iglesia Católica, a sus fueros, su misión y prerrogativas, aunque el Estado continúe por ahora siendo ateo, dictatorial y comunista. En lo económico igualmente, por la dinámica de los acontecimientos mundiales y por las repercusiones tardías del desmoronamiento de la Unión Soviética.

No se ilusionarán los cubanos en el exilio en que todo vuelva a ser como antes o en que se implanten derroteros económicos como el que Castro eliminó o como el inhumano que censura el Papa. Ni Estados Unidos en restaurar un régimen sumiso y dependiente como el que prevaleció desde la precaria independencia de la Isla hasta el triunfo de la revolución castrista. Deberán buscarse moldes democráticos nuevos, a tono con las realidades contemporáneas y conciliando la libertad con la justicia.

Aun cuando el propósito del viaje sea estricta o predominantemente evangelizador, es de presumir que genere cambios en la situación crítica de la isla y en las actitudes de su régimen como en la de sus enconados opositores. No es de poca monta la aproximación del Papa a su territorio y a sus gentes. Como no lo es el resurgimiento del sentimiento religioso. Como no lo son los cantos multitudinarios de esperanza, paz, amor y reconciliación.

La brecha está siendo abierta. Ojalá no se la cierre abruptamente. A Fidel Castro y a los cubanos se les está ofreciendo la oportunidad de hacer vida nueva

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