POR FIN:VUELA EL MUSEO DEL TRANSPORTE

POR FIN:VUELA EL MUSEO DEL TRANSPORTE

Los habitantes de Cali están acostumbrados a ver volar los aviones de combate. De la Base Aérea Marco Fidel Suárez, conocida en sus inicios como El Guabito y que hoy queda en la mitad de la ciudad, decolan a diario todos los aviones de instrucción de la Fuerza Aérea Colombiana, especialmente los veteranos y robustos Mentor donde se forman nuestros pilotos de combate.

26 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Por esa base han pasado prácticamente todos los grandes pájaro s voladores de la FAC y allí reside el veterano Stearman PT 17 que es el avión insignia de la Fuerza. (Motor No. 166, Octubre 26 de 1994). De todos esos episodios ha quedado en Cali una buena cultura de la aviación y en el Aeroclub del Pacífico, donde se da cita toda la afición deportiva del aire, ha comenzado a tomar ahora vuelo un proyecto que hasta hace unos meses no pasaba de ser una fantasía y un sueño de los gomosos de la historia: El Museo Nacional de Transporte.

Hundidos, arruinados, desarmados y derretidos en las siderúrgicas, aplastados entre las cordilleras o desmantelados en los aeropuertos, barcos, trenes, automóviles, aviones y otros muchos aparatos que en su momento fueron glorias de la mecánica y piezas claves en nuestro desarrollo, han de saparecido y de ese fascinante pasado quedan pocos vestigios.

Por ejemplo, Colombia era un país de avanzada en Ferrocarriles y tenía máquinas que eran piezas únicas en el mundo del vapor. De eso, además de la gran bancarrota, hoy no se preserva nada. Las estaciones se volvieron gallineros abandonados y las fantásticas locomotoras son cuevas de ratones y nido de ladrones que las venden a pedazos, al precio del hiero barato.

La navegación era algo fantástico. El Río Magdalena, el Cauca y todas las grandes arterias fluviales dejaban escurrir legendarios buques de paletas que, de orilla en orilla, iban cargando país y despertando fantasías.

La aviación ni hablar. Tenemos la segunda empresa de transporte comercial más antigua del mundo y muy desde los comien zos del siglo, particulares y gobierno -que eran casi lo mismo en ese entonces- trajeron cuanto avión extraño había en el mercado y volaban pasajeros en hidroplanos de casta como los Junker.

Y del auto, la historia es igualmente kilométrica. En 1904 la familia Duperly ya tenía un Cadillac en Bogotá, traído a lomo de mula después de muchos meses de mar y río hasta la Sabana. Lo importaron acompañado por varias canecas de gasolina y un chofer mecánico que lo puso en marcha. De esas piezas no quedan ejemplar es y a pesar de la ingeniosa cultura mecánica de este país, gracias a la cual los automóviles siguen andando en cualquier estado agonizante o de vejez, el parque de vehículos de colección y especialmente clásicos, es bastante exiguo con proporción a las g randes máquinas de las que se tiene memoria y muchas fotografías.

Afortunadamente, en los últimos tiempos, se ha dado un movimiento retro a nivel mundial de alto significado pues se han recuperado muchas máquinas y se conservan con otro criterio aquellas que son susceptibles de merecer un interés especial en el corto futuro, como por ejemplo, los autos de los años 60, especialmente americanos. Colombia no ha sido ajena a este fenómeno y el grupo de coleccionistas aficionados y profesionales ha ido en aume nto y su espíritu se extiende.

Gracias a ello, lo que siempre había sido tema de cocteles e ilusiones de románticos cambió de rumbo. El Museo ya tiene piso, estructuras y se están terminando los primeros 2.300 metros de los dos grandes salones para exhibi ción de elementos relacionados con el transporte. Una Fundación conformada por Fundetren, el Club de Automóviles Antiguos y Clásicos de Cali y el Aeroclub del Pacífico, es la promotora de esta fantástica iniciativa.

Todos los días, llegan los socios de estos tres frentes a poner su cuota de ideas, a agregar una foto en un álbum, a darle vuelta a la obra , en fin a lo que haya que apoyar.

A finales de este año, ya estará funcionando la parte básica y se están haciendo todos los contactos para obtener pi ezas de importancia: aviones antiguos, autos, exposición flotante de colecciones particulares, la maqueta enorme de un tren de los años 50 en escala HO que ocupará ! 450 metros cuadrados !, documentos, partes mecánicas, etc.

El Museo estará abierto al público y buscará desarrollar toda suerte de actividades didácticas alrededor de su tema. La construcción se emprendió en un terreno cedido por el Aeroclub, y que quedará con la entrada principal por la ruta de ingreso a la Zon a Franca de Cali.

Pero ya hay cosas para ver. Algunas en obra negra como un pequeño avión Cessna 140, con la matrícula HK41P, la placa más antigua del país, de Bernardo Ochoa que empieza su proceso de restauración. También un viejísimo Piper PA 18, el HK 98 PP, llamado cariñosament e Pedrito , porque en él aprendieron a volar los 48 socios del Aeroclub. Y está bajo un galpón un curioso anfibio Grumman Guss de 1942, que llegó volando a Palmaseca y espera volver a su estado original en algún tiempo. Bajo la sombra de sus alas duerme un carro rarísimo, un Citroen de los años 20, cuyo modelo no se ha podido precisar pero que se sabe prestó servicios en una panadería de Palmira hasta el momento de su muerte mecánica y el desamparo total de recambios en fecha igualmente imprecisa.

En la puerta del museo, está ya colocada una valiosa locomotora de vapor Baldwin 480 de 1928, que haló un tren turístico hasta hace unos 4 años, pero el museo tiene compradas otras cuatro valiosas máquinas que provienen del legendario Ferrocarril del Pac ífico, qu e en sus tiempos fue uno de los más avanzados del mundo y prestaba un vital servicio entre el puerto de Buenaventura y Cali, atravesando la selva del Chocó. Dentro de esas locomotoras, que esperan el dinero para la difícil movilización hasta el Museo y su s rieles para ubicación, hay una reliquia: se trata de la máquina Schwarz Koppof, de 1.928, única en el mundo.

Sin embargo, el museo no es solo para estos cadáveres mecánicos que esperan el milagro de la resurrección, mediante tiempo, plata y a que no de sfallezca el entusiasmo de estos pioneros, encabezados por el José Guillermo Pardo Borrero, presidente de este sensacional proyecto y quien ha comprometido mucho más que su entusiasmo en esta tarea que se convirtió en un trabajo prioritario.

En los hangares del Aeroclub, dos lindos aviones esperan el techo de su nueva sede para trasladarse como mascotas y fundadores de la muestra. Se trata de un avión PT 17 Stearman, similar al de la FAC y que está en perfecto estado de vuelo como se aprecia en las fotos que acompañan a este artículo. Y la pieza central, un Texan AT6-D, de propiedad del mismo José Guillermo Pardo, que revoletea por las pistas de carreteo barriendo con el chorro de aire de su hélice todos los desperdicios de la obra.

Este avión es el único sobreviviente en condiciones de vuelo de una flota de 100 unidades AT6 que tuvo la Fuerza Aérea para entrenamiento y combate a partir de 1942 y hasta 1967. En esos 25 años de servicio, se volvieron legendarios pero poco a poco fu eron desapareciendo. Al gunos están expuestos en las bases, pero no vuelan.

El único que sobrevivió es este aparato que tuvo como identidad militar el número FAC 777. Posteriormente fue rematado por el Banco Popular por un coronel de la Fuerza Aérea Americana que servía en la Embajada. Luego lo adquirió el célebre piloto de autos y aviones, el antioqueño Humberto Escobar (quien también tuvo un espectacular avión de combate Mustang P51 que vendió a un coleccionista americano).Posteriormente, fue comprado por Arley Rivera y ahora es el orgullo e insignia vital de José Guillermo Pardo, Presidente de la Fundación del Museo.

Con su motor radial de 9 cilindros Pratt and Whitney Wasp R1340 AN-1, de 600 caballos de potencia, el imponente avión dos plazas suele alegrar los cielos caleños con frecuencia, aunque resulte ruinoso pues se engulle nada menos que 36 galones de combusti.

Culebro en tierra por su rueda de cola que hace del carreteo y el aterrizaje un arte de pilo}mente delicado cuando se le lleva a maniobras extremas por el gran peso de su motor que puede inducir rápidamente barrenas irrecuperables. El hecho que no sobreviva sino uno de 100 aviones, l}aís en la historia aérea, es una estadística que explica esta delicadeza.

Amarillo oro, hélice de dos palas con paso variable, el ex FAC 777 está en Colombia desde 1954, procedente de la Marina}cado, como los otros 12.361 ejemplares de este avión que se hicieron, en Dallas, Estados Unidos, por la North American Aviation Company. Pesa 2.4 toneladas en condiciones de cupo máximo, pero} motor.

Desprovisto por las regulaciones civiles de las dos ametralladoras .30 que llevaba, una adelante accionada por el piloto y otra atrás para el copiloto-artillero quien podía girar 360}iguración perfectamente original a pesar del duro trajín que tuvo en misiones de orden público en los años 60, cuando estas naves fueron claves en la lucha contra los bandoleros.

La cultura AT6 es uno de los temas del Museo, aprovechando que este avión será una de sus pilares de interés. Maquetistas hacen réplicas de todos los tamaños y se reúnen toda la información y elementos posibles alrededor del tema y la máquina está list} piezas, carros, más aviones, barcos en fin, cosas del transporte. En la Fundación hay gentes trabajando en cada frente, como los cuatro ingenieros de Fundetren que duermen en la manzarda de la sede del Aeroclub} complejidad requirió de un diseño de vías, perfiles, alambrado y muchos detalles hecho en un programa especial de computador. El tren atravesará una siderúrgica, una refinería} podrán presenciar la acción simulada de estas fábricas en miniatura gracias a que las locomotoras a escala llevarán microcámaras de televisión que transmiten su señal a pantallas de video in}ica, reuniendo fotos. Otros trabajan en la documentación y la biblioteca. Hay quienes están en el asunto de rutas, puentes, carreteras y su historia. Los aviadores pululan y a los coleccionistas de}us ejemplares en exhibición.

COMO APOYAR AL MUSEO Para colaborar en esta quijotesca tarea de hacer el Museo, se ha creado el Club de Amigos del Museo del Transporte, en el cual se puede participar en las modalidades de trabajo voluntario, libros o documentos, obras de arte de temática, fotografías de te} afiliación cuesta 20 mil pesos y los 100 primeros aportantes} a dirección del Museo es: Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, Vía Zona Franca, Apartado Aéreo No. 6635, Cali. Teléfonos 651 1154 y 92 2705050. Cali.

Cualquier persona, ayuda, sugerencia o colaboración son bienvenidos.

La Fundación fue constituída por Escritura Pública Número 1.204 del 24 de abril de 1.998 radicada en la Notaría Trece de Cali. La forman la Asociación Aeronáutica de Occidente Aeroclub del Pacífico, la Fundación para la Defensa de}os y Clásicos del Occidente Colombiano Club Clásicos .

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