HABLANDO SE PUEDEN APAGAR MUCHAS FANTASÍAS NEGATIVAS

HABLANDO SE PUEDEN APAGAR MUCHAS FANTASÍAS NEGATIVAS

La mirada al consumo de la droga en los jóvenes es algo que a veces suena repetitivo o frecuente, pero que dadas, las altas tasas de consumo, siempre es bueno retomar algunos aspectos para afrontar, detectar o trabajar en aras de la prevención y la ayuda a quienes utilizan la ilusión sicotrópica para buscar caminos fáciles o para dibujar en sus mentes paraísos de colores engañosos.

19 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Hasta hace poco el recurrir a las drogas representaba una búsqueda de nuevas sensaciones y nuevos rumbos, la cual se basaba en una dependencia a ciertos grupos sociales como los amigos y a ciertos espacios y estados de ánimo.

Pero con el tiempo se ha visto una serie de razones que se basan en problemas de orden estructural en el seno familiar, necesidad de comunicación, una actitud condescendiente al uso y abuso de sustancias, la necesidad de ingerir nuevas vivencias en un lapso de tiempo muy corto y hasta una respuesta a la estética de autodestrucción que se vende diariamente en algunos medios y en algunos esquemas de índoles artístico, político y hasta religioso.

La rebeldía se transforma en dependencia y las ganas de vivir, se limitan al máximo; discutir sobre el problema implica adentrarse en muchos de los casos de su uso, en muchos contextos sociales y en muchas estructuras sicológicas, sin embargo hay ciertos grupos que se enmarcan en el conjunto de los más alto riesgo Los factores de riesgo Aunque la droga no respeta edades ni grupos sociales, el mayor riesgo lo sigue presentando el adolescente, por el grado de fragilidad en su personalidad; una característica que se desarrolla por su búsqueda de identidad y por el rompimiento con su niñez, ruptura que a veces se da en la acción radical de romper con todo l que los hacía chicos y buscar l que suspuestamente los hace grandes.

La comunicación como base en el hogar y la ayuda si transgresión en esa búsqueda de los hijos por parte de los padres, implican el mejor antídoto para los problemas o las expectativas que puede generar el uso de estupefacientes en los jóvenes.

Presentan mayor riesgo los jóvenes que se mueven en un régimen arbitrario que oscila entre la rigidez y la permisividad total.

La inestabilidad o destrucción paulatina de la relación conyugal puede generar depresión, tristeza perdida de interés y poca comunicación en el hogar.

Aquí es bueno mirar de que manera los padres realizan su labor formadora, y como pueden sus propias actitudes y acciones, ser permisiva con el uso de alcohol y los mismos cigarrillos, el desinterés de los padres antes las actividades y orientaciones éticas de sus hijos, el manejo de una doble moral, incomprensible para el hijo.

Las sobredosis de protección y la falta de una respuesta a las situaciones que viven los chicos, los lleva a buscar en otros medios y otros espacios, la voz que los escuche, el grupo que los entienda y ese gesto que les brinde libertad y aprobación...a veces es búsqueda se hace por la ruta equivocada y lo que se encuentra no corresponde a la falencia que se busca llenar.

Signos que delatan A veces pasa mucho tiempo ara que tanto padres o tutores se den cuenta de que sus hijos están usando drogas, pero hay una serie de características que pueden poner en alerta sobre el particular, o por lo menos conllevar a la atención de los mayores ante una dificultad en los chicos.

Los sentimientos de apatía, el descenso escolar, los cambios de actitud, cambios en la apariencia personal y situaciones como ojos vidriosos, tos persistente y hasta perdida de objetos, son los signos con los que se puede medir el riesgo a la adicción o dependencia.

Que hacer si es cierto La verdad hay que encarar el problema y usar un mensaje claro de apoyo y ayuda incondicional para encararlo. Las palabras queremos ayudarte, adquieren un valor especial en ese momento.

Otro aspecto es la motivación del muchacho para enfrentar su problema y el tipo de gravedad que contiene, pensar en ayuda sicológica o en un tratamiento más profundo de desintoxicación.

En esta etapa se conciben n grupo de compromisos, marcados por el deseo de sostener el tratamiento y aguantar cada una de las fases tanto en el seno familiar como en la sociedad y en la institución que se elija para salir del uso. A veces solo la ayuda sicológica y una actitud vigilante de los padres ante posibles flaquezas, llevan a una termino satisfactorio, pero eso solo se da teniendo en cuenta la gravedad y alcances del problema.

Hurgando en el pasado el presente, la familia puede darse cuenta de su protagonismo o su aislamiento del problema de su hijo, se pueden ver las carencias de afecto, la incomunicación o desconocimiento de los contextos en que él se mueve.

La valoración de la persona, la redención de los valore y un vínculo muy fuerte que una tanto a padres como hijos, sirven para solidificar una personalidad estructurada ajena a tensiones, influencias y llena de su propio albedrío.

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