URGE REPLANTEAR ESTA GUERRA

URGE REPLANTEAR ESTA GUERRA

Por qué si las Fuerzas Armadas vienen recibiendo incrementos consistentes en su capacidad física de lucha, si sus servicios de inteligencia adquieren creciente eficiencia, si los instrumentos jurisdiccionales progresan en manos de la Fiscalía, la guerrilla cubre cada día mayores extensiones de la geografía nacional? La respuesta a estos interrogantes es simple: porque estamos librando una guerra equivocada, en la que el énfasis se sitúa en la confrontación bélica, olvidando que no son militares los términos en que se ha propuesto. La fuerza pública debe y puede cumplir la parte que le corresponde: batir la fuerza de combate enemiga. Lo que genera una nueva cuestión: por qué si lo viene haciendo con éxito, si la relación de bajas es nítidamente favorable, su adversario amplía sin cesar su radio de acción territorial?

18 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

La respuesta es similar: la guerra se contempla como simple choque militar, dejando de lado los demás ingredientes del conflicto. Mientras se persista en ver el problema a través de un prisma bélico obsesivo, la lucha asimétrica seguirá favoreciendo a la subversión en términos globales, así en los tácticos del combate la balanza se incline hacia las fuerzas legítimas.

La insurgencia se origina en una amplia gama de sub-problemas que configuran su principal aliento, así la expresión visible tenga carácter y apariencia militar. En Clepsidra anterior (noviembre 12/93) se señaló cómo los repetidos reveses en combate indujeron a la guerrilla a disminuir la intensidad de su acción armada para trasladarla al frente político. Y es allí donde está obteniendo ventaja, porque el Estado se la concede en forma por demás magnánima.

Cumplido el proceso inicial de amedrentamiento, el pequeño grupo armado que se hace presente en una zona rural no afectada por presencia de guerrilla, se dedica a movilizar la población civil contra el gobierno local. Vale decir contra el Estado, organismo compuesto por sus células municipales agregadas. La mayor parte del agro colombiano registra un grado más o menos alto de marginación: vial, educativa, médica, sanitaria, ambiental. Demostrarle al campesino su desdicha no requiere hablar de Marx ni de Lenin, ni hacerle extensas disquisiciones ideológicas. Es señalarle, sobre su propio drama irredento, la vía de la revolución violenta. Y hacerle entender, con el lenguaje de los fusiles, la suerte que lo espera si no la sigue.

La paradoja que así se delinea es aberrante. Ante la movilización forzada por la guerrilla, el Estado no moviliza a los campesinos afectados pues cree carecer de instrumentos jurídicos. Si organiza las comunidades para su propia seguridad, cae en la abominable, satánica comarca de la autodefensa , vituperada por la izquierda vociferante, por la derecha compasiva, por los defensores de los derechos humanos de los bandidos, indiferentes a los de los ciudadanos de bien.

Es tal el complejo de culpa que se ha instalado en las esferas oficiales por las conductas reprobables de unas cuantas autodefensas salidas de madre, que con una interpretación sui generis del monopolio de la fuerza, olvidan un clarísimo precepto de la propia Constitución: Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas . (Art. 216).

No será necesidad pública la defensa de una sociedad atropellada, herida, torturada e inerme? Y no se trata de una lucha de vida y muerte por defender las instituciones públicas, contra las cuales conspira, delinque y arremete la delincuencia organizada? Los atentados contra la infraestructura económica de la nación, el deterioro ambiental causado con las voladuras de oleoductos, los asaltos contra el transporte público, no exigen legislar sobre el punto constitucional de tomar las armas... para defender las instituciones...? El Ejército combate la expresión armada del conflicto: la guerrilla. Y lo ha hecho con éxito. Lo que no puede es librar solo la lucha en los campos político, social, económico y sicológico, sobre un territorio inabarcable con sus medios actuales y una población que mal puede participar, abandonada como se halla a su triste suerte y sometida por una guerrilla prepotente y brutal, sin que el Estado pueda o quiera movilizarla y equiparla para que participe en el esfuerzo nacional por la paz, el orden y la convivencia.

La guerrilla es a la población civil lo que el pez es al agua , sentenció Mao Tse-dong con sabiduría oriental. La contienda se decide en ese campo, voluble y sutil, del que se está apoderando la guerrilla porque al Estado le da miedo de que lo tilden de paramilitarista , si lo moviliza. Hasta cuándo?

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