UN MINISTRO, UN CONTRALOR, UN CONGRESO

UN MINISTRO, UN CONTRALOR, UN CONGRESO

Acostumbrados mal acostumbrados, perdón a que se ocultara la verdad, todavía hay quienes reclaman de los altos dignatarios tortuosas estrategias de silencio cómplice. No, señores. La tiniebla informativa que busca evitar el corte de cuentas solo conduce a insistir en prácticas que tienen a Colombia en el filo del precipicio.

24 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Superemos el pasado, dejemos atrás odios y rencores, pero no nos engañemos pretendiendo que nos pinten pajaritos de oro, cuando tenemos entre manos la tarea de reconstruir un país semidemolido. La esperanza, la ilusión, el espíritu de optimismo para recuperar a Colombia van de la mano de la fidelidad con la verdad.

Los pacientes que se curan no son aquellos a quienes les mienten sobre sus males. Los que se salvan son los que están bien diagnosticados y, por lo tanto, bien formulados. La enfermedad no desaparece al dejar de nombrarla. Se cura cuando se trata con los remedios correctos, por amargos que sean.

* * * El camino que escogió Juan Camilo debe llenar al país de tranquilidad y confianza.

Juan Camilo mantiene intacta su vocación presidencial. Pero ella he ahí lo bueno no depende de que reparta por cuotas los cargos del Ministerio ni de que amplíe los cupos en los fondos de cofinanciación. Depende, simplemente, del éxito de su gestión.

Muchos ministros se dan a la frenética tarea de amarrar congresistas a punta de nombramientos. Otros prefieren guardar silencio, no pisar callos. Juan Camilo ha decidido coger el toro por los cachos, responder directamente a la gente y medírsele a la titánica tarea que le han confiado.

* * * En todos estos episodios aparece un hombre bueno pagando los platos que otros rompieron. Y eso le pasa por noble, por cándido, quizás.

Se trata de Antonio Urdinola, economista respetado, recto y laborioso. Al buen Toño lo llamaron tarde y lo sentaron en la silla de un potro desbocado. Hoy, con el pecho al aire, ha decidido salir a comprar defensas que no le corresponden sólo a él.

No es sobre el buen Toño sobre quien debe recaer todo el peso de la indignación nacional por la corruptela, el derroche y el desgreño del tiempo de la gente. Que respondan, Toño, todos los que tienen que responder.

Sobre la elección del Contralor Que al Congreso no lo manda ningún Serpa, dijeron en el momento de elegir a Valencia Cossio como su presidente. Que al Congreso no lo manda ningún Valencia Cossio, dijeron luego al negarle su propuesta de devolver la terna.

Que al Congreso no lo manda ningún Valdivieso, dijeron al propinarle soberana paliza al doctor Buenahora. Que al Congreso no lo mandan ninguna María Isabel, ninguna Ingrid, ningún NTC, dijeron al elegir a Ossa por abrumadora mayoría. Que al Congreso no lo manda nadie es lo que nos han dicho una y otra vez. .

Lo más preocupante de la elección de Ossa no es un video que prueba, si acaso, que andaba de lagarto en un homenaje. Tampoco por ahora y aunque ello todavía requiera mayores explicaciones el concepto pagado sobre reintegro de divisas que rindió para empresas de Perafán.

Por lo demás, aprendidas las lecciones de su dosis personal, Ossa ha demostrado ser hombre capaz y estudioso de temas críticos. Que no sea de la cuerda pastranista es bueno para la independencia en el ejercicio de sus funciones, siempre que las ejecute con sano patriotismo. Lo que preocupa de verdad es que el Congreso en su elección haya obrado de manera desafiante y revanchista.

Votaron por Ossa para sacarse clavos, para dejar en claro que administran un poder casi soberano, que ya les saben a cacho los videos, la opinión, los gringos, los medios y los dedos acusadores.

Grave precedente. Por este camino, a la vuelta de unos meses, habrá millones de colombianos pidiendo a gritos una segunda revocatoria y, en reacción, habrá un Congreso cerrado a la banda respondiendo con ciega solidaridad de cuerpo a los estímulos de autodefensa de la clase política.

Es necesario, entonces, reconstruir puentes entre el país y el Congreso, de manera que la ciudadanía pueda entenderlo y respetarlo, y los congresistas, por su parte, vuelvan a merecer ese respeto y logren interpretar a cabalidad las necesidades de los colombianos.

Ojalá, doctor Ossa, no termine en la cárcel. Ojalá le vaya bien.

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