NOEMÍ SANÍN, UNA FEMINISTA TRADICIONAL

NOEMÍ SANÍN, UNA FEMINISTA TRADICIONAL

No hacía mucho se había acostado. Pero no podía dormir. En la otra cama del hotel estaba su hermana. La había acompañado al festival de teatro en Delfos. Esta escapada de Londres a Grecia había sido la disculpa para darse tiempo de pensar. Tenía que tomar una decisión.

17 de mayo 1998 , 12:00 a.m.

Estaba tan contenta en ese cargo! Tenía contacto permanente con gente importante, como Shimon Peres que la había buscado la última vez que estuvo en Inglaterra. Pero ante esas noticias... El tesorero de la campaña había confesado el recibo de dineros del narcotráfico. Los ministros de Defensa y del Interior, director y ex jefe del debate, se habían enredado tratando inútilmente de desprestigiarlo. No quería creer que Ernesto, su jefe, su compañero de universidad, estaba involucrado. Tenía que dar alguna explicación razonable. Pero esta no llegaba.

Los amigos le decían que pasara agachada. Cómo seguiría representando a un Presidente en el que no creía? No tenía otra salida. Se levantó de la cama y se sentó a poner sus ideas en papel. Despertó a su hermana y le dijo: Mañana volvemos en el primer vuelo y renuncio .

El Presidente hacía rato venía oyendo rumores de que ella se quería ir. No los había creído. Ella lo había acompañado a Washington, recién elegido. Lo había visto rechazar las acusaciones del Departamento de Estado de infiltración de dineros del narcotráfico en su campaña. Pero no tuvo tiempo de digerir la carta de renuncia, cuando ya la radio daba la noticia. Para él fue de lo más duro en todo el proceso , dijo un amigo que lo vio minutos después, todavía con la carta en la mano, repitiéndose a sí mismo: Cómo no me llamó antes? . Era mi amiga .

El país se le vino en contra, como un bumerán, a Noemí Sanín después de ese 25 de agosto en que hizo pública su decisión de renunciar a la embajada colombiana en Londres. Las encuestas mostraban al 60 por ciento de sus compatriotas calificando su decisión como un acto de oportunismo político. Como se quedó un mes más, después del anuncio, se especuló que estaba esperando completar el año para obtener prebendas. La verdad es que Sanín trabajó 11 meses en la embajada, del 17 de octubre del 94, al 21 de septiembre del 95 y no tuvo derecho a vacaciones, ni a viáticos. Desde ese día dejó de ganarse 11.297 dólares de ingresos mensuales.

Ella dice que esos rumores fueron orquestados por políticos que la veían como rival para la Presidencia. Tiene siempre la idea de que quien la critica lo hace por motivos personales , dice un detractor político.

Fuera el producto de celos políticos o de la cultura colombiana que castiga más la deslealtad personal que cualquier otra cosa, lo cierto es que Sanín vivió entonces el momento más solitario de su carrera política. Sobre todo para alguien acostumbrada a estar siempre en la cresta de la popularidad. El último día trabajé hasta la media noche -recuerda la ex embajadora-. Salí caminando y llovía. No sabía para qué lado quedaba el apartamentico que había alquilado. Era la decisión voluntaria más difícil de mi vida .

Esa situación le endureció la piel , dice un amigo. La volvió menos diplomática, más mandona, más afirmativa en sus posiciones y con metas más claras .

Pero eso no la amilanó. Con la tozudez que la define, se tomó su tiempo, se preparó y volvió al país en 1996 a convertirse en candidata. Si algo caracteriza a Noemí es que es luchadora , dice una hermana. Una amiga, más crítica, sostiene que es el sarampión del poder el que la empuja. En todo caso, la persistencia; la testaruda decisión de llegar a donde pone la mira, es una característica propia de Sanín. Hace lo que sea para lograrlo.

Bonita por voluntad Aprendió de su abuela que ser bonita era cuestión de voluntad. Su hermana Maristella, la mayor, que fue ministra primero que ella y senadora de la lista de Andrés Pastrana, era perfecta desde que nació. Su hermano Ramiro, bello y simpático. Noemí, en cambio, salió normalita , como ella dice. Más gordita, con una pierna más flaca, con los dientes torcidos. Pero ella se propuso ser bonita y lo consiguió. Como si supiera, desde niña, que iba a tener que salir por muchos años, en decenas de portadas de revistas y sonreírle a mil cámaras de televisión.

Esa belleza le ayudó a encantar a más de un canciller, cuando fue Ministra de Relaciones Exteriores del gobierno de César Gaviria en 1991. La más bella ministra de Asuntos Exteriores del Mundo , tituló la revista española Hola al final de su mandato.

El triunfo de Sanín, la primera mujer que se convertía en Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, paradójicamente se inició con una ruptura que resultaría crucial en su carrera política.

Los Sanín habían tenido una buena relación con los Pastrana. Tanto así que cuando Andrés Pastrana armó su lista de la Nueva Fuerza Democrática para el Senado, en 1991, invitó a Maristella Sanín a ser parte de ella, y en efecto, salió elegida. Quizás por eso mismo, Gaviria quería ofrecerle el ministerio a Noemí, como representante del movimiento de Pastrana. Según Sanín, Pastrana no la consideró como su representante y por eso Gaviria la nombró como conservadora independiente. Según Pastrana, la cosa fue distinta. El aceptó a Noemí, pero Gaviria cambió de opinión y decidió darle el ministerio de Desarrollo y nombrar a Noemí como independiente.

En todo caso, el asunto ofendió a Sanín y dañó sus relaciones con Pastrana. Más aún cuando, recién llegada de Caracas, éste, siendo senador le armó un duro debate cuestionando su gestión en el vecino país, con relación al problema fronterizo; preciso el tema que Sanín había logrado minimizar en su año de labores. La relación de los dos se agrió más cuando en 1994, Pastrana le ofreció que fuera su vicepresidenta, y ella no aceptó y en cambio, por insistencia de Gaviria, apoyó a Samper.

El carisma de Sanín de todos modos la llevó lejos al frente de la Cancillería. Armó un buen equipo, según afirma un conocedor del tema, y acompañó con eficiencia la tarea de Gaviria de diversificar la actuación de Colombia en los foros mundiales. Así consiguió para el país la presidencia del Grupo de los 77, la de los No Alineados y la Secretaría General de la OEA. También jugó un papel fundamental en impulsar iniciativas integradoras regionales como la del G-3, entre México, Colombia y Venezuela.

Su condición de mujer, su idiosincrasia de paisa y su lenguaje directo característico del sector privado, le han permitido sorprender, encantar y romper muchas barreras , afirmó un colega suyo a Semana.

Si de puertas para afuera la gestión de Sanín fue excepcional, hacia adentro había descontento. Algunos empleados consideraban que era demasiado autoritaria. Así por ejemplo despidió fulminantemente a un funcionario porque creyó que le había dado información a un parlamentario, que luego le hizo un debate. Sus compañeros afirman que Sanín despidió a quien no era y además que cualquiera tenía la obligación de brindar esa información porque era pública.

Otros celebraron sus parrandas vallenatas de los jueves, pero criticaban su enorme séquito de asesores. Y la crítica mayor fue al hecho de que por un lado, hubiese expedido el decreto-ley 10 de 1992 para fortalecer la carrera diplomática y despolitizar los nombramientos, y por el otro, hubiera sido la primera en no aplicarlo , según dijo un ex funcionario. Como lo documentó este diario en su momento, en los últimos 6 meses de su gestión, Sanín nombró 57 personas en cargos administrativos, sólo 7 de carrera, y 68 diplomáticos, apenas 12 de carrera. No era ilegal, pero era contradictorio con su misma iniciativa.

Con todo, Sanín sale airosa de la Cancillería. Su popularidad asciende en algunas encuestas al 80%. Inclusive después de su polémico periplo por el Caribe, cargado de promesas para los jefes de Estado de muchas islas, en el que consiguió los suficientes votos para que Gaviria saliera elegido secretario de OEA. Ella lo defendió como un triunfo para Colombia. Otros lo vieron como el agradecimiento de una empleada leal que había recibido todos los honores de ese gobierno.

Y otra vez, esa capacidad de ganarse a los medios, de evitar con cautela que publicaran una frase fuera de lugar o una equivocación, fue en parte lo que le permitió en la Cancillería, y a lo largo de su carrera, casi sin excepciones, mantener su imagen favorable ante la opinión. Recuerdo una vez que Sanín dio una rueda de prensa en que no le fue muy bien porque le preguntamos cosas diferentes a las que había preparado y era muy insegura improvisando , dice un periodista. Al final, cuando ya nos íbamos, nos pidió el favor de que la volviéramos a hacer. Todos accedimos .

En la silla de Marx Sanín sabía que no podía aspirar a la Presidencia con inseguridad. Quizás por eso, después de renunciar a la embajada en Londres, se quedó a estudiar en Gran Bretaña con su única hija María Jimena, a quien había tenido 23 años antes.

Le interesaba, sobre todo, dominar el inglés y profundizar en sus conocimientos de macroeconomía. Además, sus críticos no le habían perdonado que hubiera aceptado la Embajada en Londres, sin hablar el idioma. No está bien irse a prender inglés por cuenta de los contribuyentes , dijo uno de ellos. Siguió estudiando esta vez por cuenta de la venta de una parte de una casa que tenía en la isla de Barú.

Llevaba una vida sencilla. Se medía en los gastos, como cualquier cristiano. Pero eso para ella, que desde los 30 años ocupaba presidencias de corporaciones, ministerios y embajadas, era una novedad. Supe que uno podía vivir con casi nada, y se me fueron los miedos que tenía de cuando era niña, de no ser capaz de producir lo suficiente para vivir , dice Sanín. Iba todas las tardes religiosamente a la Biblioteca Británica. Muchas veces se sentó en la silla que le sacó forúnculos a Carlos Marx. Estaba fascinada con su vida de estudiante. No la había tenido nunca. Porque cuando fue universitaria hacía 30 años, no tuvo tanta libertad, y, estuvo muy lejos de acercársele siquiera a Marx.

Entró a la Universidad Javeriana en 1967, y como 11 de sus 14 hermanos estudió derecho. Era buena estudiante, sin ser la pilera -recuerda una compañera--era ágil mentalmente, y muy buena con la palabra . Sus mejores amigas eran Beatriz Escobar, hija de un congresista de Córdoba, y Beatriz Naranjo, hija del dueño del almacén de medias Dalia, donde ella había trabajado en vacaciones cuando todavía estaba en bachillerato.

Era alegre, positiva e inquieta , recuerda su compañero Juan Manuel Turbay, quién años después se volvió samperista. Desde entonces, el padre Gabriel Giraldo vio que Sanín iba a llegar lejos, según le dijo a Semana. Hoy Sanín -quizá para enfatizar su papel de alternativa electoral de los partidos tradicionales- sostiene que era rebelde y contestataria, en la universidad. El alma mía era de guerrillera; el sueño mío era parecido al de ellos, pero me casé y por eso yo no seguí esos pasos , dice.

No obstante, varios de sus compañeros sostienen que no era muy política. Era conservadora, siendo progresista -dice uno de ellos- pero nunca se metió en los líos que nos metimos muchos por exigir mayor participación universitaria, matrícula condicional o expulsión, como le sucedió a Carlos Pizarro .

Otra joven activista de la época que fue parte del grupo El Ocaso, un espacio de crítica social que reunía a estudiantes de sociología, de derecho y a jesuitas jóvenes, dice que jamás vio a Sanín metida en estos movimientos. Su recuerdo era más bien de una paisa descomplicada y amable, que debía trabajar en algo del gobierno porque llegaba en carro oficial a la universidad .

En efecto, Sanín trabajó durante toda la carrera y ayudó a pagársela; en el Ministerio de Gobierno en Acción Comunal, en Asuntos Indígenas y, luego en las prisiones. Además se casó muy joven con Diego Durán Cabal y a los 11 meses de matrimonio tuvo a su hija. No es probable que le haya quedado tiempo para la rebelión porque Sanín se pasó sus años universitarios estudiando, criando y trabajando.

Me levantaba a las 5 de la mañana - afirma- y le cambié el horario a mi hija para que durmiera de día, cuando yo no estaba, y despertara a la noche cuando volvía a casa . Una carga pesada, para la cual Sanín había tenido entrenamiento suficiente en su casa.

Feminista y conservadora Desde que eran novios Jaime Sanín Echeverry y Noemí Posada se carteaban planeando los 15 hijos que iba a tener. No se equivocaron. Noemí fue la tercera, y por estar entre las mayores, le tocó entrenarse de mamá a la fuerza. Ella cortaba el pelo de las menores, organizaba obras de teatro, los hacía cantar y, sobre todo, recuerdan varios de sus hermanos, los hacía reír a carcajadas porque era muy graciosa. Cuando se mudaron a Bogotá, su madre acaba de tener a Guiomar, la número 14, y tres estaban operados de amígdalas, así que Noemí se fue para Bogotá a montar casa y a lidiar a los otros 9 niños por unos meses mientras la madre llegaba.

Cuando uno hace parte de una familia tan numerosa, uno está en la sociedad desde siempre , dijo Sanín años después a Cromos.

En su mesa aprendió a discutir y a ganar con argumentos. Noemí era de las mejores para noquearnos en el cuadrilátero de las ideas , recuerda un hermano. En Medellín decían que éramos 15 hijos únicos , dice una hermana. Eramos necios y a ninguno había que arrear .

De su mamá, una maestra escolar que nunca ejerció, aprendieron las Sanín a que las mujeres no eran para oficios domésticos. Una vez su padre les trajo escobitas de regalo y doña Noemí las quebró de un golpe: Si les enseño a mis hijas a hacer oficio, yo con este mundo de hijos, se me quedan sin estudiar , sentenció. No es casual que las ocho mujeres sean profesionales.

Por el lado del padre, con quien Noemí tenía una especie de amor edípico, la formación fue más tradicional. Conservador de partido y de alma, Sanín Echeverry no era un hombre adinerado, pero ocupaba un lugar prestigioso en la sociedad antioqueña por tradición y por su prolífica actividad intelectual. Fue empleado oficial, autor de varios libros, rector de las universidades de Antioquia y Pedagógica y cónsul en Génova (donde vivió Noemí de dos o tres años). Es un católico ferviente, de ideas rígidas , afirma una amiga de la familia.

Otras ideas conservadoras también formaron a Noemí en los colegios de monjas por donde pasó. Tenían una noción del demonio, de los remordimientos, del pecado tan sumamente estrecha que recuerdo que pensaba que mi mamá se iba a ir al infierno cada vez que decía una palabra fea , recuerda Sanín.

En el colegio de María Auxiliadora de Medellín no revelan las monjas las notas de su ex alumna, pero una compañera afirma que Sanín no perdió ninguna materia mientras estuvo allí hasta los 14 años; que era enérgica y emprendedora. Organizaba bazares y semanas culturales. Después se fue al colegio de La Enseñanza de Bogotá, también de monjas, de donde se graduó.

Noemí le tenía especial cariño a las empleadas del servicio. Sobre todo a una que se llamaba María Correa y duraba horas conversando con ella en la cocina. A veces se iba a quedar a su casa en los barrios pobres de Medellín. Amigos y hermanos coinciden en que desde muy niña, Noemí tenía una especial sensibilidad hacia la gente pobre. Más tarde, siempre ha sido una protectora de sus empleados.

Finanzas con corazón Paradójicamente, cuando Sanín llegó al frío mundo de las finanzas, fue cuando puso en práctica esa sensibilidad social de su infancia. Ella se había graduado de abogada en 1973. Después de un corto paso en la oficina jurídica de Davivienda, de una temporada de recién casada en el ingenio Pichichí del Valle del Cauca, y una especialización en derecho financiero en España, Sanín ingresó a la corporación de ahorro y vivienda Colmena. Esta entidad de los jesuitas fue concebida para generar recursos destinados a obras sociales.

Su primer presidente, Mario Alberto Rubio, conoció a Noemí en una reunión a la que ella había ido con su jefe Luis Guillermo Soto, presidente de Davivienda. Más tarde la llamó para que fuera su vicepresidenta de crédito en Colmena.

Sanín, después pasó a otras dos vicepresidencias.. Noemí era dedicada al trabajo y hacía bien las cosas , recuerda Rubio.

Pero las relaciones con su empleada se volvieron tirantes. Rubio se había enamorado de ella y para no demostrarlo y no entorpecer el funcionamiento de la entidad lo disimuló siendo más exigente. Finalmente, tanto él como ella renunciaron a sus cargos. Rubio, cansado por la rutina de ser empleado, lo hizo en forma irrevocable. A ella, la junta directiva la nombró presidenta de la entidad. (Más adelante, Rubio y Noemí se casaron, y han seguido juntos hasta hoy, pero él es completamente ajeno a su actividad política) Era delito nombrar a una mujer en ese momento -recuerda Ignacio de Guzmán, directivo fundador de Colmena -pero ella tenía la mística, el carisma y la capacidad organizativa . Era 1980. Sanín no cumplía aún los 31 años y se había convertido en la primera mujer en ocupar un cargo tan alto en el sector financiero. Como afirmó un analista en la época, le abrió esa puerta a muchas mujeres que vinieron detrás de ella .

Desde la presidencia llevó a la práctica esa voluntad de atender las necesidades de los más pobres, expandiendo la red de oficinas de 36 sucursales a 63 en barrios populares.. Así mismo, permitió que personas de bajos ingresos tuvieran acceso al sistema financiero. Esto generó una explosión de cuentas de 148.000 en 1980 a 420.000 a finales de 1983, según explica la misma Sanín.

Como presidenta, luego metió a Colmena a participar en forma audaz ,en el programa de créditos de vivienda sin cuota inicial de Belisario Betancur, que ella había colaborado en diseñar durante la campaña. Con esa política estaba cumpliendo el objetivo de la empresa de generar beneficios sociales , recuerda un quien fue más tarde un directivo de la entidad. No obstante, los deudores de algunas regiones del país no cumplieron sus obligaciones y esto le produjo a la corporación una creciente cartera vencida, lo que finalmente afectó los resultados de la entidad . En efecto, la cartera de dudoso recaudo de Colmena pasó de 158 millones en 1982, a 530 millones en 1984, cuando salió Noemí.

El impulso que de todos modos Sanín le dio al programa central de Betancur, de la casa sin cuota inicial desde Colmena, le abrió las puertas para ocupar un ministerio en ese gobierno.

Buena letra Belisario le ofreció una consejería y cuatro ministros, sus viceministerios; pero Sanín sólo aceptó ministerio: el de comunicaciones.

En sus tres años de ministra, Sanín se destacó por un manejo maestro de su imagen. Su belleza y carisma eran impactantes , dice una funcionaria que trabajó con ella. Un colega de gabinete señala además que desde el momento mismo en que el presidente Betancur reemplazó a Bernardo Ramírez, su ministro estrella, por Sanín era porque quería darle mucho juego para que se luciera. Y así fue.

No obstante, su visión de lo que debía ser la libertad de prensa era estrecha. Cuatro de sus subalternos recuerdan su permanente atención a que no se difundieran noticias que ella consideraba peligrosas para la situación de orden público. A uno no se le olvida cuando el M-19 se tomó Florencia y la radio se enlazó nacionalmente para difundir el hecho en directo: Sanín movió cielo y tierra para frenar esa transmisión, pero no pudo .

También ejerció control político. Por eso, bajo su mando, fueron frecuentes resoluciones como la 5230 de 1984, por la cual se sancionó con ocho días de suspensión al Reportero Caracol del Magdalena porque puso al aire las furiosas declaraciones de Miguel Pinedo Vidal contra el gobernador del departamento. Contrasta este ejemplo, con el del caso del programa que preparó la campaña de Alvaro Gómez Hurtado en el que denunciaba supuestas irregularidades en la concesión petrolera que le otorgó el Estado a la familia de su contendor electoral, Virgilio Barco. Sanín autorizó la salida al aire de ese programa. Al final, el impacto del informe fue adverso para Gómez. Pero Barco, según dicen sus amigos, nunca se lo perdonó a Sanín. Por eso, durante su cuatrienio, no le ofreció ningún cargo.

El exceso de celo en la vigilancia del orden establecido de la Noemí Sanín de entonces, quedó patente en sus comentarios en el consejo de ministros que se realizó mientras ardía en llamas el Palacio de Justicia. No debemos tener dudas respecto a las decisiones que se tomaron , dijo. Nos ha impresionado mucho la muerte del presidente de la Corte Suprema, pero debemos recordar que cuando lo escuchamos no era una persona libre .

Menos firmeza demostró ante los intereses privados en el sector de comunicaciones. Así por ejemplo -explica un funcionario de la administración que precedió a Sanín- estábamos revisando el contrato de Avianca con Adpostal para que fuera más equitativo y menos deficitario para la empresa estatal. No obstante, apenas se posesionó Sanín lo renovó tal cual por otros diez años .

Un crítico sostiene que con la Ley 42 de Televisión de Sanín, bajaron las exigencias de producción nacional y de cumplimiento de franjas infantiles y culturales que había impuesto la administración Ramírez, y con esto sacrificó el objetivo pedagógico de la televisión, en aras de reducirle los costos a los empresarios . Un programador, sin embargo, defendió lo actuado por Sanín porque la programación anterior iba a ser un ladrillo que nadie iba a ver .

De otra parte, esa ley 42 habilitó al ministerio para implantar en el país la televisión por suscripción y a celebrar contratos con particulares para la prestación de ese servicio. Después de firmada la ley, Sanín adjudicó directamente el TV Cable, según las recomendaciones de un consejo asesor. Pero después, la Corte Suprema declaró inconstitucional el artículo 51 de la Ley 42 que otorgaba al ministerio la facultad de contratar este servicio. Los contratos, por tratarse de derechos adquiridos, quedaron en pie.

Sanín reivindica su ley 42 como un avance en una televisión libre y pluralista, independiente del poder político y con la sociedad civil como máximo rector . Así mismo sostiene que modernizó y fortaleció la Cadena 3 y triplicó las inversiones en telefonía y comunicaciones. También ha incluido entre sus logros la incorporación al país de la transmisión de datos. Conocedores del tema, no obstante, afirman que este último es en realidad mérito de Ramírez, que con su decreto 148 de 1984, normatizó la transmisión de información codificada, en un esfuerzo pionero en América Latina .

La adjudicación de una red privada de comunicaciones en Cali a Miguel Rodríguez Orejuela en las postrimerías del mandato de Sanín pone en entredicho su honestidad. Sin embargo, varias fuentes del ministerio aseguran que esto fue un gol que le metieron, y su error fue más de omisión e inexperiencia. Sanín, además, asegura que si el solicitante cumplía los requisitos de ley y había frecuencias disponibles, el ministro tenía que adjudicar.

En donde más brilló Sanín durante su ministerio, fue en el Congreso. Allí defendió con lujo sus proyectos de Ley y la gestión de Betancur. Allí fue donde dejó impresionado a César Gaviria, por entonces representante a la Cámara. Apenas pudo, se la llevó para su gobierno.

El arma secreta Caída en desgracia con el gobierno Barco, Sanín salió del ministerio a montar su oficina como abogada y asesora independiente. En 1988, Luis Carlos Sarmiento, quien había adquirido recientemente el control de la Corporación Financiera Colombiana, se la llevó de presidenta. No era un reto fácil, pues la corporación estaba en serios aprietos, pero Sanín lo enfrentó con éxito.

Cuando llegué la corporación tenía una cultura muy parecida a la de este país , afirma Sanín. La gente estaba pesimista, no daba utilidades no crecía. Yo proponía algo y me decían: Eso ya lo hicimos y no funcionó . Así que un día les dije que lo que les faltaba era intentarlo conmigo y generé el entusiasmo para sacarla al otro lado .

Esa es una cualidad que le reconocen muchos a Sanín: su capacidad para generar mística. Sabe sacarle a uno lo mejor que uno tiene , dice una hermana que también ha trabajado con ella.

Mostró gran capacidad de buena administradora y excelentes relaciones con la gente con la que trabajaba , recuerda Rodrigo Llorente, directivo de la CFC. Además coincide en que Sanín contribuyó a enfrentar la crisis de la entidad y las operaciones que hizo la llevaron a mejorar notablemente su desempeño.

Pero, como se lo dijo su esposo Mario Rubio, su verdadera pasión era la política. Así que cuando Gaviria le ofreció el cargo de embajadora en Venezuela y ella dudó, Rubio la impulsó a tomarlo. Y fue una revelación. Varias personas consultadas para este reportaje coincidieron en que Gaviria descubrió el verdadero talento de Sanín con este nombramiento: las relaciones internacionales.

Al finalizar el gobierno Barco, las relaciones con Venezuela eran ásperas. Los incidentes fronterizos habían copado la agenda bilateral. Tal vez por eso, los venezolanos recibieron con desconfianza a esta mujer bella y sonriente. Un columnista la calificó del arma secreta de Colombia. Pero rápidamente se conquistó a la plana mayor venezolana. En cualquier recepción en la embajada estaba Arturo Uslar Pietri, el ex presidente Caldera o Gustavo Cisneros , sostiene un funcionario diplomático de la época. Un ex ministro venezolano recuerda que su relación con la dirigencia venezolana fue impecable .

Pero la estrategia no eran sólo cocteles. Logró desplazar el tema del diferendo territorial a un segundo plano. La prioridad fue la integración comercial y cultural.

La embajada se volvió casa de negocios , recuerda Miguel Ricaurte, mano derecha de Sanín en la época. Cita como ejemplos, a los empresarios venezolanos que llevó la embajada al Valle y que terminó en acuerdos efectivos de exportación de azúcar colombiana al vecino país por unos US$30 millones y los 16 empresarios del Huila que coparon su capacidad productora de ataúdes con sus exportaciones a Venezuela.

Martha Lucía Ramírez, por entonces directora de Incomex destaca la eficiencia de la embajada en apoyar el proceso integrador que impulsaba Gaviria. Por esa época, petroquímicas y siderúrgicas colombianas estaban preocupadas por el daño que les podría hacer una integración con Venezuela. Hubo una reunión clave y en menos de una semana, Noemí nos consiguió toda la información de las empresas venezolanas y su posible impacto real sobre nuestra economía, si nos integrábamos , dice Ramírez, hoy mano derecha de Sanín en la campaña.

Como embajadora fue anfitriona de los diálogos de paz entre el gobierno de Gaviria y las guerrillas en Caracas. Aunque no tuvo participación en la negociación en sí, actores de los diálogos recuerdan que realizó una encomiable labor de buena voluntad, no formal, para acercar al gobierno y a la guerrilla . Además, dice Humberto Vergara, ex asesor oficial de paz, el buen ambiente que había creado entre Bogotá y Caracas bajó las resistencias de los venezolanos a que se hicieran los diálogos en su territorio.

Los guerrilleros también debieron apreciar su papel. En una reciente entrevista, Alfonso Cano de la Farc despotricó contra todos los candidatos presidenciales, pero de Sanín dijo que era muy querida .

Al final, cuando Gaviria premió la gestión de Sanín con el ofrecimiento de la Cancillería, se publicó la famosa caricatura de Zapata que decía: lo más inamistoso que nos han hecho los colombianos es quitarnos a Noemí .

La tercería Para quienes la conocen más, Sanín sólo ha estado tan inspirada como en la Embajada en Venezuela, ahora en su campaña para la Presidencia. La experiencia combinada en el sector público y privado; el golpe contrariante luego de su renuncia a Londres; los meses de reflexión y estudio; pero más que todo, el hecho mismo de estar en competencia y en desventaja, le han sacado una energía desbordante. Noemí se crece ante las dificultades , dijo una amiga que la conoce bien.

Por primera vez se lanza a conseguir votos de esa opinión que hasta ahora sólo la había favorecido en encuestas. Y en la arena política el triunfo es a otro precio. El permanente fogueo no deja tiempo para controlar los detalles. En la controversia surgen los dardos, y es necesario endurecer la piel para aguantarlos sin susceptibilidades.. Detractores y amigos coinciden que es en este sentido en que la Sanín candidata parece haber crecido de sus tiempos más recatados, donde le pesaba más la formación de su infancia.

Noemí es una versión racional y muy zanahoria del establecimiento , dijo en radio, Antanas Mockus, su compañero de fórmula, respondiendo a la pregunta de por qué se había unido a ella para formar la tercería, si había sido una consentidora y consentida de los poderes tradicionales.

Ahora habrá que ver, si el carisma y el tesón de siempre, sumado a la cancha que le ha dado la misma plaza pública, le alcanzan a Noemí para hacer la proeza, hasta ahora jamás vista en Colombia: saltar de cero votos a la Presidencia.

(Con la reportería de Claudia Bedoya, en Medellín, y de Juan José Ramírez, César Sabogal).

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