UNA HISTORIA CAPRICHOSA

UNA HISTORIA CAPRICHOSA

El juego, según David Fincher, plantea gratuitamente una pesadilla real de imprevistos y situaciones embarazosas a partir del insólito regalo de cumpleaños que un hermano desadaptado le brinda al millonario neurótico y engreído que solo tiene tiempo para sus transacciones financieras. El objetivo de tales inocentadas no le queda muy claro al espectador: una broma de mal gusto, la venganza familiar que se desprende del suicidio paterno, una invitación para cambiar la mentalidad y adoptar otro estilo de vida, o quizás la proyección de los deseos reprimidos del atribulado beneficiario.

23 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Las carreras de observación en la ciudad de Los Angeles conforman una serie de pistas y percances ficticios que siguen cautelosamente las instrucciones del coprotagonista; en efecto, el rico Van Orton sufre toda clase de tropiezos cotidianos que desbordan su delirio de persecución, gracias a la desconcertante invitación que recibe del más pobre de los Van Orton, quien todavía no ha logrado superar sus crisis de identidad. Sabes que vas a salir, pero no qué te va a pasar en el camino y en qué condiciones vas a regresar a casa! Del mismo director del sobrevalorado Seven un thriller o encuesta criminal en torno a los atroces asesinatos que calcan la estructura de los siete pecados capitales, esta vez estamos frente a una ficción en todo el sentido de la palabra, cuyas características misteriosas poseen signos ciertamente apabullantes. Son las películas no profesionales de una prestante familia cuyo padre se lanza al vacío desde el techo de su propia residencia; los versículos de San Juan que hablan de los verdaderos ciegos que nunca miran hacia su interior; o... el arlequín que se remonta a una infancia de naturaleza traumática.

Pero las dudas acerca de la funcionalidad del guión escrito por John Brancato y Michael Ferris surgen al elaborar los perfiles protagónicos. Que un acaudalado ejecutivo, con una fortuna estimada en 600 millones de dólares, sea sicótico y perfeccionista hasta el punto de sacrificar sus ratos libres y hacer de la televisión su única compañía, resulta tan difícil de creer como la semblanza del excéntrico y descomplicado hermano, que asume la fábula por su cuenta y riesgo para proporcionarle al ser todopoderoso una lección bíblica cuya lectura resulta demasiado imprecisa en las circunstancias norteamericanas actuales.

Michael Douglas el vulnerable Caín y Sean Penn el sobreactuado Abel, o viceversa, realizan en términos lúdicos el cara a cara del rompecabezas que conlleva dos contendores y dos posiciones frente a la vida. Al seguir la línea de los hechos imprevisibles desatados por otra cinta del mismo Douglas Un día de furia, ahora se trata de recrear los sucesos inesperados de quien se pasea por la calle sin saber que se le ha montado una verdadera maquinaria de actores y situaciones capaces de sacar de quicio al más tolerante. Qué decir de quien por tres veces consecutivas le mancha la camisa a un tipo elegante?

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