BOCELLI, EL SUCESOR DE PAVAROTTI

BOCELLI, EL SUCESOR DE PAVAROTTI

Durante los últimos años, los grandes cantantes líricos del mundo han dedicado gran parte de su esfuerzo a llegar a las grandes masas, con el fin de desterrar ese carácter elitista que siempre ha envuelto su arte.

14 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Plácido Domingo ha grabado discos de tangos, canciones mexicanas y obras de Broadway, sin contar el extremo al que llegó cuando grabó una canción con Julio Iglesias; José Carreras tiene varios discos de música popular; y Pavarotti ha compartido escenario con los cantantes de rock más famosos del mundo.

Hasta Monserrat Caballé (para no dejar por fuera a las mujeres) alcanzó a hacer pareja con el fallecido Fredy Mercury, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Sin embargo, aparte de interpretar géneros que parecen ajenos a su repertorio, los grandes de la lírica parecen no haber logrado despertar el interés de las masas hacia su especialidad: la ópera.

Por eso, los ojos del mundo entero están volcados hoy sobre la única figura que parece tener una posibilidad de lograr que la balada, la ópera y los ritmos populares compartan un mismo escenario y satisfagan por igual a todas las audiencias.

Quizás las presentaciones sobran, pues el nombre de Andrea Bocelli le ha dado la vuelta al mundo y se ha hecho merecedor del aplauso del público en todos los escenarios que ha pisado.

Tal vez esto se deba a que el proceso de su carrera se desarrolló al contrario del de los grandes tenores: su fama llegó primero como cantante popular y fue después de ello que hizo públicas sus dotes en el mundo de la lírica.

Se trata de un caso similar al del mexicano Fernando de la Mora, que encontró en la música ranchera su plataforma de lanzamiento, y que hoy día triunfa en los principales teatros de ópera en el mundo.

Corazón que sí siente Natural de Toscana, una región del centro de Italia, Bocelli nació con deficiencias visuales que se convirtieron en ceguera total a la edad de 12 años, luego de sufrir un accidente jugando fútbol.

Esto no fue impedimento para que se graduara como doctor en leyes en la Universidad de Pisa. Sin embargo, un año de ejercicio de la profesión fue suficiente para darse cuenta de que su verdadera pasión era el canto: Mi madre me cuenta que la primera vez que escuché música dejé de llorar inmediatamente , afirma Bocelli.

Cuando tenía ocho años, fue al teatro Verdi de Pisa, donde escuchó su primera ópera: Andrea Chenier. A pesar de la gran impresión que le causó el espectáculo, no fue sino hasta la edad de 30 años que comenzó a estudiar canto en serio.

Su primer maestro fue Luciano Bettarni, quien había trabajado con figuras de la talla de Beniamino Gigli, Mario del Mónaco y Franco Corelli.

Con este último, precisamente, Bocelli recibió una clase magistral en Turín: Cuando terminé de cantar (el aria Che gelida manina , de La Bohemia) hubo un largo silencio. El estaba parado muy cerca de mí, puso sus manos en mis hombros y me dijo muy bien .

Desde entonces y hasta hoy, la carrera de Andrea Bocelli ha sido una colección de triunfos. Pero quizás el más significativo de ellos fue el que se cita como la circunstancia que lo lanzó a la fama.

Fue por allá en 1992, cuando Zucchero Fornaciari le pidió que participara en la creación de Miserere , una pieza musical que a la postre fue lanzada al mercado en la voz de Luciano Pavarotti.

Sin embargo, cuando el famoso tenor escuchó una grabación de la obra, exaltó las cualidades de la voz que la interpretaba, que no era otra sino la del mismo Bocelli.

Desde entonces, la crítica lo ha promovido como el sucesor de Pavarotti (quizás de forma un poco exagerada), algo que el mundo comercial aprovechó para hacer de él un ídolo.

El más vendido En el mercado colombiano, Bocelli se lanzó al estrellato el año pasado gracias a su disco Romanza, al que luego se han venido sumando Viaggio Italiano y Aria, un álbum de ópera.

Su obra, sin embargo, también está registrada en Pavarotti y amigos 2 (1995), Time to say goodbye (una grabación de 1997, junto a Sarah Brightman) e Himno para el mundo, en el que el tenor comparte honores con la mezzosoprano Cecilia Bartoli.

Además, Bocelli tiene un video grabado durante un concierto llevado a cabo en su tierra natal, llamado Una noche en Toscana.

Lo más sorprendente es que el álbum de arias de ópera superó el límite del millón de copias en solamente tres semanas, lo que convirtió a Bocelli en el artista clásico más vendido de 1998.

Viaggio Italiano, un compendio de arias de ópera y canciones napolitanas, vendió 300 mil copias en unos pocos meses, mientras que la canción Con te partiro del álbum Romanza estuvo en los primeros lugares de las listas en Alemania, Francia y Bélgica por periodos de hasta 14 semanas. Romanza obtuvo doble disco de platino en el mercado italiano.

Con todo y con todos El 22 de septiembre de este año, Andrea Bocelli celebrará su cumpleaños número 40, seguramente en compañía de su esposa, Enrica, y de sus hijos, Amos y Matteo.

Y será una celebración en grande, pues también los acompañarán, en cuerpo presente o en la distancia, las grandes figuras de la música con quienes Andrea Bocelli ha tenido la oportunidad de cantar: Marta Sánchez, Al Jarreau, Bryan Ferry, Roger Hodgson, John Miles y el mismo Pavarotti.

Todos ellos brindarán alrededor de la figura que ha logrado conjugar en uno solo dos mundos que siempre han girado en sentidos contrarios: el de la lírica y el de la música popular.

Quién sabe si Bocelli realmente llegue a ser el sucesor de Pavarotti. Tiene el material y tiene el carisma. Y tiene esa sensibilidad que los poco entendidos del arte juran que no poseen los ojos que no ven...

Será o no será? Escuchar a Andrea Bocelli cantando música popular es todo un deleite para el oído, quizás por el tinte lírico que invade sus interpretaciones.

Ese, sin embargo, es su punto débil a la hora de cantar ópera, pues es entonces cuando la parte popular le juega malas pasadas al bel canto.

Quizás la crítica ha sido demasiado benévola con Bocelli en cuanto a su faceta lírica se refiere. El material existe, su extremada facilidad para atacar las notas agudas no se discute y sus cualidades interpretativas son un complemento ideal. Pero un aria de ópera en su voz no permite olvidar al cantante de baladas.

A diferencia de los cantantes líricos, que cuidan con esmero su técnica a la hora de atreverse en el mundo popular, Bocelli parece ser un dos en uno que no ha decidido por qué camino seguir y que no ha logrado conciliar los dos mundos, al menos en cuanto a la parte técnica se refiere.

Sucede diferente con Fernando de la Mora (que próximamente visitará el país para participar en la temporada de ópera), solo por dar un ejemplo, quien cuando canta rancheras no hace olvidar al público que es un cantante lírico, y cuando canta ópera no deja que su interpretación sea influenciada por las propiedades de la música mexicana. Quizás por eso es mejor oírlo cantar ópera.

En fin, para discutir las cualidades de Bocelli habría que partirlo en dos y referirse por separado a cada una de sus facetas, una muy buena, la otra no tanto.

La única calificación perfecta la obtendría en el mundo comercial, en el que las cifras no mienten y su éxito es rotundo.

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