DÍA INTERNACIONAL ANTITECNOLOGÍA

DÍA INTERNACIONAL ANTITECNOLOGÍA

Hoy quiero proponerles una nueva fiesta internacional. No creo que llegue a ser tan divertida como la Navidad, ni tan importante como el día de la madre, pero estoy seguro de que se hará un lugar entre los habitantes del planeta.

24 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Quiero proponer el Día Internacional de la no Tecnología. En lugar de escribirle un mensaje de correo electrónico a un amigo, envíele una carta convencional o vaya a visitarlo. Cuadre su tarjeta de crédito a mano, no con calculadora. Deje el teléfono celular en casa.

Les sugiero que empecemos ya mismo. Hagamos del día de hoy el punto de partida para esta celebración mundial.

Esta es mi apuesta: en lugar de sentir que su día es más complicado, tendrá más tiempo libre para compartir con la gente.

Conozco de computadores y sé que su misión es facilitarnos la vida. Pero si la tecnología continúa en su empeño de hacer nuestras vidas fáciles, voy a renunciar a mi trabajo para dedicarme a la vida militar, en las montañas.

En algún lugar, a lo largo de la línea de mi vida, abandoné esa creencia inocente acerca de que la alta tecnología me convierte en un ser más productivo y me ofrece más tiempo libre para disfrutar.

Supongo que ustedes pensarán que haría un mejor papel escribiendo sobre los beneficios de la tecnología.

El hecho es que, debido a mi trabajo como redactor de temas sobre informática, tengo en casa más artefactos electrónicos que un submarino nuclear. Y cuando me siento en mi escritorio, en la oficina, tengo al frente dos computadores: un Macintosh G3 con lo último en tecnología de Apple, y un Pentium II. Están uno junto al otro, como un par de amigos que comparten los sucesos de su jornada.

En el trabajo, permanezco conectado a Internet a través de una línea T1 que me ofrece altas velocidades de transmisión. En casa también cuento con un buen sistema de comunicaciones.

Tengo programas de computador que me ayudan a cocinar, ordenar mis finanzas, seleccionar un vino, planear una fiesta de matrimonio, demandar a un acreedor, comprar una casa, construir un apartamento, aprender a pintar al óleo, entender por qué soy tan neurótico, leerme el horóscopo, encontrar una nueva profesión, crear mi árbol genealógico, construir un cajón y aprender a jugar bridge.

Tengo una máquina lavaplatos con más poder de cómputo que el Univac original. Mi carro tiene un computador, al igual que la bicicleta estática que utilizo para hacer ejercicio... Mi gato se entretiene con juguetes computarizados.

Cuando un nuevo aparato o programa llega al mercado, es común que el fabricante me envíe un modelo o una copia de evaluación. Gasto más en pilas que cualquier persona promedio.

Pero, con todo este poder de cómputo, casi no me queda tiempo. De hecho, pareciera como si todos esos aparatos se confabularan para impedirme tener tiempo para mí mismo.

Esta mañana, gasté más de una hora tratando de que mi nuevo programa para correo electrónico en la oficina funcionara. La semana pasada, tuve que reemplazar un módulo computarizado de mi carro, lo que me significó una larga estancia en el taller de reparaciones.

Utilizamos un sistema telefónico tan complicado, que cada empleado de la compañía ha tenido que tomar un curso de entrenamiento para aprender a usarlo. He visto adultos que tiemblan ante la perspectiva de tener que usar la fotocopiadora de la oficina.

Si los genios del departamento de sistemas actualizan una vez más el programa de procesamiento de textos, estoy casi absolutamente seguro de que dejará de funcionar del todo. Y los nuevos ascensores eléctricos que instalaron la semana pasada... Al día siguiente quedaron fuera de servicio y terminé atrapado entre dos pisos por cerca de hora y media.

Por eso es que estoy listo para celebrar el Día Internacional de la no Tecnología. Creo que más de uno de nosotros necesita de, al menos, 24 horas lejos de estos sirvientes electrónicos que, de algún modo, se han convertido en nuestros amos.

No estoy proponiendo un regreso a la edad prehistórica ni al oscurantismo, solo un día en que podamos reflexionar sobre la manera como la tecnología nos utiliza, en lugar de ser utilizada por nosotros.

Ahora es tiempo de celebrar. Así, pues, saquen todos sus hamacas y un buen libro impreso en papel... Y conéctense todos en este día de la pereza...

* Cox News Service

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