EL CACTUS DE LA SUERTE :

EL CACTUS DE LA SUERTE :

15 de mayo 1998 , 12:00 a.m.

Esta es una planta milenaria que sobrevive en cualquier clima y que, además, purifica el aire y despoja el ambiente de las ondas magnéticas.

Ellos, los cactus, contradicen la sabiduría popular. Por una parte, están llenos de espinas pero, contrariamente a lo que se quisiera creer, estas espinas no son símbolo de lágrimas sino, por el contrario, de alegría.

Por otra parte, son matas capaces de vivir en la mayor aridez imaginada. Y, sin embargo, sus hojas, su tallo y sus mismas raíces constituyen uno de los reservorios más admirables de humedad.

Y finalmente, los cactus no son, ni mucho menos, esas plantas salvajes y hoscas a las cuales nadie se debe acercar. Son, por el contrario, una fuente inmensa de energía. Purifican el aire. Lo despojan de las ondas magnéticas que tanto perjudican al ser humano. Y le aportan a éste una mezcla bien extraña hecha de una dosis de serenidad, una dosis de buenos augurios, otra de lucidez y por lo menos cinco dosis más de energía.

Sí, energía de las buenas. De esas que impulsan al más aletargado a no postergar sino a actuar de inmediato, y en las vías apropiadas.

Pero hablar de cactus, así no más, es simplificar un complejo mundo que ha sobrevivido a varios milenios, y que se compone de por lo menos 1.700 especies. Es también reducir a la banalidad un campo en donde cada planta tiene su propia personalidad. Basta con mirar de cerca dos cactus, aún salidos de la misma madre: todo en cada uno de ellos varía: la forma y el grosor del tallo, el color y, sobre todo las espinas.

Y esto es lo que enamora a quienes los cultivan o los coleccionan. Bien lo sabe Juan Pablo Castillo, un empírico enamorado de las plantas, especialmente las espinosas, como se define a sí mismo. Un hombre que, hace casi una década, inició de casualidad un cultivo de cactus en una pequeña tierra que posee en Yacopí y que, desde entonces, abandonó todos sus oficios para dedicarse a sus plantas.

Castillo Campo es quizá uno de los mayores conocedores del país en cactáceas. Las cultiva en su finca y las vende en la carretera, cerca de la Universidad de La Sabana. Allí, todas las semanas, entre el jueves y el domingo, acondiciona su camioneta como puesto ambulante y, a lo largo del día, recibe a sus amigos. Sí, amigos. Porque, para él, quien se interesa en un cactus se convierte, de una vez, en su amigo.

No solo cactus Las cactáceas son mucho más que los cactus que se suelen conocer. Incluyen sábilas, pencas, plantas que dan frutos comestibles, arbustos de más de un metro de altura. De hecho, se dividen en tres familias (Peireskioideae, Opuntioideae y Cereoideae), cada una de las cuales se subdivide en tribus y subtribus...

Todas ellas para dar 1.700 especies, en su mayoría viejas de milenios, resistentes a los extremos más agudos de climas, con temperaturas máximas y mínimas, y todas ellas capaces de engendrar flores exóticas, generosas, casi más grandes que la misma planta.

En sí, los cactus son decorativos y extraños por la singularidad y la suculencia de sus hojas carnosas. Sin embargo, su gran mérito se encuentra en su capacidad de absorber los campos magnéticos. Así lo concluyó la misma Asociación Antiradiación Europea, y así lo han comprobado los investigadores. Un cactus es capaz de absorber las ondas electromagnéticas que emiten un televisor, un computador, un equipo de sonido o cualquier otro aparato, y lo hace a través de sus espinas. Son como antenas al mundo, dice Castillo.

En efecto. Cualquier onda, un cactus la atrapa. Pero, lo extraño, es que no solo la atrapa sino que la convierte, él mismo, en energía. Y lo que era tan dañino para el hombre, como el campo magnético, se lo devuelve al mismo hombre transformado en energía positiva, benéfica.

Y también, en sus hojas carnosas, agarra humedad. Y la guarda, junto con la energía, para los momentos en que escasearán. Además, en cualquier ambiente donde se encuentre, purificará el aire ya que expedirá oxígeno.

Cómo lo hace? Siempre a través de sus espinas. No importa que las hojas sean grandes o pequeñas, que la forma sea en punta o redonda. Lo que vale aquí son las espinas. Es así. Es una facultad que tiene en su bagaje genético, y que le es exclusivo.

Casi todos Todos los cactus tienen ese don heredado genéticamente de sus antepasados. Pero, para poderlo ejercer, se requieren de ciertas condiciones. Y la primera de ellas, y la más importante, es que la mata tenga una altura de por lo menos 10 centímetros. Esto se logra después de cumplir los dos años, y cuando la planta es madre, o sea, que ha desarrollado semillas y ha florecido por lo menos dos veces.

Es una condición indispensable para que absorba las ondas electromagnéticas. Los cactus muy pequeños, aún si son espinosos, no tienen esa facultad.

Otro ingrediente adicional contribuye a que la planta se convierta en antena receptora de ondas: su ubicación. No es necesario, como se cree, colocarla entre la persona y el equipo -la pantalla del computador, por ejemplo-. Basta con ubicarla cerca del aparato o el equipo, a una distancia de pocos centímetros, no importa si es al frente, por detrás o a uno de los lados.

En este aspecto, la planta no es exigente como tampoco lo es para su mantenimiento: le basta con que se le sumerja cada 15 días, durante 20 minutos, en una vasija con agua, que cubra las dos terceras partes de la matera. Y así puede vivir muchos años (o décadas), creciendo apenas 10 centímetros por año y reproduciéndose a través de sus semillas o de una parte de su misma estructura.

Mucho amor En lo que sí es exigente, es en la atención que se le debe brindar. Es decir, que, así como el cactus atrapa las ondas, así mismo quiere acaparar el amor de su dueño...

En cierto sentido, es el pago que le exige por haberlo liberado de las malas influencias de un campo magnético que lo rodea y envuelve cada esquina de su vida cotidiana: ondas emitidas hasta por el reloj despertador... Y que llega a producirle dolores de cabeza, fatiga, trastornos en el sueño e irritabilidad.

Pero el asunto no para allí: de acuerdo con los esotéricos, el cactus es una fuente inagotable de energía. Usted lo puede comprobar: coloque un cactus al lado de una mata cualquiera que no quiere prender, o que está achilada, y verá como, al cabo de pocos días, esa mata cobrará una vida nueva.

Entonces, muchos creen que esa misma energía de renovación es la que le transmite al hombre. No es una planta de suerte si por ello se entiende aquella plata que atrae fortunas y hace ganar loterías. Pero es una planta de buen augurio y que, según aseguran, capta para sí las envidias, las malas energías y la maldad que otros han querido enviar a su dueño.

Así, el cactus se convierte en sinónimo de luz, claridad, visión, perspectiva y tranquilidad. Atrae la prosperidad y la tranquilidad. Y, con muy poco, se convierte en una verdadera pasión porque coleccionarla es garantizar a su alrededor un mundo de energías positivas y buenos presagios.

Que su mata tenga una altura de por lo menos 10 centímetros.

Que haya producido semilla y haya florecido.

Que no necesita ponerla al frente suyo para quedar protegido contra las ondas electromagnéticas, sino cerca del aparato emisor.

No importa la forma de las hojas. La absorción del campo magnético se cumple en las espinas.

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