PERIPECIAS A PICO Y PLACA

PERIPECIAS A PICO Y PLACA

Si tuviera que definirse a los bogotanos con una frase después de la primera semana de restricción vehicular, esta frase probablemente sería: Al son que nos toquen bailamos o Qué berracos pa aguantar!

23 de agosto 1998 , 12:00 a.m.

Por lo menos esto fue lo que opinaron dos capitalinos al hacer su primer balance de la nueva medida de la Alcaldía Mayor.

Y es que luego de interrogar a varios ciudadanos y recoger algunas de sus experiencias entre las 7 y 9 a.m. y las 5:30 y 7:30 p.m., se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que Bogotá es tierra de héroes . Madrugan, trasnochan, viajan en buseta, caminan y hasta llevan la maleta a cuestas para cumplir con los horarios de la restricción.

Esto, por ejemplo, es lo que ahora hace Esperanza. Como no quiere madrugar desde Suba para llegar a su trabajo en el centro antes a las 7 a.m.,, decidió quedarse a dormir en la casa de su abuela, también en el centro, dos días a la semana. Por eso mantiene en su carro una muda de ropa completa.

Otro caso es el de la ejecutiva, que prefiere reservar su identidad, que vive en Rosales y decidió caminar hasta su oficina de la 87 con 11 en los días que le toca la restricción. En el trayecto se tarda 20 minutos. Afirma que no le molesta caminar aunque sí le incomodan los huecos de los andenes, que le hacen doblar los pies. Pero asegura que lo remediará comprándose unos tenis.

Tiempo y espacio A Sandra Cortés le parece que sí está circulando el tráfico, pero acepta que tiene sus sacrificios, como levantarse a las 5 de la mañana para llegar al trabajo antes de las 7 o como le pasó el jueves cuando iba para la universidad en el carro de su novio y a las 5:30 p.m. estaban todavía en la calle. Entonces, la única solución que encontraron fue meterse al parqueadero de un almacén de cadena a esperar que las dos horas reglamentarias.

Algo similar le sucedió a Andrés, quien fue sorprendido in fraganti a cuatro cuadras de su universidad y tuvo que quedarse estacionado en la calle esperando que fueran las 7:30 p.m. Perdió el tiempo y también la clase de 6, pero no lo multaron.

Otros prefieren correr para llegar antes de la hora. Un médico bogotano contó que el miércoles cuando faltaban 8 minutos para las 7 a.m. casi lo chocan cuatro carros que trataban de llegar a su destino antes de que empezara a regir la restricción.

Hay nuevas reglas de juego en las calles y los bogotanos están aprendiendo a convivir con ellas. Ahora la rutina diaria depende más que nunca del tiempo y del espacio. Y , claro, de los policías de tránsito.

Así le sucedió a un funcionario de una empresa de comunicaciones, quien contó el debate cronológico que sostuvo con un policía porque su reloj marcaba las 5:25 p.m., mientras que el del uniformado marcaba las 5:45.

Claro que todo quedó resuelto con un comparendo que le impuso otro agente, cuyo reloj marcaba las 5:35 p.m. A pesar de los diez minutos de flexibilidad que decretó la Secretaría de Tránsito , recordó el ciudadano.

La vida de la ciudad cambió. Las rutinas de su gente ya no son las mismas. Ahora la buseta, el colectivo, el ejecutivo y el taxi son necesidad de todos.

El resumen podría ser la expresión de Guillermo Lara, estudiante de postgrado, quien frente a la carrera séptima repleta de transporte público, en día de restricción y varios años después de tener carro, exclamó un sentido Y ahora cuál cojo para mi casa? .

Héctor Fandiño (Un señor de gafas que tiene la puerta del carro abierta) El pasado viernes tuvo que esperar en la calle en pleno centro de Bogotá, a que pasara la restricción. El programa sí ha funcionado. Hay que tener paciencia y acceder a las normas. Todo es cuestión de acostumbrarse y de programarse todos los días para la restricción. Si fuera todo el día sería mejor Fauzi Mahmud (La única mujer) El principal sacrifico que ha tenido que hacer esta estudiante de economía de la Universidad de Los Andes, es madrugar y salir más tarde al final del día. Sí está circulando el tráfico. Lo que pasa es que parece que el trancón se hubiera repartido entre las jornadas antes y después de la restricción de la mañana y de la tarde .

Germán Preciado (el único con gafas sentando al volante) También le toca madrugar pues vive en la 144 con carrera 20 y trabaja en el centro. Además de la madrugada, me toca esperar de 8 a 9 de la mañana para poder desplazarme a otro punto de la ciudad, porque tengo clase de 7 a 8 de la mañana .

Jorge Espinosa (De pie está en un parqueadero) El es uno de los ciudadanos que prefiere viajar en taxi los días de la restricción. Está funcionando mal porque se hace mucho trancón en las mañanas antes de las 7 a.m. Debiera ser por las placas pares o impares, así solo circularía el 50 por ciento de los automotores. Debiera haber una medida de choque para mejorar el transporte público .

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