REPRESADO EL FUTURO DE LOS EMBERAS

REPRESADO EL FUTURO DE LOS EMBERAS

En noviembre de 1994, 600 indígenas Embera recorrieron el cauce del río Sinú desde las bocas del río Verde, cerca del nudo de Paramillo, hasta la ciudad de Lorica (Cesar), en la ceremonia del Do Wabura, que en su dialecto quiere decir Adiós, río . (VER MAPA: EL PROYECTO URRA)

22 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Desde ese momento, al despedirse a su manera del antiguo cauce del río Sinú, aceptaron que la represa de Urrá sería una realidad y que tendrían que adaptarse a su nueva situación.

Hoy en día, su lucha no es por echar atrás este proyecto, pero sí por que la empresa que lo construye, así como varias entidades del Estado, reparen, en la medida de lo posible, el impacto ambiental producido por la obra en la zona.

Los indígenas piden entre otras cosas, que se les ayude a encontrar un nuevo medio de subsistencia para remplazar la pesca, afectada por la desviación del río Sinú; la reforestación de sus bosques y la expulsión de los colonos, además de unos servicios adecuados de salud y educación.

Esa es también la razón de una tutela que estudia actualmente la Corte Constitucional y que dio lugar hace unos días a que el ponente de la decisión, el magistrado Carlos Gaviria Díaz, ordenara la suspensión provisional del llenado de la represa, mientras se resuelve el conflicto con los Embera.

La semana pasada, delegados del alto tribunal, en compañía de representantes de Urrá y de la Organización Nacional Indígena de Colombia, visitaron la zona y escucharon las quejas de las comunidades Embera, repartidas en tres de los ríos que riegan el alto Sinú: el Verde, el Esmeralda y el propio Sinú.

Señales de la inundación A medida que los funcionarios de la Corte remontaban en lancha los ríos de la zona, observaban en sus márgenes altos postes de cemento marcados con una tinta roja fosforescente hasta una altura de unos cuantos metros.

Esa es la marca que señala la cota 128, es decir, el nivel hasta donde llegará el agua una vez que sea autorizado el llenado de la represa.

En total, se calcula que la obra inundará cerca de 7.400 hectáreas, de las cuales aproximadamente unas 600 hacen parte de los resguardos indígenas.

Además, para su construcción fue necesario desviar el cauce del río Sinú y construir un terraplén de 74 metros de altura, contados desde su lecho.

Las consecuencias de la represa aún no han sido calculadas totalmente por los indígenas. En su paciente análisis de lo que no les gusta de la represa han hecho hasta hoy una lista que supera ya los 20 puntos.

El más importante de ellos es el problema de la pesca. Con la desviación del cauce del Sinú, todos los peces, como bocachicos y tilapias, que antes subían por su corriente e iban a desovar a la zona, ahora se acumulan entre Tierralta y Urrá, porque no son capaces de enfrentar la fuerza con que baja el agua por los túneles de la represa.

Hoy en día, los indígenas tienen que ir a Montería a comprar el pescado para su alimentación y los proyectos para crear estanques especiales en la zona no han sido efectivos.

Este y otros puntos son parte de las negociaciones que adelantan los Embera con la empresa que gerencia Urrá. Sin embargo, los acuerdos han sufrido varios tropiezos desde su iniciación.

La representación de los Embera en las conversaciones, y por ende, su capacidad de llegar a algunos acuerdos, aún se la disputan las comunidades Karagabí e Iwagado. Estos últimos exigen ser escuchados a la par con quienes dicen representar a todos los Embera. Este litigio también tendrá que ser decidido por la Corte.

Además, los indígenas desconfían de quienes negocian con ellos. No entienden por ejemplo cómo en un principio se les dijo que la represa solo inundaría 40 hectáreas de sus resguardos, cuando después se ha demostrado que esta cifra es muy lejana de la real.

Esta desconfianza se refleja inclusive en el lenguaje.

Muchos de ellos que ya manejan el español y algunos de nuestros términos recibieron a los funcionarios de la Corte con pancartas que decían frases como Que negocien con transparencia o Y del pescado qué? .

Sin embargo, cuando les llegó su turno de participar en la audiencia pública se negaron a hacerlo en castellano, y pidieron un traductor porque no querían ser malinterpretados.

La decisión final, después de la inspección de la semana pasada queda ahora en manos de la Corte.

La corporación tendrá que decidir si ordena a Urra S.A. que cumpla con los acuerdos a que ha llegado con los indígenas, y cuál es la protección que les tendrá que brindar.

Una vez que el conflicto se resuelva comenzará otra etapa. Indígenas y empresa tendrán que acordar la compensación que se dará durante la vida útil del proyecto, que se estima en cincuenta años. El problema es que las partes aún no se ponen de acuerdo en si esta debe consistir en unas regalías de la hidroeléctrica o en un mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

El último pero El estudio por parte de los indígenas Embera de los efectos negativos que tendría para ellos la inundación de la represa de Urrá ha sido un proceso de varios años.

No solamente por los métodos que utilizan para discutir internamente sus asuntos, que tienen un ritmo muy distinto al nuestro, sino también porque han tenido que asesorarse de personas externas a su comunidad para entender una tecnología muy adelantada frente a la suya.

Además de los problemas de la falta de peces, de la deforestación, los indígenas han encontrado un nuevo obstáculo que se suma a un listado que ya supera los 20 puntos.

Se trata del buchón.

Debido a que las aguas de la represa sufrirían en un principio problemas de contaminación, los técnicos de Urrá han previsto sembrar en los alrededores esta planta acuática que ayuda a limpiar y oxigenar el líquido.

Sin embargo, como se trata de una especie de maleza, los indígenas temen que si no se le controla pueda llegar a invadir sus tierras y dañar sus cultivos.

Como este, la represa tiene otros peros , aparentemente simples pero que podrían afectar gravemente el futuro de los Embera.

Las defensas del proyecto La sociedad que tiene a su cargo la construcción de la hidroeléctrica de Urrá, defiende el proyecto como un importante factor de progreso para el país.

En este punto coinciden también dirigentes empresariales y económicos de Córdoba y el resto del país.

Las directivas de la empresa han manifestado en varias ocasiones que el proyecto favorece al país, no solo porque generará 340 megavatios de energía que permiten despejar el riesgo de un apagón, sino porque ha abierto nuevos puestos de trabajo, vías de comunicación y expectativas para el turismo.

Calculan que los empleos que ha abierto Urrá se acercan a los 3.000 mensuales directos y 10.000 indirectos y que la venta de energía representará más de 44.000 millones de dólares anuales, de los cuales una buena parte se quedará, por concepto de regalías, en la región.

El presidente de la entidad, Alfredo Solano, ha defendido además que el proyecto ha mantenido los acuerdos con los indígenas y ha invertido en programas de salud y educación para la región, en los cuales ha invertido más de 1.500 millones de pesos.

También alegan que durante todo el proceso se ha hecho uso de mecanismos de conciliación y en ningún momento de imposición a los indígenas, pues de lo que se trata es de encontrar soluciones beneficiosas para todos y no de entrar en litigios con los Embera.

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