ENTRE EL SEXO Y EL PAPA

ENTRE EL SEXO Y EL PAPA

No se imaginaron dos personajes de la talla del Papa Juan Pablo II y el Presidente de Cuba, Fidel Castro, que a su histórica cita, tan ansiada y esperada por ellos y por la humanidad, el mismísimo diablo le tirara semejante torpedo.

25 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Súbitamente, cuando todo estaba dispuesto para que las luces, las cámaras de televisión y los aguzados sentidos de miles de periodistas de importantes cadenas de Tv y de los más influyentes periódicos del mundo registraran y analizaran los alcances del más crucial encuentro entre dos líderes de la historia contemporánea, estalló una bomba en Washington. Una bomba sexual.

Bien - o mal?- lo dijo el famoso periodista Bob Woodward -el de Watergate- en el programa de Larry King: Con el perdón de Su Santidad, para los norteamericanos las historias de sexo siguen siendo más importantes . Más aún si éstas involucran al Presidente. Que ya acumula un sospechoso historial de deslices sexuales. Sexo, mentiras -y ahora grabaciones- siempre serán una exquisita combinación para cualquier periodista.

Una vez conocidas las revelaciones de la revista Newsweek, hubo desbandada de periodistas gringos y europeos. Abandonaron la Isla y se fueron tras los pecaminosos pasos del gobernante de la más poderosa nación de la Tierra, el presidente Clinton. Los titulares de las informaciones sobre el lío sexual, la posible invitación presidencial a la compañera de affaire a cometer perjurio, desplazaron a aquellos que cubrían la visita papal al último reducto comunista del continente americano.

Extraña y algo desconcertante la dinámica propia del periodismo gringo. Algunos diarios holandeses y suecos no entienden cómo cuando está a punto de volverse pedazos el frágil acuerdo de Oslo entre israelíes y palestinos, o cuando el Papa y Fidel conversan sobre temas trascendentales a escasas 90 millas de territorio norteamericano, los más influyentes diarios y cadenas de televisión de E. U. estén concentrados en las aventuras amorosas y la inquieta bragueta de su Presidente.

Hay que conocer la mentalidad gringa. En ese país la opinión pública en general pero sobre todo los medios de comunicación, no les pasan a sus gobernantes una sola mentira, por piadosa e insignificante que ella sea. Más que la misma infidelidad los norteamericanos no perdonan la mentira. Más aún si quien lo hace es el Presidente. De ahí los editoriales de los principales diarios de E. U. pidiendo al unísono a Clinton que diga la verdad completa.

A lo mejor eso no lo entienden los europeos pero la sola insinuación de que el Presidente intentó obstaculizar la Justicia e invitó a una eventual testigo a mentir, es una gravísima falta que recibe el más severo de los castigos: el impeachment o destitución por la vía de un proceso político.

No vale la pena entrar en las complejas minucias jurídicas del caso. Ni en los antecedentes de acosador de Clinton. Para los amigos del detalle -y del morbo- ( que viva la libertad de expresión!), pueden hacerlo a través de Internet, CNN, las cadenas y periódicos de E.U. Están dedicados al tema.

Lo importante es entender que entre el encuentro algo retórico y con un alto componente de confidencialidad y charlas a puerta cerrada entre el Papa y Fidel Castro, y los eventuales procesos que se le podrían adelantar al presidente Clinton, seguidos por la posibilidad de una renuncia o una destitución por haber mentido e invitado a mentir, el pueblo norteamericano haya preferido que sus medios metan las narices sin contemplación en la dudosa vida privada y amorosa del líder de su nación.

Buen ejemplo para democracias -y Presidentes- tan enclenques como la nuéstra. Basta ver el lío en el que está metido el Clinton por cuenta de lo que parecen ser unas incómodas mentirillas. Para nada se parece a la impunidad con que nuestro folclórico Presidente ha mentido durante cuatro años. Comenzando con el ingreso de dineros calientes a su campaña y terminando con el paseo, disfrazado de licencia médica, que se inventó para viajar a Canadá y a México.

Si Clinton, el gobernante de la más poderosa e implacable de las democracias, al parecer trató de cuadrar testigos para que mintieran, qué cosas no habrá hecho nuestro cínico y marrullero doctor Samper?

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