MOÑONA

El abrazo entre Pastrana y Tirofijo en algún lugar de Colombia señala definitivamente el fin de una era. Se trata de un acto de audacia sin precedentes. Un presidente electo se brinca las convenciones y acude a una cita con el jefe de la subversión para tratar directamente con él cómo principiar a buscar una solución negociada del conflicto armado en Colombia.

11 de julio 1998 , 12:00 a. m.

En realidad no importa de qué hablaron. Lo significativo es que se hubieran reunido antier sin preámbulos ni ceremonias. Pastrana cumplió su palabra inmediatamente y estableció una línea de comunicación directa entre el primer mandatario y la directiva de la guerrilla. Se creó una instancia para resolver los problemas que sin lugar a duda van a surgir para poner en peligro el exitoso desenlace de las negociaciones que aún no comienzan.

Se le ha dado a la guerrilla entidad como contraparte legítima en un conflicto que Colombia tiene que resolver. Es en ello en lo que radica la mayor audacia de la visita de Pastrana al sitio de la reunión, en la forma como lo hizo. Con este gesto y por la cordial actitud que pudimos observar en las filmaciones que se presentaron, Pastrana renuncia a la posibilidad de catalogar a la guerrilla como actividad criminal y le da un status especial de carácter político.

La guerrilla también dio señales de respeto. Tanto Tirofijo como el mono Jojoy reconocieron la autoridad del presidente electo y le dieron trato de Presidente. Se estableció entonces, de hecho y sutilmente, un espacio novedoso para las negociaciones, que consiste en que ambos lados reconocen implícitamente la legitimidad de la contraparte, con lo cual se avanzó años luz. A partir de ese supuesto se pueden encontrar soluciones que rompen con el patrón tradicional porque la reunión entre Pastrana y Tirofijo es una luz verde para pensar en lo imposible, y ello es un requisito para el éxito.

El otro aspecto significativo de esta reunión es que los dos lados corrieron riesgos personales y tuvieron que confiar en el adversario. Pastrana tomó un riesgo personal inmenso al acudir a un paraje del territorio que domina la guerrilla, amparado solamente por la Cruz Roja y por la confianza en Tirofijo . Ello dio lugar al otro elemento indispensable para que las negociaciones puedan tener éxito. Que se establezca la confianza entre las partes.

Otro hecho distinto en favor de la paz, que pasó relativamente inadvertido esta semana, es el cambio de actitud del Ejército. El general Bonett ha declarado que a él no le parece que los puntos que ha puesto la guerrilla sobre la mesa para negociar sean impedimento para sentarse a una mesa de negociaciones.

En unos pocos días ha cambiado radicalmente el ambiente de negociación de la paz y se vislumbran, por primera vez en décadas, posibilidades para llegar a un acuerdo, aunque las condiciones no sean las que los teóricos consideran adecuadas para alcanzarlo, ya que hace falta un Estado fuerte y un Ejército ídem de un lado, y una guerrilla en decadencia, del otro.

Pero si los dos lados están actuando de buena fe, como parecen hacerlo, quizás se pueda inventar una fórmula colombiana para que del proceso surja el Estado que queremos y desaparezcan las razones para la continuación de la guerrilla y el fortalecimiento del Ejército.

Lo que sí ha quedado claro de este encuentro es que elegimos a un presidente con ganas de ejercer liderazgo, con capacidad para hacerlo, que cumple con sus promesas, que coge los problemas por los cachos y que tiene una visión de lo que quiere lograr en su período. Este ya es un paso de gigantes en la dirección correcta.

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