PARA EL NUEVO CONTRALOR

PARA EL NUEVO CONTRALOR

No le espera al nuevo Contralor General tarea fácil. Comenzando por el rescate del prestigio infortunadamente menguado en los últimos tiempos por los avatares de la política de una institución que otrora tuvo como directores a repúblicos de la talla de Carlos Lleras Restrepo o Alfonso Palacio Rudas, y que ejerció con lujo de competencia una labor fiscalizadora que nadie osaría negar.

21 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Por oscuros momentos ha pasado la Contraloría en estos últimos años, sobre todo. Su gestión ha sido cuestionada ya sea porque se la tuvo como un fortín político generador de empleo, dentro del más descarado desenfreno o como favorecedora de funcionarios especializados en violar la ley.

Por otra parte, desde cuando fue abolido el control previo, la Contraloría General perdió buena parte de sus funciones, sin que pueda saberse, en la actualidad, si para bien o para mal. Auncuando los estudiosos del tema sostienen que el antiguo organismo fiscalizador no es ahora sino un enorme aparato burocrático, prácticamente sin funciones.

Y en esto hay mucho de razón. Porque la ciudadanía no se explica el porqué de la ausencia o el silencio de este organismo cuando era vox populi que algo marchaba indebidamente en institutos como Caprecom, el Inurbe, Cajanal, la Caja Agraria, un número considerable de cooperativas, Ferrovías, Foncolpuertos, etc.

En todas partes se comentaba la podredumbre que existía en estos institutos, la denunciaban los medios de comunicación, la conocían y la padecían los usuarios, pero de parte de la Contraloría General de la República, ni una palabra. Como si se tratara de que los funcionarios que estaban acabando con estos establecimientos públicos se salieran con la suya, en lugar de intervenir a tiempo para evitar que los dineros que estaban siendo esquilmados fueran a parar a las arcas de los deshonestos.

Además, como el control interno establecido para los organismos del Estado no tiene mucho tiempo de estar funcionando, y no se sabe con certeza hasta qué punto son positivos los resultados de su implantación, habrá que hacerle un seguimiento minucioso. Pero, por sobre todo, la vigilancia estricta sobre la contratación administrativa, que para tantas y tan variadas corruptelas se presta y que ha sido la causante más reconocida de las actuaciones irregulares de los funcionarios venales que pululan en nuestra organización estatal.

Ojo avizor, pues, tendrá que mantener de manera constante el flamante director del organismo encargado de impedir evitar para no tener que actuar a posteriori que los recursos del Estado se malgasten o se destinen a fines distintos de los que la ley señala. Sólo así podrá tener éxito su gestión y merecerá el reconocimiento ciudadano por haberle devuelto a la Contraloría la reputación de honestidad y eficiencia que pareciera haber perdido sin remedio.

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