CASA, CARRO Y... LISTO

CASA, CARRO Y... LISTO

Un viejo Renault 12 verde, modelo 84, se convirtió desde hace dos años en la casa de Elvia Montoya, una colombiana que quedó en la calle y realmente vive en ella.

21 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

En el tradicional barrio Norte de Buenos Aires, doña Elvia sobrevive de la bondad de los vecinos y del buen corazón de una iglesia Evangélica que le regala todos los días el almuerzo.

Esta paisa, nacida hace 65 años en Rionegro, Antioquia, no ha escatimado detalle alguno para darle el calor de hogar a los casi tres metros cuadrados del interior de su carro. A todas las ventanas les acomodó con hilo y piola unas cortina para tener privacidad. Quitó la sillas de adelante y atravesó un colchón. Debajo del timón tiene una banca pequeña que hace las veces de mesa de noche, de mesa para comer o para sentar a alguna visita.

Detrás de la silla trasera acomodó sus objetos de aseo y del espejo retrovisor cuelga una lámpara que funciona con pilas. Tiene algunos peluches que le recuerdan su infancia, la de una niña consentida en un hogar en donde nunca le faltó algo. Cerca a la barra de cambios, hay una botella con flores porque a pesar de su situación doña Elvia no ha perdido la coquetería ni la alegría.

Pese a la incomodidad duerme hasta la media mañana pues ya se acostumbró a todos los ruidos de esta calle transitada. Por problemas en su columna, se demora en tender la cama pero se levanta, se cepilla los dientes y se toma algo caliente. Tiene un termo que le regalaron y no hay quien le niegue el agua caliente para llenarlo. En la tienda de enfrente le prestan un rincón de la nevera para guardar leche o mantequilla. Las tardes las dedica a arreglar y acomodar sus pertenencias. Pero siempre hay un vecino o alguien que se detiene a charlar con ella. En este época del año que es invierno se abriga bien y cuando siente frío prende la calefacción del carro un ratico y después lo apaga. Todavía le queda un poco de gasolina para calentarse.

Con la plata que le da la gente aunque recibe más comida que plata compra las fichas para utilizar los baños públicos y pagar el lavadero de su ropa. En este momento debo 20 dólares por lavado de ropa y 200 dólares a personas que me ha prestado. La ducha se la dejan utilizar en dos apartamentos del vecindario.

Kilómetros de recorrido La historia de doña Elvia es larga y tiene muchos altibajos. Cuenta que estudió enfermería en Colombia y viajó a Venezuela cuando tenía 45 años de edad conatada por el entonces Cónsul de Argentina en Caracas, Luis Pesano Pinto, para que atendiera a sus hijos. Después de un tiempo se la llevó a Uruguay y en 1987 Pesano Pinto fue trasladado a Buenos Aires y se la trajo. A los pocos años el diplomático argentino fue declarado Cesante y la dejó en un hotel.

Desde entonces comenzó su calvario. Con los ahorros que tenía sobrevivió un tiempo en el hotel pero cuando se le acabaron acudió al Consulado Colombiano para que le ayudaran. El Cónsul era Pepe Romero (q.e.p.d.). Fui a que me dieran trabajo y me dieran casa y no me quisieron dar nada. Cuando yo iba me echaban la policía que dizque porque yo estaba haciendo escándalo. Después me consiguieron un trabajo en una casa de colombianos y no me pagaron. Quedé de nuevo en la calle.

Yo tenía una platica ahorrada en Venezuela y un señor de apellido Mesa que trabajaba en la embajada de Colombia aquí en Buenos Aires me dijo que le diera un poder y él reclamaba la plata y me la giraba. Yo se lo di y me hizo un giro y el resto de la plata se la robó.

Con ese giro doña Elvia adquirió lo que hoy es su casa: un Renault 12, en donde embutió parte de sus pertenencias porque muchas están repartidas donde los vecinos. Cuando compró el carro lo alquiló como taxi para poder pagar los 150 dólares mensuales que le cobraban por la pieza de un hotel pero se lo estrellaron y se lo dañaron. Finalmente un médico colombiano me lo iba a comprar, entonces lo mandó arreglar y gastó como ciento y pico de dólares. Con eso lo estuvo andando como siete meses y yo le dije que se lo prestaba pero que me pagara aunque sea la habitación. Dijo que no y le pedí que me lo devolviera. Ya sin plata, sin trabajo, enferma y debiendo el alquiler de la pieza en el hotel no tuve otra alternativa que vivir en el carro. Y aquí estoy desde hace dos años.

Pa comida no me ha faltado. Tengo una amiga argentina que es abuela y me surte de todo Doña Elvia aunque inspira pesar a quienes se acercan para conocer su situación, no se le ve ni triste, ni desdichada. Lo único que pide es que le den un departamento de una sola pieza. Comida no necesito porque yo me defiendo, dice.

La han visitado de la Municipalidad de Buenos Aires ofreciéndole llevarla a un instituto, hay varios vecinos que le han ofrecido techo, en otras palabras ayuda no le faltado pero no quiere vivir con nadie. Estoy cansada de lidiar con distintos genios.

Doña Elvia quien no siente miedo de que la atraquen o que le pase algo, tampoco quiere regresar a Colombia. Inclusive se molesta cuando le tocan el tema. A qué me voy a Colombia? No tengo nada que hacer allá. No tengo familia, mi hermana separada vive en Canadá y la otra es viuda y no sé donde vive. Yo no puedo ir a Colombia a vivir en un andén. No tengo a nadie. No quiero regresar en las condiciones en que estoy porque quedo como una fracasada. No metan a mi familia en esto que es cosa mía. Yo llegué a Buenos Aires muy bien y me dejaron en la calle.

Lo que dice la Embajada El caso de doña Elvia Montoya es motivo de preocupación desde hace mucho tiempo para la Embajada y el Consulado de Colombia en Buenos Aires.

La Embajada mantiene el ofrecimiento de conseguirle un tiquete para que se encuentre con sus familiares en Colombia, dijo el actual embajador, Julio Andrés Camacho. Ella nos ha dado unos teléfonos en Medellín y en esos teléfonos o no contestan o no conocen a esta señora.

Según Camacho este es un caso muy difícil ya que ella no coopera con la única solución posible que es regresarse a Colombia con sus familiares. Aquí hemos hecho de todo, a ella la han apoyado instituciones de caridad como Caritas, se le ha conseguido puestos pero siempre ha manifestado que no se va.

Por su parte, el Cónsul encargado, José A. Solarte, manifestó que se le pidió a la Cancillería en Bogotá localizar a algún familiar para que se haga cargo de esta señora o buscar otras alternativas para darle una solución definitiva a este problema.

Huelga de hambre Luis Quintana es un colombiano que lleva más de 20 años radicado en Buenos Aires y conoció a doña Elvia en el lanzamiento de su CD de música colombiana. Desde entonces le ha seguido un poco los pasos y desde que vive en el carro se ha convertido en su ángel guardián Yo lo único que quiero es que la señora Elvia se vaya para Colombia, que le busquen un familiar. Hago esto por cuestión de piel. A los colombianos aquí nos ponen como si fuéramos unos miserables. Yo no creo que seamos así. Somos gente alegre, amiga y cordial.

Según Quintana, si en algunos días no se resuelve el problema se va a poner su traje típico de costeño para declararse en huelga de hambre frente a las instalaciones del Consulado colombiano en pleno corazón de Buenos Aires.

Solo pido que la regresen a Colombia pero que no la tiren como un paquete sino que la reciba alguien allá porque ella es un ser humano.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.