LITERALUDICA

Hace ya muchos años vive y reina en Barcelona el famoso Magil, escritor, teatrero, trotamundos, ensayista de historiador de los hechos novelables del más reciente y crítico sindicalismo colombiano, pero especialmente alguien que cree en lo que hace y vive orgulloso de ello, aunque los avatares de la supervivencia a veces le den duro con un palo y duro también con una soga, como hicieron con el venerable César, que se murió en París con aguacero.

25 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Famoso, sí, porque en 1981, cuando ganó el premio de novela convocado por Plaza y Janés con su obra Conciertos del desconcierto, no se dejó birlar la platica del galardón, que querían convertirla en regalías, y tuvo la fortuna ( el papayazo ?) de ser respaldado públicamente por García Márquez, quien en su columna periodística mundial lo señaló como ejemplo de la dignidad profesional del escritor, a la vez que víctima de editores avivatos, de aquellos que despotrican contra la literatura aunque no tienen vergenza cuando de explotar a los autores se trata.

Pues bien, Magil anda por ahí, cargado de noticias literarias. Acompañado de otro César (Pérez Pinzón, el autor de Cantata para el fin de los tiempos, la buena novela a la que la gran crítica no ha querido pararle bolas), lo encontramos por las calles de Ibagué, donde soltó las nuevas: trabaja como asesor para ediciones Piani, una empresa Italo-española interesada en la promoción de autores latinoamericanos en Europa, que tiene ya publicados entre otros títulos: La Poesía escogida del salvadoreño Roberto Armijo (muerto en mayo del 97), Cebolla púrpura, de David Hernández, también salvadoreño y residente en Alemania, La maestra, del colombiano Nicolás Buenaventura, y que continuará su colección de autores nuestros con una selección de ensayos sobre Alvaro Mutis y la última novela de Héctor Sánchez, Una brigada para el caudillo, que constituye novedad que interesa a todo el mundo, como que se trata de una reproducción literaria de la atmósfera turbia en tiempos del tristemente famoso generalísimo, pero vista por un autor que se ha caracterizado por trascender a sus personajes desde el microcosmos de la aldea hasta el maremágnum de las ruinas de Torre de Babel que son los conglomerados humanos que llegaron decrépitos y tristes al final del siglo XX.

Pero hay más: veinte años después, también terminó su trilogía narrativa. Puso punto final a Descubrimientos, que cierra el ciclo de novelas comenzado con Conciertos del desconcierto y seguido por Las ciudades del desencanto y que en cerca de 1.500 páginas cuentan lo que ha sido la vida, pasión y muerte, entre la realidad y la ficción, de este pequeño gran hombre-isla bautizado Manuel Giraldo y signado Magil por obra y gracia de la aventura. Sigue también deambulando por el mundo con su grupo de teatro Pa loquesea, que a veces anda por Australia, otras por Urabá y muchas más simplemente por ahí, porque entre Montaigne y Porfirio aprendieron que la vida es cosa vana, variable y ondeante .

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