DESBARAJUSTE AÉREO

DESBARAJUSTE AÉREO

El episodio de una aeronave de carga que se vio obligada a realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Eldorado, cuando llevaba a bordo, sin autorización ni control, cinco toneladas de dinamita, no solo es inverosímil sino francamente escandaloso, habida consideración de que hubiera podido causar una tragedia de espantables condiciones, con la destrucción no solo del aeropuerto sino de todas las zonas aledañas. Nadie se explica, en primer lugar, cómo Indumil vende y entrega cinco toneladas de dinamita sin hacerles luego ningún seguimiento ni control para su transporte y destino. Y menos se explica cómo la mecánica interna de la Aeronáutica Civil no controla y verifica la real condición de la carga, como tampoco los excesos de carga, originarios de tragedias. Y sobre todo parece un absurdo que la aeronave no hubiera sido desviada, para su operación de emergencia y para quemar su combustible, hacia otro aeropuerto menos comprometedor.

17 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Debe satisfacernos, ciertamente, que la posible hecatombe no se hubiera registrado. Mas al mismo tiempo y nos proponemos volver sobre el tema cuantas veces sea necesario se debe condenar con la mayor energía la incuestionable incuria que ha hecho posible ese suceso, uno más en la serie de casos críticos que se han registrado. Alguien con buen conocimiento de causa decía que todo parece indicar, si se tiene en cuenta que no pocos pilotos extranjeros vuelan sin licencia colombiana y que no existe el celo indispensable para el mantenimiento, que la peligrosa guerra del centavo se ha extendido al transporte aéreo de carga, realizado sin controles ni regulaciones.

Ahora lo importante es que las averiguaciones no se queden en el simple plano administrativo interno, sino que tengan sus máximas proyecciones penales, y que se llegue al fondo mismo de las irregularidades y de las responsabilidades. No de otra manera podría avanzarse hacia una verdadera seguridad aérea, si todo se va a mantener cubierto en sombras de silencio, sin la imposición decisiva de las sanciones a que haya lugar.

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