EXTRAÑA REFORMA

EXTRAÑA REFORMA

El proyecto de reforma, regular gracias. Bien intencionado, sí, pero muy tímido frente a las causas profundas de la serruchadera, el clientelismo y la politiquería. En cambio, siembra unas peligrosas bombas de tiempo. Veamos.

28 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Listas únicas de los partidos. Antidemocráticas. Sepultureras cavernarias de disidencias creativas y de la discrepancia constructiva al interior de los equipos políticos.

Integración de la terna para Procurador por parte del Presidente. Fatal. Nos condenaría a procuradores de bolsillo, arrodillados ante el Gobierno que deben fiscalizar.

Nombramiento de personeros por el Procurador General. Absurdo. Engordaría el botín burocrático de la Procuraduría, convertiría las personerías en banquete de los congresistas que eligen al Procurador y le propinaría un golpe letal a la descentralización política.

Incremento de requisitos para los senadores. Discriminatorio y clasista. Atenta contra el relevo generacional y premia a burócratas y políticos de oficio.

No reelección por más de dos períodos para los congresistas. Extremo y excluyente. Baste decir que, según esa norma, Galán no habría podido ser senador en 1986, su más brillante período.

Edad para votar a los 16 años. De doble filo. Cómo se formarán los jóvenes para disponer de suficientes elementos de análisis que les permitan ejercer con responsabilidad el derecho al voto? Cifra repartidora. Antiminorías independientes. La aritmética es elemental. Premia las listas mayoritarias. Punto. Los grupos jóvenes, independientes de verdad, que apenas comienzan a labrarse su espacio y que encarnan relevos ciertos, serían los damnificados.

Frente a los costos y financiación de las campañas, el proyecto ni avanza mucho en evitar que los bienes, recursos y servicios del Estado se destinen a politiquear, ni establece medidas contundentes frente a las campañas millonarias, financiadas por mafiosos o por contratistas serrucheros.

Propone, en cambio, prohibiciones que atentan contra el voto de opinión y favorecen prácticas de amarrar o comprar votos con recursos del Estado y manejo de la burocracia.

Prohibir la publicidad política pagada en radio y TV o los aportes en especie para las campañas es un golpe mortal para el relevo que solo favorece a las maquinarias. Qué tal que le hubieran prohibido a Noemí su famosa cuña de los cuatro años más de lo mismo ? Por qué no pensar en recuperar la Veeduría del Tesoro, o en estimular mecanismos de veeduría pública sobre los costos de las campañas, o en un severo régimen frente a quienes usen partidas oficiales para favorecer a sus amigos, o frente a quienes llenan de contratistas y burócratas las entidades para arreglarles las listas a sus jefes o subalternos políticos? La reforma, claro, tiene cosas buenas, empezando por la firmeza del compromiso presidencial y por la buena fe del ministro Martínez, que han abierto un necesario espacio de deliberación política. La obligatoriedad del voto, por ejemplo, debe ser discutida ampliamente.

Los efectos políticos del voto en blanco son buenos; la causal de pérdida de investidura por negociación de votos y trasteo de electores, espectacular; la reiteración de la prohibición de reelección de los contralores, indispensable; la norma antimico de la sanción parcial de las leyes, fantástica; y el mecanismo antinepotismo en las elecciones de congresistas, útil aunque insuficiente.

Así, el tema de la revocatoria del Congreso hoy no parece apremiante. La presión de la valerosa Ingrid, sin embargo, será muy útil para que el Congreso se aplique a estudiar la reforma sabiendo que si no lo hace, una revocatoria puede venir corriendo.

Pero no olvidemos la historia reciente. La revocatoria de 1991 desembocó en los negros episodios de narcopolítica y clientelismo de los últimos años. El Congreso post-revocatoria resultó peor que el anterior. Por eso, el problema de fondo no es revocar sino garantizar unas reglas de juego que le permitan a la actividad política ser limpia y eficiente para reconstruir a Colombia.

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