DE MAL EN PEOR

DE MAL EN PEOR

La última cifra sobre el aumento del costo de vida en el mes de diciembre confirmó los peores presagios, pues la inflación llegó casi al 33%. Como ya se ha dicho, esto coloca a Colombia en la lista oficial de los países que sufren de hiperinflación, lo cual, entre otras muchas cosas, ahuyenta la tan necesitada inversión extranjera pues a nadie le gusta invertir donde la moneda local no tenga cierta solidez. Ni hablar de las repercusiones internas. También se han señalado hasta la saciedad. La inflación es una vil ladrona que roba a todos sin piedad; y además desalmada, pues les quita más a los pobres que a los ricos. Como los tumores cancerosos, si no se extirpa a tiempo sus consecuencias son fatales.

10 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Muchas personas han comenzado a poner en duda la estrategia del Gobierno. Piensan que al ministro Hommes le puede pasar lo del pastor con sus ovejas: anuncia que le quebrará el espinazo a la inflación; que la ahorcará sin contemplaciones; que la controlará cueste lo que cueste. Pero mes tras mes el DANE la muestra vivita, coleando y --lo que es más preocupante-- creciendo. Las alzas en los primeros días de enero parece que han sido fuertes y numerosas. Y si el Gobierno pierde credibilidad en su lucha contra la carestía habrá perdido una de sus más eficaces armas. Vamos entonces de mal en peor?, se pregunta la opinión con cierta razón. No necesariamente.

La economía no se caracteriza por sus reacciones inmediatas. Generalmente sufre de lo que se denomina efectos retardados , es decir, que las medidas se demoran en producir resultados. Por ejemplo, las medidas monetarias tardan entre cuatro a seis meses para comenzar a influir sobre la inflación. Es precisamente el efecto retardado de la indisciplina económica de las postrimerías del régimen anterior el que estamos sufriendo.

El equipo económico desde un principio sabía que la economía estaba recalentada. Y desde agosto comenzó a ponerle los frenos. Al mismo tiempo quiso sanear ciertas situaciones de precios rezagados en varios frentes para poder controlar una de las principales fuentes de la inflación como es el déficit fiscal. Si la teoría funciona, después de estas alzas de enero la inflación debe comenzar a ceder. De lo contrario, el ministro Hommes se verá en problemas para cumplir su reto.

Las medidas que hasta ahora se han tomado son las correctas. Falta ver si tanto los trabajadores como los empresarios también aportan su grano de arena. Al examinar en detalle el índice de precios al consumidor, es claro que muchos productos sufrieron alzas desmedidas e injustificadas. Las cuchillas de afeitar --para mencionar tan solo un producto-- subieron el año pasado 96 por ciento. A cuenta de qué? Tiene razón el presidente de Acopi al señalar con dedo acusatorio a ciertos monopolios, como el del papel, que han aprovechado su privilegiada condición para hacer aumentos desmedidos en los últimos meses. A estos egoismos hay que ponerle coto. Todos --sin excepción-- deben contribuir a que el ministro no tenga que renunciar. Porque ha sido un buen ministro.

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