LA LEY DE LA SELVA Y EL TRÁNSITO

LA LEY DE LA SELVA Y EL TRÁNSITO

Según lo último que he podido leer en las noticias, el manejo del Tránsito, tanto el municipal, como el departamental, se lo han dado a entes o personas más controladores. El Tránsito Distrital quedó bajo el mando del teniente coronel Hugo Fernando Ramírez Vásquez. El Tránsito Departamental va a ser manejado por la Policía.

13 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Estos hechos son dignos de análisis. Estas dos decisiones, tomadas por cabezas tan importantes como las de Espinosa y Hoyos, nos dan en qué pensar.

Son acertadas las decisiones?, sería lo primero. Pero ya en este punto creo que no hay mucho en lo cual detenerse. El tiempo demostrará si son acertadas. Por lo pronto, nuestra desesperante vida de caos ciudadano, dice que sí.

Lo que necesitamos es que direcciones de tránsito con los pantalones (o la faldas) bien puestos, pongan orden. La sociedad civil, cada vez mas alejada de los gustos militares, en determinados momentos piensa que no hay nada mejor que la mano dura. Porque si vamos a esperar que la cantidad de bárbaros que conducen, se eduquen, será un logro para dentro de tres generaciones de barranquilleros. Aquí parece que en vez de manual del buen conductor, al momento de entregarle a uno la licencia, le entregaran una cantidad de reglas básicas para ser reventadas, violadas, atracadas, pisoteadas...

Si la Policía y el teniente coronel Ramírez saben aplicar las reglas básicas para controlar a los anárquicos e irresponsables conductores de todas las clases de vehículos y de todas las clases sociales, aumentarían nuestro nivel de vida en un cincuenta por ciento. Todos necesitamos desplazarnos para llegar a alguna parte, cada día puede tener un comienzo y un final amargos. Si ellos mismos hicieran respetar las mínimas reglas, reconocidas en los códigos internacionales, nos harían un gran favor a todos.

Pero esto no es lo único.

Hay que analizar hasta dónde hemos llegado, para que el gobernador y el alcalde se vean en la necesidad de utilizar fuertes mecanismos de control. Es más, me atrevo a decir que esta ha sido su última, desesperada opción.

Quiero ser ingenua e imaginarme, que esta vez, no son cargos entregados como cuota política. Porque una cuota política más, y los impuestos que pagamos por el uso de vehículos y calles, terminaría otra vez en el alcantarillado de la ineficiente burocracia que solo conoce el patrón que lo recomendó, pero que en su vida ha tomado un curso o leído un libro acerca del tema tan difícil como es el tránsito en una ciudad o una carretera.

En qué nos hemos convertido todos los traficantes de autos, camiones, buses, motos, bicicletas, carretas, y hasta patines? Perdonen que haya utilizado una palabra como traficantes , porque así tiene malas implicaciones, aunque quepa el término, mas bien es a propósito.

Todos nos hemos convertido, y me incluyo, en traficantes de calles. Las ansias de dominio del territorio y de apachurramiento del vecino, ya son parte de nuestra conducta cotidiana. Porque es verdad, que cada vez que yo conduzco cumpliendo todas las normas, termino con los nervios de punta. Hay que seguir la ley de la jungla, y sentir que también estamos jodiendo al otro. Uno no puede dejarse apabullar todo el día, sin sentir un verdadero deseo de muerte al final del día.

Pensemos. Qué parte de culpa tenemos cada uno de nosotros? Y de qué sirve que reflexionemos? Si de todas maneras, la mayoría de los salvajes conductores de ambos, sexos, ni siquiera leen una revista, menos esta columna. Es mas, ya ni siquiera dan la cara para uno pegarles un insulto. Saben lo que hacen y mantiene sus rostros y su mirada, impávidos.

Por eso, si no llevo la emisora Uninorte Estéreo a todo volumen, ando con cassettes de relajación subliminal o música de la nueva era. Trato de no mirar las caras de el resto de la jungla que me aplasta y salgo adelante, sobreviviendo, mientras alguien que tenga la autoridad que no poseo, ponga orden a mi caótica existencia conductual.

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