LA HISTORIA DEL GENERAL Y LA GUERRILLERA

LA HISTORIA DEL GENERAL Y LA GUERRILLERA

La Guadalupe era su objetivo Durante 18 años Mauricio Vargas Valdés se preparó para la guerra. Cinco medallas al mérito en su pecho y tres heridas de bala en su cuerpo mantienen frescos los recuerdos de la guerra sin cuartel contra la guerrilla salvadoreña.

27 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Por su amor a la milicia se perdió del nacimiento de sus tres hijos y por ella abandonó país y familia para irse a preparar al Fuerte Brack en Carolina del Norte, Estados Unidos, una de las escuelas de formación castrense más rígidas e importantes de América.

Era, de verdad, amor a la patria . Un amor que le alcanzó para convertirse en el jefe de operaciones de las Fuerzas Armadas Salvadoreñas y luego en el sub jefe del Estado mayor conjunto de ese país.

El Chato Vargas, como lo apodaban los guerrilleros del Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional (Fmln), tuvo a su mando más de 4 mil hombres y en una jornada histórica combatió 90 días seguidos con la guerrilla, en el norte de Morazán, la Casa Verde del Farabundo, y desterró a varios de los frentes que dominaban la zona.

En dos ocasiones, a finales de 1990, estuvo literalmente rodeado por la guerrilla y a punto de morir. Todo olía a pólvora y a sangre. Más de 700 guerrilleros nos disparaban de todos lados y desde un megáfono le gritaban a mis soldados que me entregaran. Aunque tuvimos bajas, resistimos y yo los invitaba que vinieran ellos mismos por mí .

Y así, el estratega y tropero se convirtió en uno de los generales más temidos y respetados del conflicto salvadoreño, y también en uno de los más buscados por la subversión.

Tras su cabeza Ana Guadalupe Martínez era una de las personas que lo asechaba. Ella, segunda al mando del Farabundo, lo tenía entre sus objetivos militares y por su cabeza ofrecían 50 mil colones (6 mil dólares).

Y Guadalupe, al igual que el resto de la cúpula del Farabundo, también estaba en la mira del general. No era una obsesión, pero durante varias noches me desvelé planeando la estrategia para capturarla a ella y a los demás. Indudablemente les tenía ganas .

A Vargas no le importó cuando en la mañana del 10 de enero de 1981 una bala de fusil R-15 le atravesó el pecho y le salió por la espalda, después de dañarle los nervios que le permitían mover su mano derecha y disparar con agilidad.

Alcancé a verle la cara al guerrillero que me dio. Luego cayó muerto porque antes de que me impactara le disparé. Un segundo más tarde mi camuflado estaba empapado de sangre .

Ya para esa época además de perder la sensibilidad de parte de su brazo, había empezado a perder la de su alma. Uno se deshumaniza. Un día llegué incluso a decirle a un soldado: no se preocupe tan solo va a perder una pierna y tal vez un ojo .

Yo también había perdido mucho. Mi juventud, horas con mi familia y a uno de mis mejores amigos, Ismael Villacorta Franco, El Cuervo , que murió destrozado por una mina dos segundos después de tirarme al piso para salvarme la vida .

Fue entonces cuando empezó a recuperar la sensibilidad en todo su cuerpo. Y en el alma.

Me parecía asqueroso que alguien matara y secuestrara a nombre de una revolución pero me di cuenta que era hora de buscar otros caminos .

Por eso, decidió primero como estrategia militar y política y luego como única salida buscar la paz.

El 5 de septiembre de 1989 el general se encontró frente a frente con su enemiga natural. Ese día me senté a la mesa de diálogos con La Guadalupe y con el resto de la dirigencia de Fmln .

Me la imaginaba dura, cerrada ideológicamente, dogmática e incluso cruel .

Luego de 28 meses y tres días de conversaciones se dio cuenta de que aunque dura, La Guadalupe respetaba y entendía el punto de vista de los demás.

Hubo mucho que ceder y mucho que perdonar y olvidar. Aprendí a tragarme la rabia y a confiar en mis enemigos. Fue muy duro pero ahora estamos en paz .

Y la mujer que esperaba pacientemente a que alguien entregara su cabeza, ahora lo acompaña por todo el mundo dando lecciones de paz.

No somos grandes amigos ni confidentes pero convivimos y nos respetamos y eso, que parece imposible, es lo que queremos que suceda aquí .

Un general en la mira Ella tenía ocho meses de embarazo y estaba al mando de uno de los frentes guerrilleros del Farabundo Marti en el Salvador, cuando un ataque del Ejército los emboscó en medio de la espesa selva.

La Guadalupe , como la llamaba el Ejército, combatió con sus hombres, y un bebé a bordo, contra el general Mauricio Vargas, su principal enemigo, durante varias horas. Salió ilesa, como siempre, pues nunca tuvo una herida a pesar de los 26 años que permaneció en las filas de la subversión, pero ese fue uno de los combates en donde arriesgó su vida, y la de su primera hija.

Sin embargo, Guadalupe Martínez no se alejó de la lucha guerrillera ni en ese, ni en ninguno de los dos embarazos siguientes. Para ella, sus hijos fueron un aliciente más en la lucha, pues quería dejarles un país mejor .

Pero de la madre combatiente a la estudiante de medicina que un día dejó la universidad para hacer propaganda política en contra del régimen militar en El Salvador, hay un largo camino revolucionario.

Más por casualidad que por convicción, dejó la carrera de medicina en el cuarto año, para repartir panfletos y pegar carteles de manera clandestina en las calles de San Salvador. Una noche, cuando se disponía a esconder a un compañero revolucionario en su casa, su vida cambió.

De la estudiante ingenua y soñadora que distribuía propaganda política en las zonas urbanas pasó a ser una de las confidentes del grupo que hacía resistencia, pues hasta entonces no sabía a ciencia cierta que la oposición estaba empezando a gestarse en su país.

Y como la vida clandestina no compaginaba con la medicina, decidió seguir sus instintos políticos y abandonó los libros de anatomía. Durante dos años se movió en medio de las reuniones revolucionarias hasta cuando un día, en 1976, fue secuestrada y encarcelada en los calabozos de la guardia nacional.

Allí permaneció un año. Durante ese tiempo fue declarada como desaparecida, mientras su padre, un militar retirado de la Fuerza Aérea, la buscó incansablemente.

Solo un canje permitió la liberación de Guadalupe. Su grupo secuestró a uno de los industriales más importantes de El Salvador, Roberto Poma, para presionar la liberación de ella.

Después del trueque , ella salió para el exterior. Estuvo un año en Argelia y Francia mientras su familia seguía pensando que estaba desaparecida. En esa época se casó con un compañero de luchas, y desde entonces no se han separado.

Volvió a su país, también de forma clandestina, y empezó su lucha, esta vez armada, al frente de varios escuadrones del grupo guerrillero Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).

Pero para su familia y sus amigos Guadalupe Martínez seguía desaparecida. Una tarde, en medio de una toma de una universidad, que fue transmitida por los noticieros de televisión, su padre la reconoció; a pesar del pasamontañas y del pañuelo en la boca, él supo que aquella mujer con uniforme oliva del Fmnl era su hija.

Pero no se pudieron encontrar entonces. El mayor de sus hermanos y la esposa fueron asesinados y su familia fue perseguida. Los otros dos hermanos tuvieron que salir del país. Su papá, por el contrario, siempre la esperó.

Sus hijos nacieron en Costa Rica y allí estuvieron bajo el cuidado de una amiga, mientras Guadalupe y su esposo seguían en medio del fragor de las batallas.

Durante 20 años combatió a un oficial que la desvelaba, el general Mauricio Vargas, considerado por la guerrilla como uno de los troperos más bravos. Sin embargo, desde entonces ellos mismos reconocían que Vargas tenía una gran aceptación en la población civil porque él respetaba los derechos humanos.

Su objetivo seguía puesto en grupo del general Vargas. Sin embargo, sólo se pudo encontrar con él en un ambiente de tensa paz.

Después de haber huido de sus tropas y de tenerlo en la mira de sus combates, estaban frente a frente, en medio de una mesa de negociación, con una posibilidad de diálogo, a cambio de sus armas.

Durante los dos años que duraron las conversaciones se fueron conociendo. Para ella dejó del ser el general Vargas y se convirtió en Mauricio , como lo llama ahora. Desde hace seis años comparten escenarios comunes en donde le cuentan al mundo cómo hicieron la paz ellos dos, y su país.

Con su padre solo pudo verse 20 años después, cuando se reinsertó a la vida civil. Anciano y enfermó, aquel oficial de la Fuerza Aérea la volvió a ver. Conoció a sus tres nietos y un mes después, murió.

En julio pasado, ella se graduó, 30 años después de haber iniciado la carrera.

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