IBAMOS POR LOS SECUESTRADOS

IBAMOS POR LOS SECUESTRADOS

El primer disparo de la guerrilla se escuchó desde la margen izquierda del río Chocó, el pasado viernes 14 de agosto, pocos minutos después de que 200 hombres de una patrulla de la Brigada 17, asignada a la base de Pavarandó, logró cruzar la corriente fluvial.

18 de agosto 1998 , 12:00 a.m.

Las patrulla llevaba siete días de operaciones y avanzaba con una misión clara e indelegable: rescatar a nueve soldados que habían sido secuestrados por miembros del bloque José María Córdoba de las Farc.

Empezó una refriega que pensamos no iba a durar mucho tiempo, pero nunca nos imaginamos que la cosa se iba a poner peor , relató ayer uno de los soldados heridos durante los intensos combates que durante tres días se registraron en el sitio conocido como Tamboral y que, según cifras militares, dejaron un saldo de 36 soldados y 66 guerrilleros muertos y 24 militares heridos.

Los miembros de la patrulla, al mando del capitán César Morales Ramírez, habían salido el sábado 8 de agosto de la base militar de Pavarandó, ubicada a tres horas por tierra desde Apartadó.

Llevaban la orden perentoria de rescatar a los nueve soldados secuestrados. Después de salir, no podían retroceder. Sobre todo, con la información de inteligencia militar que señalaba la presencia de un campamento de las Farc entre los ríos Chocó, Urada y Antadía, donde posiblemente se encontraban los prisioneros de guerra .

Durante el desplazamiento del jueves 13 en la mañana cuenta uno de los soldados encontramos unos rastros de guerrilleros, pero no podíamos establecer cuántos conformaban el grupo porque el terreno era fangoso .

Al caer la tarde agrega hicimos el cruce del río Chocó de norte y sur. Allí tomamos un descanso con todas las medidas de seguridad y dormimos en el sitio - Al día siguiente prosigue el soldado cuando tomamos la iniciativa de hacer el desplazamiento, a eso de las siete de la mañana, tomamos contacto con un grupo de guerrilleros, pero no lográbamos determinar con certeza su capacidad numérica. Recuerdo que combatimos durante todo el día y de manera intensa. Después pudimos establecer que eran demasiados y por eso se sentían seguros de tomarnos ventaja. Desafortunadamente mi capitán Morales fue el primero de los heridos .

Otro de los soldados heridos interrumpe a su compañero y cuenta que tras ser herido el oficial, se escuchó por uno de los radios la orden de repliegue ante la superioridad número del enemigo (eran más de 600).

Eran niños Cuando vi a mi capitán que estaba herido y que no podía caminar, me dieron ánimos de luchar hasta el final, a pesar de que de todas partes salían muchachos como granos de maíz y se venían en montón. La guerrilla mandaba niños y niñas adelante. Parecían dopados y nos gritaban que nos entregáramos , dice el joven militar .

Uno veía que caían porque disparábamos y nos les dábamos tiempo de que se acercaran. Salía un grupo de guerrilleros y luego otro y otro, pero nosotros resistimos cubriendo a mi capitán. Así estuvimos más o menos hasta las cinco y treinta de la tarde, cuando logramos sacarlos a él y a cuatro heridos más , agrega.

La orden de replegarnos prosigue fue una maniobra para reorganizarnos nuevamente y con el fin de ir sacando a los heridos... en ningún momento para abandonar el sitio y a los compañeros. Si nos quedábamos allí, le estábamos dando una oportunidad a la guerrilla para que nos masacrara .

...Y logramos salir Nuevamente cruzamos el río. Esta vez de sur a norte , afirma el soldado. Este fue el momento en que la patrulla se dividió en varios grupos. Yo salí con un oficial y 33 soldados y tratamos de alcanzar la parte norte del río, que es hacia donde se encuentra Pavarandó .

Un teniente recuerda que caminaron desde las 3:30 de la tarde del viernes y que el desplazamiento se hizo difícil porque llevaban consigo a nueve heridos a campo traviesa por un terreno selvático. Por el camino encontraron cadáveres de miembros de las Farc y por fin pudieron tener una idea clara de la ferocidad de los combates.

Cada vez que avanzábamos recuerda el teniente los soldados señalaban los cuerpos de guerrilleros tirados en la espesura de la selva. Sus cuerpos estaban abandonados en el área de combate, en las riberas de los ríos.

Fue una experiencia dura y un combate violento... un combate en el que usted no podía ni levantar la cabeza porque le caía una lluvia de fuego. Nosotros respondíamos con lo que teníamos. Nos ubicamos en varios flancos y así rompimos el cerco de la guerrilla. Logramos cruzar nuevamente el río y seguimos avanzando , cuenta el oficial.

Lo primero que hicimos después de romper el cerco y ante las condiciones tan difíciles, aseguró otro soldado, fue encontrar un sitio seguro. A las 6:30 de la tarde del sábado pudimos acampar y pudimos dormir allí hasta el día siguiente. A las cinco de la mañana reiniciamos el desplazamiento y llegamos a Pavarandó a las 12:30 del día. Fuimos el segundo grupo que llegó a la base. Salimos de esa pesadilla... .

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