UN DÍA DE REVOLUCIÓN Y AGITACIÓN PARA WASHINGTON

UN DÍA DE REVOLUCIÓN Y AGITACIÓN PARA WASHINGTON

Mientras Bill Clinton, atrincherado en la Casa Blanca, se enfrentaba ayer con la jornada más larga y humillante de su presidencia, las calles de la capital estadounidense fueron invadidas por los medios de comunicación y la agitación, presagio de un gran acontecimiento.

18 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

El frenesí empezó en los domicilio de los principales actores del drama: el fiscal especial Kenneth Starr y David Kendall, el abogado personal del presidente.

Luego se trasladó a las entradas de la Casa Blanca que fueron tomadas desde la noche anterior por las cámaras y los periodistas, equipados con sillas, paraguas y sandwiches para poder aguantar una larga espera.

El tribunal federal, donde se reunieron los 23 jurados para escuchar el testimonio del presidente Clinton (ubicado a unas calles de la Casa Blanca), también fue rodeado por los camiones, cámaras y proyectores de los canales de televisión.

Muchos, ajenos al tema, aprovecharon la presencia de la prensa: un hombre intentó mutilarse con un destornillador mientras pedía el levantamiento del embargo que pesa sobre Irak.

En una calle aledaña, un puñado de manifestantes anticlinton enarbolaba carteles, instando a los conductores a sonar la bocina si apoyaban un antejuicio . También había quienes apoyaban al mandatario. Al final de la jornada, los habitantes de Washington estaban seguros de que ese lunes no sería fácil de olvidar.

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