T O R R E LA APERTURA A FUETE

T O R R E LA APERTURA A FUETE

Nadie discute que el primer palo que dio el presidente Gaviria, antes de posesionarse el pasado 7 de agosto, fue el nombramiento de Ernesto Samper como ministro de Desarrollo. Pues aunque por diversas razones se rumoraba insistentemente que Samper habría de figurar en el nuevo gabinete, lo que muy pocos imaginaron --comenzando quienes conformaban el equipo económico del candidato Gaviria-- es que el jefe del Estado designara a una de sus contrapartes electorales en una cartera no política sino técnica, estrechamente relacionada con estrategias futuras e inmediatas en el campo de las estadísticas y los números. Y menos todavía pensaron algunos que Gaviria podía ofrecerle a Samper el ministerio de Desarrollo, cuando había sido evidente que, durante la campaña previa a la consulta liberal, los criterios de uno y otro fueron bastante distintos, si no encontrados. Sinembargo, pese a estas consideraciones, el primer mandatario resolvió darse ese lapo, talvez bajo la saludable creencia de

26 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

No es, por lo demás, la primera vez que el ministro de Hacienda discrepa de lo que piensa el de Desarrollo --y viceversa--. Siempre he creído que, de alguna manera, tales funcionarios no pueden coincidir, en la mayoría de las apreciaciones sobre los temas que les competen, en razón de que los intereses que cada cual defiende por principio se oponen. El problema es que aquí las tradicionales relaciones tirantes entre los titulares de Hacienda y Desarrollo esta vez se han acelerado, precipitándose no solo puertas para adentro sino también para fuera. Que es la parte delicada del asunto. Hasta donde entiendo, Samper definitivamente es partidario de una apertura económica gradual y concertada, contrario a lo que desean los pregoneros de la nueva derecha, fortalecidos además en su pensamiento por lo que en este aspecto ordena el Banco Mundial. Por qué la apertura se tiene que hacer a las malas, con tratamientos de choque? Sinembargo, tampoco es un secreto que la colombiana ha sido una industria superprotegida desde hace más de medio siglo. Aún más, casi todos coincidimos en que ha sido sobreprotegida, lo cual se ha traducido en ineficiencia y carestía, ante la falta de competitividad. Obviamente que soltar las amarras de un porrazo puede acabar bruscamente con lo mucho o poco que de industria tenemos, y hay quienes piensan que ese es el riesgo que, para bien de los consumidores, hay que correr: el riesgo de que se quiebren unas cuantas empresas, generando desempleos masivos, con tal de que muy al final de cuentas el bolsillo de los colombianos sea el ganador...

Eso, naturalmente, tiene unos costos sociales y laborales, como bien se desprende de la experiencia de Pinochet, con mayores veras cuando la cosa es con democracia de por medio, y no con mano dura. Costos que, a mi juicio, un gobernante debería ponderar antes de asumirlos, mucho más con las actuales amenazas de desestabilización que vive el país.

La cuestión es la coyuntura especialísima que atraviesa Colombia en la actualidad. Próximos como estamos a embarcarnos todos en la carabela de la Constituyente (o en el embeleco , según los más escépticos), no puede negarse que el Gobierno de Gaviria y el partido liberal no solo se juegan su suerte en este foro magno, sino muchas responsabilidades. Por ejemplo, la de mantener unas mayorías políticas que, por esas mismas razones coyunturales, otros grupos inusitadamente podrían arrebatarle, ante las alzas desbordadas de los últimos días. Menos la de los sueldos, que solo se producen una vez al año, al contrario de todas las otras...

En consecuencia: puede el Gobierno darse el lujo de asumir esos costos, y sus inevitables repercusiones, con la Constituyente de por medio? Es de meditarlo! El ex presidente López lo intuye sabiamente, cuando, además de los pasos privatizadores que se están dando para hacer la apertura económica, advierte en Semana que el Gobierno ha tenido que tomar una serie de medidas impopulares que han requerido valor político, como son el reajuste de las tarifas eléctricas, el aumento del IVA, la política antiinflacionaria, etc. Estas medidas, que eran necesarias, obviamente les ha costado capital político al presidente y a su partido. Y esta disminución de capital puede incidir en el número de acciones con que llegue el liberalismo a la Asamblea Constituyente .

El enfrentamiento lógico entre Hommes y Samper se ha visto además acrecentado por las permanentes fricciones entre los colaboradores de uno y otro, y por las posiciones muchas veces obstinadas, o resentidas, de sus asesores. Sí, la internacionalización de la economía es un hecho; pero en lo único que a mi juicio no se puede equivocar la Administración es en la velocidad de la apertura. No solo porque el presidente anunció que ésta iba a ser gradual sino porque exponer la economía colombiana a tales electrochoques (sin puertos ni carreteras adecuadas, sin reconversión industrial ni renovación tecnológica de nuestras fábricas), tácitamente implica que el proceso va a ser más para adentro que para afuera. Que es la justificada preocupación del ministro de Desarrollo, funcionario institucionalmente encargado de velar por los intereses de todos nuestros empresarios --grandes, medianos y pequeños--, independientemente de que su condición política le permite poseer un olfato mucho más aproximado y sensible a las realidades del país que el que derrochan ciertos tecnócratas encerrados en sus cuatro paredes.

Aunque intuyo --por ventura-- que eso lo sabe Gaviria.

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