LA PRESENTACIÓN DE DANCE LIGHT MUSIC EL TIC-TAC TIC-TAC DE LA DANZA...

LA PRESENTACIÓN DE DANCE LIGHT MUSIC EL TIC-TAC TIC-TAC DE LA DANZA...

Una luz amarilla cae sobre una grabadora, muerta, apagada perdón! Un hombre rubio saca una baraja y comienza a jugar solitario. Acciona el aparato y dos mujeres danzan en círculos maravillosos, exactos y pulcros en el escenario. Son los integrantes de Dance Light Music, el grupo suizo que presentó la obra Jay, Enferme, Who Counts en el IV Festival de Danza Contemporánea en Bogotá.

26 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Dominique Gabella, Regula Gadient, Julie Donnadieu y Michael Thatcher, demuestran una técnica artística sofisticada: luces amarillentas pasan de la claridad a la penumbra. O unos azules que por un momento nos recuerdan el cielo.

Las luces son preciosas: blancos que engrandecen el escenario o lo dejan sumido en un punto negro.

El grupo viene trabajando hace dos años y la idea original es la mezcla entre coreografía y música. Además tienen la influencia del ballet clásico y la técnica Graham que fue una de las precursoras de la danza moderna.

Preciosismo y... el hombre sigue jugando cartas y no se percata de la presencia de dos aves hembras que aletean a su alrededor en un perfecto sincronismo.

Semejan muñecas de cristal, ni el aire las toca. Relojitos caminando bellamente en la vida. La música va al compás exacto de sus movimientos. No es danza teatro es una danza música.

El grado de tensión --exagerado en el tiempo-- es el hombre insensible que definitivamente está lejos de todos. Sigue imperturbable jugando cartas hasta que la oscuridad lo devora.

Para el público latinoamericano que asistió a la función faltó corazón. La coherencia es formal y el ritmo es técnico, y los europeos nos sumergen en una intensa frialdad.

En la segunda coreografía avanzamos en dramatismo. Dominique Gabelle ejecuta un excelente monólogo con el cuerpo. La bailarina se torna en una mariposa cristalina que nos deja tras el apagón hermoso de una luz blanca.

La pasión interior de los bailarines queda encerrada en sus cuerpos. No hay transgresión como en la presentación del grupo argentino El Descueve, ni sacudimiento de tierra como el grupo mexicano Barro Rojo.

Se percibe una soledad que huye al contacto. Los protagonistas no se tocan (no el manoseo insulso), sino el roce vital de la piel. Y casi ni se miran.

Tenemos piezas más cálidas. Esto no quiere decir que todo el mundo sea frío en Suiza , dice Dominique Gabelle, quien confiesa que está viviendo un momento de introspección especial.

La presentación de los suizos es un espectáculo para los ojos: el encantamiento de la sincronización. Pero la expresividad es hermética y el espectador permanece fuera de ellos, observando únicamente la pureza de la forma.

Después el tic...tac...tic...tac... se esfuma en la noche.

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