JUAN MANUEL SANTOS

JUAN MANUEL SANTOS

Si bien es cierto que nos unen relaciones de amistad y familia con Juan Manuel Santos, no por ello debemos abstenernos de comentar sobre el par de decisiones trascendentales que dio a conocer el día de ayer. Son dos estupendas noticias para el bienestar del país.

21 de enero 1998 , 12:00 a. m.

La no aceptación por parte de Santos de la jefatura única del partido liberal - una posición privilegiada que le hubiera dado un enorme poder y lo hubiera consolidado en el primer lugar de la fila hacia la Presidencia en el 2002 - es una muestra de la lealtad monolítica con sus principios.

Para nadie es un secreto que esa aceptación hubiera sido un espaldarazo al candidato del continuismo, al delfín de Samper. Santos no podía apoyar ni directa ni indirectamente al principal cómplice de la permanencia de Samper en el poder. Porque fue el ex designado el primer dirigente importante del país en retirarle su confianza al primer mandatario, al darse cuenta de que llegó al poder con el dinero del narcotráfico y que estaba haciendo toda suerte de vagabunderías para conservar su espurio título. Respaldar a Serpa entonces hubiera sido una enorme contradicción, cosa que no ha sucedido en la corta pero intensa y brillante vida pública de Santos.

Pero incluso más importante aún que no servir de catapulta a las aspiraciones del ex ministro de Samper, fue la decisión de Santos de entregarse de lleno a la causa de la paz. Conociendo su sólida preparación, su disciplina y perseverancia, su inquebrantable fe, sus habilidades de negociador, la confianza que le merece a las partes en conflicto y a personalidades nacionales y extranjeras interesadas en servir a la causa de la paz, y revestido de la autoridad moral que todos sus actos le confieren, estamos seguros de que Santos será el principal catalizador del éxito de un proceso difícil y largo pero que Colombia debe iniciar de inmediato.

Santos acaba de dar una lección de grandeza, de dignidad, de sacrificio - el bienestar colectivo por encima de las ambiciones personales - y eso tarde o temprano Dios y la Nación entera se lo premiará.

Santos ha confirmado que tiene la talla moral e intelectual para ser el gran líder de Colombia en los albores del siglo XXI.

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