CRECIMIENTO BRUTO

Una de esas mañanas gélidas en la ex Atenas Suramericana. El grupo infortunado de madrugadores enfrenta el tráfico de la séptima. Un muchacho de una de las obras que ornamentan el cerro como prueba del vigor de la construcción y la creatividad del urbanismo capitalino, cruza mirando hacia la dirección habitual de la tromba. Los del separador no alcanzan a salvarlo del contraflujo. El ruido sordo bajo la llanta y de lata estripada, el frenón, el cuerpo que se arrastra por lo menos con la cadera y las piernas rotas, el conductor anonadado. Cargan y se van al otro horror: el Seguro, la clínica donde quién sabe, la inspección... Otra cifra en la estadística del costo humano de otro experimento para aplacar al dios de la civilización, el autómovil, al que progresivamente se ha y habrá que sacrificar la calle, el verde, el oxígeno, la ciudad. Otra batalla perdida. Más en una ciudad donde intereses o incapacidad han impedido alternativas para la movilización masiva. El holocausto incalific

16 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Pero no todo es trágico. El futuro del presidente tiene su ventaja. Imagine el lector paciente un barrio donde antes se oían trinos en la mañana, sacaban a pipisear los perros por ahí y los niños jugaban balón los domingos. Hasta cuando un tecnócrata de esos determinó que la calle de barrio debía metamorfosearse en autopista, para que los ejecutivos llegaran raudos a su chanfa. Hoy un conocido entretiene su jubilación y su insomnio oyendo descender día y noche del cerro masacrado el cortejo infinito de tractomulas y camiones, que mugen y se abalanzan indistintamente sobre señora inexperta, comitiva de funcionario prepotente o doncel en carro de papi.

El desfile del progreso. En ninguna calle de ciudad de veras se admite tráfico pesado permanente. Para eso hay o periféricos o terminales donde trasbordan a vehículo liviano u otros sistemas del desarrollo. O calles o carreteras. Pero entonces, cómo agrandar la selva de concreto, los puentes y autopistas? Hasta que la ciudad reviente. El progreso, no faltaba más! Que ya pavimenta el firmamento. La modernización del presidente. Pero aquí sin ilustración. Sin la evolución mental y social que la dirigió en el norte. Ilustración sin la cual el crecimiento es eso, bruto. El desarrollismo sin inteligencia del mundo atrasado. La modernización a la que por lo menos, además de corazón, habría que ponerle cerebro. Crecimiento sin calidad de vida, sin siquiera el humanismo diletante que hubo en otro tiempo en los recintos del poder nacional. Donde hoy dominan plutocracia y arribismo.

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