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NO CREO QUE ESTO SE ARREGLE A BALA

NO CREO QUE ESTO SE ARREGLE A BALA

El presidente Gaviria y su ministro de Gobierno han ingresado más y más al país en el túnel oscuro de la guerra. Las medidas de esta última semana. Las declaraciones de uno y otro son las del triunfalista de la guerra, del engolosinado con la guerra que cree a pie juntilla que los resultados son positivos y que lo que hacía falta en Colombia era dar más bala, armar más el ejército, y manejar la información, es decir, la desinformación.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Por un pacto, a mi parecer suicida, los colombianos decidimos no dar noticias de la guerra y así minimizar sus efectos reales hasta crear en el gobernante la falsa idea de que los enemigos de las fuerzas constitucionales van perdiendo la batalla. Las medidas adoptadas no las ha medido en toda su intensidad el pueblo colombiano porque nadie quiere analizarlas y porque todos, cansados de no tener soluciones en un enfrentamiento de tantos años, se esperanzan con la idea de más bala que les vende el presidente Gaviria. Suspender 160 mil millones del presupuesto de Obras públicas para ingresarlos al barril sin fondo de la compra de armamentos o la creación de ejércitos profesionales, a sueldo, es cambiar la posibilidad de ver gente empleada en la construcción de carreteras por verla empleada de policías o de soldados. Seguir girando alrededor de la idea de que esta guerra la va a ganar el gobierno constitucional cuando todos los colombianos sabemos que somos nosotros los que estamos perdiendo, es hacerle el juego a los belicistas, a los que siempre han querido arreglar los problemas de este país a balas o con bombas. Creer que las batallas contra la guerrilla se ganan porque los periódicos o la radio no informan de sus desplazamientos o de sus torpezas, es una ilusión a la que el gobernante siempre ha jugado en Colombia. No es una censura impuesta como la de los años de la violencia del 50, es una censura impuesta por la complicidad con la guerra. Un silencio vergonzante. Creer que la única solución a la guerra es seguir dando más guerra es pensar con el criterio con que pensaban los líderes colombianos del siglo pasado que vivían en una sola guerra y atrasaron al país de manera impresionante. Creer que la economía se sostendrá creando más frentes de guerra o dándole empleo a diez mil policías o diez mil soldados a sueldo, es tapar el sol con las manos y no pensar todo lo que se afecta la producción cuando los frentes de batalla se generalizan. Probablemente yo sea el único colombiano que se atreve a decir en voz alta que no comparte la actitud del presidente Gaviria con la guerra, pero estoy seguro que miles y miles de lectores de esta nota comparten conmigo, el silencio, el criterio de que esta guerra no se arregla a bala. Debemos buscarle una salida, exigirsela al presidente y, sobre todo, que no decrete a motu propio, sin discusión en el parlamento, una guerra que los colombianos no comparten. La guerra hace daño, mucho más daño que la paz.

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