HAY FISCALÍA

Sin mermar ni mucho menos eludir las investigaciones del famoso proceso Ocho Mil, el Fiscal Alfonso Gómez Méndez le ha dado todo un giro a su despacho.

08 de julio 1998 , 12:00 a. m.

En efecto, es inocultable el poder que la Constitución del 91 le otorgó a la Fiscalía General de la Nación. El solo hecho de tener la capacidad de dictar medidas de aseguramiento y llamamientos a juicio, independientemente de absolver o condenar a una persona, hace que el poder de su titular sea casi omnímodo; y, mal utilizado, evidentemente lo torna temible.

Gómez Méndez no obstante les ha dado un giro rigurosamente jurídico a las investigaciones, para acabar de tajo con esa tendencia politizada de la justicia-espectáculo. Para mí que es fácil perseguir políticos y meterlos a la cárcel. Es más: se trata de una conducta efectista y muy taquillera. Y aunque en modo alguno estoy diciendo que si incurrieron en algún delito su actitud debe pasarse por alto, lo claro es que remitir políticos a la guandoca es mucho más facilista que meterse con los grandes cacaos de la criminalidad.

Tal es lo que ha hecho el nuevo Fiscal: desde cuando se posesionó del cargo, empezó a meterle julepe a la investigación sobre el asesinato de Alvaro Gómez; investigación que según entiendo va disparada en materia de obtener resultados. Libró además auto de detención contra Víctor Carranza, por presuntas vinculaciones con grupos paramilitares. Medida semejante dictó contra Carlos Castaño, otro de los jefes paramilitares. Pero además, lo que ha enaltecido su trabajo de pesquisa e investigación es el hecho de que Gómez Méndez no se ha dejado encasillar con nadie ni con nada. Pues igual determinación tomó recientemente frente a la cúpula de las Farc, al propio tiempo que ha manifestado que la única razón que como Fiscal le impide participar en los diálogos de Maguncia (o en cualesquiera otros) es que, de hacerlo, estaría obligado a capturar a quienes en nombre de la guerrilla tendrán asiento en dichos diálogos, mas no por ello están exonerados ni hasta ahora amnistiados de sus responsabilidades penales.

Empero, por otra parte, Alfonso Gómez no se ha olvidado para nada del proceso Ocho Mil, sino al contrario. Bajo su mando se han adelantado, efectivamente, investigaciones (lamentables y dolorosas) como en los casos de Mauricio Guzmán y del mismísimo ex contralor David Turbay, frente a quien el Procurador antiguo apoderado suyo le ha solicitado a la Fiscalía llamarlo a juicio, según las pruebas del Ministerio Público.

Pero también se ha hecho justicia, en la medida en que han logrado despolitizarse o despersonalizarse de ribetes políticos determinados casos. El más elocuente de ellos es sin duda el de Juan Manuel Avella, quien no quiso nunca negociar su pena con la anterior Fiscalía, con el argumento respetable y convincente de que la inocencia no se negocia . Ya se sabe que Avella fue tentado en más de una ocasión para que involucrara directamente en el proceso al presidente Samper, enlodándolo de alguna forma; él siempre se abstuvo, a costa, esa decisión, de muchos meses de cárcel. Meses terribles y larguísimos en los cuales sinembargo Avella no sólo no claudicó sino que mantuvo siempre su frente en alto, pese a los costos personales que les generó a él y a su familia semejante actitud enhiesta.

De manera que el país puede estar tranquilo, en el sentido de que hay Fiscal en la Fiscalía. De que, en sus gestiones, dicho Fiscal ha procurado mantener un papel no protagónico. Ha evitado mojar prensa las más de las veces. Y, sobre todo, ha encauzado las labores atinentes a su despacho por un rumbo transparentemente jurídico. Que algunas de sus decisiones tengan connotaciones políticas por los personajes involucrados, como en el caso de Alvaro Leyva, es otra cosa. Mas existe la certidumbre de que desde tan altos poderes se está obrando sin consideraciones partidistas de ningún tipo y ni siquiera ideológicas, a no ser la voluntad resuelta de luchar por la defensa de los derechos humanos, escudriñando para ello a sectores aislados del Ejército. Lo que ha provocado explicables pero no justificables reacciones. Y las seguirá suscitando, inevitablemente.

Pero sobre todo sobre todo la opinión tiene la garantía por él ofrecida de que Alfonso Gómez Méndez no va a lanzarse a la Presidencia ni a ningún otro cargo, utilizando la Fiscalía con fines protervos ni torticeros, a manera de gran trampolín. No.

En su cúpula hay un jurista bien rodeado de juristas; no un político asesorado por politiqueros de la justicia. Que es en donde éstos le han causado mayores peligros a una sociedad frecuentemente inerme ante los propios poderes institucionales, cuando son manejados por mentes ambiciosas, egoístas y arbitrarias

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