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FRUSTRACIÓN COMO DIVISA

FRUSTRACIÓN COMO DIVISA

Es posible que hace treinta años nadie sospechara que la revuelta estudiantil que sacudió la vida parisina varios días del mes de mayo de 1968 sería recordada como un punto obligado de referencia de la historia contemporánea. Para los franceses, aquello no tuvo en su momento tanta trascendencia, excepto para el general De Gaulle, quien sí vio en esos acontecimientos la chispa de algo más serio, que pudo incluso hacer tambalear los cimientos de la Quinta República.

Pero las cosas transcurrieron como otro de los episodios violentos de la ciudad, en los cuales los estudiantes embadurnaron sus paredes con novedosas consignas ( La imaginación al poder fue la más memorable) y se trenzaron en serias trifulcas con la policía desde las barricadas que se levantaron en el Barrio Latino, para abandonar después la lucha, sin que tal abandono pudiera atribuirse a la acción represiva del gobierno. Tan es así que los refuerzos solicitados por el general De Gaulle resultaron innecesarios. Los muchachos, a quienes dejaron solos sus amigos comunistas y sindicalistas, se cansaron de vociferar y de lanzar piedras y se fueron para sus casas.

La clave de la importancia que se le ha dado al mayo francés está en el antes y en el después. En sus orígenes y consecuencias. Qué lo desata? Estalla como un grande finale de una serie de acontecimientos que vienen provocando una toma de conciencia política de la juventud. Se trata, evidentemente, del siguiente acto de la insurgencia que por primera vez, y como producto del fenómeno de las modernas comunicaciones, logra conectar, a través de similares señas de identidad (pelo largo, rock, Marcuse y la droga) a millones de muchachos en todo el mundo que exhiben en la mirada el inequívoco signo de la frustración como divisa.

La guerra de Vietnam es, sin duda, el detonante. La encolerizada protesta de los jóvenes estadounidenses contra una guerra absurda y de antemano perdida, la cual los utiliza como carne de cañón, se extiende como una onda sísmica por todas partes y encuentra especial acústica en los campus universitarios. A raíz de ello pareciera que todas las bases éticas, filosóficas e ideológicas que rigen a la sociedad quedan en cuarentena, bajo sospecha. Desconfiad de la gente mayor de treinta años , es una cruel consigna que se pone de moda.

Playa bajo los adoquines Es la ruptura con todo lo circundante. Se devalúan los catecismos y los mitos. El hombre unidimensional de Marcuse desplaza a El Capital de Marx. Y los héroes ya no son los de siempre, sino que surgen, como nuevos profetas, desde Africa, Asia y América Latina. Por eso, un día se encuentran compartiendo el mismo poster, Lumumba, Ho-Chi-Min y el Che Guevara. La proclama universal es hacer el amor en vez de la guerra. La palabra liberación se hace preponderante en todos los idiomas y monopoliza la retórica contestataria. Y el LSD se ofrece como ticket de ida para quienes quieren liberarse de sí mismos.

En abril del año anterior muere asesinado Martin Luther King, el líder negro de los derechos civiles en E.U. Robert Kennedy recoge sus banderas y cae también abaleado pocos meses después. El Che Guevara es acorralado y muerto en las montañas de Bolivia. Estalla entonces, en abril del 68, la Primavera de Praga , una prematura perestroika que es aplastada por los tanques soviéticos de Breznev. Y mientras en París se hacen los preparativos para negociar una salida de las tropas estadounidenses de Vietnam, la voz casi adolescente de Cohn-Bendit, el líder de los estudiantes franceses, se alza como un trueno para convocar a ese tercero y culminante acto. Después del cual baja el telón, a pesar de que, meses más tarde, se monta en México un melancólico y trágico bis. (La siguiente puesta en escena habría de ser, al año siguiente, el arribo del hombre a la Luna, con el cual se sella apoteósicamente aquella década prodigiosa).

Bajo los adoquines de la calle está la playa , cantaban, a manera de himno, los revolucionarios de mayo. Pero lo cierto fue que bajo los adoquines sólo estaban las cloacas, en las cuales naufragaron sus sueños. Hoy, treinta años después, ellos, atravesando la cincuentena de sus vidas, han sido devorados por el tiempo. Muchos han terminado, como suele ocurrir, apoltronados en la burocracia del orden establecido contra el cual insurgieron. Pero a favor suyo hay que decir que a partir de su célebre revuelta el mundo no volvió a ser igual. El mayo del 68 marcó una línea que dividió en dos la historia.

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