LAS ESCUELAS DEL TECHO DE BOGOTÁ

LAS ESCUELAS DEL TECHO DE BOGOTÁ

El 5 de mayo pasado, justo un día después de haber entrado a clases, Elver Tula Hernández llegó a su casa del barrio Caracolí a las 12:35 p.m. y desde la puerta gritó con orgullo gut morning .

24 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Las palabras de Elver, un niño de 13 años, llegaron a la parte trasera de la casa, donde su mamá sólo atinó a arrugar la cara. Que qué respondió la mujer. Gut morning , repitió Elver.

Como seguía sin entender, el niño le explicó que era el saludo mañanero en inglés y que lo había aprendido en el Centro Educativo Amigos de la Naturaleza (Cean), en la parte alta de Ciudad Bolívar.

Esas palabras fue lo primero que la patrullera Floralba Gutiérrez les enseñó a decir en inglés a los 30 alumnos de quinto de primaria de esa escuela, una de las tres que tiene bajo su orientación la Estación de Policía de la localidad.

El Cean, donde estudian 540 alumnos en dos jornadas, es el más nuevo y privilegiado de estos centros escolares. Gracias a una inversión de 25 millones de pesos, entregados en 1997 por la Policía Metropolitana, se construyeron 6 salones, una aula múltiple y una sala de profesores.

Las otras dos escuelas, las de Bellaflor y Santa Viviana, se sostienen con el apoyo de la Policía local y de monseñor Alfonso Garavito.

Las tres tienen características comunes: niños de las zonas marginales, apoyo insuficiente del Gobierno, los profesores son auxiliares bachilleres y, principalmente, la necesidad de su legalización.

La patrullera Sonia Mercado Arregocés, que está a cargo de la coordinación del programa, dice que tienen preparado el Proyecto Educativo Institucional (PEI) y la documentación necesaria, pero aún no poseen el aval de la Secretaría de Educación Distrital (SED).

Sin embargo, los alumnos que terminen quinto grado pueden pasar a la secundaria, para lo cual existen convenios con los colegios distritales de la zona.

Acá aprenden lo mismo que en una escuela normal. Eso sí, con énfasis en el civismo y el respeto , explica el comandante de Policía, coronel Jaime Leal Ospina.

Un sólo ejemplo de esto es Carlos Alberto Parra, de 8 años. Las primeras semanas de clases le contestaba mal a los maestros y hoy es totalmente diferente, incluso, cuando va a pedir plata en los barrios cercanos y ve la bandera de Colombia, la saluda en posición firme.

Nació una vocación Unos 5 kilómetros más adelante, en el barrio Bellaflor, está la escuela María Auxiliadora, a donde asisten 165 niños.

El sonido de un silbato indica la finalización de la jornada. Cerca de 150 escolares se ponen en fila para ingresar a un pequeño salón donde por 250 pesos les dan un almuerzo.

Allí está el rector, Edwin Antonio, que de lunes a sábado se levanta a las 4:30 a.m. para llegar a tiempo a la escuela desde su casa, en Suba.

En 1996 Antonio era uno de los auxiliares que dictaban las clases en Bellaflor. Al terminar su período y graduarse del colegio, el sacerdote Alfonso Garavito lo contrató como rector.

Dije que sí porque, cuando les daba clases a los niños, sentí que era mi vocación , recuerda Antonio, de 20 años, que se inscribió en la Universidad Javeriana en Licenciatura en Básica Primaria. Actualmente, cursa el tercer semestre.

Junto a él, seis auxiliares normalistas son los encargados de dictar las clases en Bellaflor, que cuenta con 6 salones y 2 comedores en sus dos edificaciones.

La escuela del barrio Santa Viviana no es muy diferente, aunque es más grande (alberga a 290 estudiantes). Allí también los niños llegan después de subir por los empinados y polvorientos caminos.

A Santa Viviana va Juan Carlos Socha, de 11 años, que lo único que quiere es terminar el quinto grado y aplicar las enseñanzas de los auxiliares.

En total son 32 los bachilleres que dictan las clases en las tres escuelas; además están las patrulleras Mercado y Gutiérrez, que en noviembre se graduará en Licenciatura en Lenguas Modernas.

El coronel Leal dice que esperan el concurso activo de la SED. Deseamos mejorar la infraestructura de las escuelas y también los aspectos pedagógicos para que los niños tengan más posibilidades , explica el oficial.

Y es que son muchas las necesidades de las tres escuelas, pues la mayoría de las veces es a la Policía, a los padres de familia y a los niños a quienes les toca comprar el material didáctico.

Uno de ellos es Elver, que no se quiere perder la clase de inglés y menos ahora, cuando les enseñaron la canción de los 10 indiecitos.

Por eso, desde hace una semana, llega cantando a su casa uan lidol, tu lidol, tri lidol indian...for lidol. faiv lidol, six lidol indian .

Claro que su mamá ya no lo mira extrañada. Ahora lo entiende, a su manera.

Más proyectos Hace cuatro años, cuando la Policía empezó a entrar a la parte alta de Ciudad Bolívar, no era fácil transitar por las calles.

Así lo recuerda el subcomandante de la Estación, mayor Rigoberto Rojas Sandoval, quien hizo parte de ese proceso. Era muy difícil pues existía una gran desconfianza en la fuerza pública; entonces con el programa de bachilleres fuimos haciendo presencia a través de labores cívico policiales , dijo el oficial.

A medida que la comunidad fue acogiendo a la Policía, se incrementaron los programas de esta institución.

Hace cuatro años se decidió abrir las escuelas como un medio para que los niños no estuvieran en las calles, pues sus padres todo el día estaban trabajando. Simultáneamente se hacían jornadas cívicas de mejoramiento del sector, con lo cual la comunidad comenzó a sentir a la Policía como parte suya , explicó el comandante de la Estación, coronel Jaime Leal.

Actualmente, se está trabajando en el plan Manitas, que consiste en una escuela móvil que dicta charlas de salud, ecológicas y de orientación familiar, entre otros temas.

El coronel Leal dijo que se está diseñando un programa de rehabilitación de pandilleros de la zona. El proyecto contempla la creación de unas microempresas de artículos de aseo y artesanías, que generarán 700 empleos directos

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