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PELIGRA PAZ CON BANDAS JUVENILES

PELIGRA PAZ CON BANDAS JUVENILES

Los pactos de no agresión que lograron consolidarse en la zona noroccidental de Medellín entre bandas de delincuencia juvenil y grupos de milicias, comenzaron a debilitarse un año después de su realización.

En la zona se llevaron a cabo cuatro pactos de convivencia y no agresión en los barrios Castilla, Miramar, Picachito y París, que involucró a 17 de los 36 grupos armados existentes allí.

En la noroccidental, un conglomerado de 55 barrios construidos sobre una de las laderas de Medellín, con unos 420.000 habitantes, el desgaste de una guerra inútil entre sus muchachos, así como la zozobra y el miedo constantes llevó a líderes del barrio a dialogar con ellos hasta alcanzar por lo menos el respeto por la vida del otro, que la droga fuera tirada en lugares menos públicos y que el tránsito fuera libre por todos los sectores.

Para los integrantes de los combos, el problema no son las armas; el silencio de estas debe ir acompañado de propuestas que permitan aliviar la falta de oportunidades de empleo y de condiciones más dignas y humanas para poderse desarrollar en la sociedad.

En Picachito el acuerdo fue entre los combos y las milicias reinsertadas; en Miramar, entre combos; en París, milicias del Eln con una banda del sector, y en Castilla el proceso fue entre bandas.

Menos muertes pero...

La firma de los pactos redundó en menos violencia. El número de muertes violentas se redujo, así lo corroboran las estadísticas.

Mientras en 1996, época de los más feroces enfrentamientos, ocurrieron 496 homicidios, para el año siguiente, tras los pactos, la noroccidental sobresalió sobre las demás zonas de la ciudad por una rebaja del 30,8 por ciento en el número de muertos, es decir, 343.

Sin embargo, desde hace unos tres meses las muertes volvieron a incrementarse y otra vez hay sitios vedados para el tránsito libre de los habitantes de los barrios.

Según el Departamento de Estudios Criminológicos y Apoyo Judicial (Decypol), en el primer trimestre de este año en la zona han sido asesinadas 151 personas.

La gente se volvió a armar para la guerra. Esa dinámica genera más muertes y más robos , dijo Carlos Arcila, uno de los líderes del proceso de convivencia en la zona.

Para el investigador e historiador, los factores que han intervenido en el resquebrajamiento de los pactos de no agresión están explicados por la creciente presencia de organizaciones paramilitares y la creación de las Convivir, que pretenden incidir y controlar a los combos.

En la zona noroccidental entra en juego el poder militar y económico entre las bandas. Las vacunas generan problemas, porque llegan otros a apropiarse de esos pagos. Antes eran las milicias, después los combos y ahora están las organizaciones legales como las Convivir y las ilegales, como los paramilitares, que llegan a prestar esa seguridad , agrega.

Hay desgaste Los líderes comunitarios consideran que el gobierno y la empresa privada han sido tímidos y no parecieron convencidos de las bondades del proceso que se adelantaba.

El resquebrajamiento de los pactos de paz fue denunciado por los propios líderes juveniles de este populoso sector en el Primer Encuentro Municipal de Participación Ciudadana.

Sin embargo, Luis Guillermo Pardo, Asesor de Paz y Convivencia de la Alcaldía de Medellín, si bien admite que es cierto que el proceso ha sufrido un desgaste, considera que los pactos no están rotos ni corren peligro.

Actualmente trabaja en la concertación de un Acuerdo Cooperativo con los líderes de la zona, consistente en ofertas de justicia social de parte del gobierno municipal mediante la creación de un empleo productivo de emergencia y la capacitación de los jóvenes en artes y oficios, para que logren terminar la primaria y la secundaria.

También busca la creación en la zona de una casa para el joven, que sirva para albergarlo allí cuando cometa un delito menor, y otra para que funcione un Centro de Conciliación, donde la comunidad resuelva sus propios conflictos en forma pacífica y concertada.

FOTO: El incremento de muertes en los primeros tres meses de 1998 en los barrios del noroccidente de Medellín hacen temer por el futuro de los pactos de paz firmados.

Edgar Domínguez/EL TIEMPO

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