DE VUELTA A LAS AULAS

DE VUELTA A LAS AULAS

Debe ser una de las pesadillas más populares de estos tiempos: años después de haber salido de la universidad o el colegio, el soñador se entera de que un profesor lo ha llamado a la casa y que algo no marcha bien. El sujeto tiene que volver a presentar un examen o devolver el diploma y se da cuenta, con espanto, de que no es capaz de sumar su compra, mucho menos resolver polinomios de segundo grado.

16 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Bueno, ese retorno al aula materna lo están viviendo los 31 egresados de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional que por estos días exponen en el Tercer Salón de Egresados en el Museo de Arte de la Universidad. Y han vuelto de manera voluntaria a mostrar cómo se ha desarrollado su trabajo después del grado.

Se hizo una convocatoria pública a la que aplicaron 57 egresados , explica María Helena Bernal, curadora del Salón junto a Raúl Cristancho. Habían dos parámetros para poder participar, tenían que haber recibido su diploma entre 1992 y 1996, y la obra debía haberse realizado una vez afuera de la universidad .

Entre las 24 obras seleccionadas hay de todo: pintura, fotografía, instalación y el registro de una performancia (realizada por Constanza Camelo). Caminos muy diferentes unidos por la sola razón de haber pasado al menos cinco años en la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional.

Humor universitario Si acaso hay un aspecto notorio en la muestra (y que no siempre se relaciona con la imagen que da por lo general la Universidad Nacional) es el sentido del humor. Desde la entrada principal, donde el Grupo Invasores del Espacio invade el hall central forrando de árbol las 17 columnas del museo, es evidente el espíritu lúdico de muchos de los trabajos escogidos.

Las pinturas de Olga Lucía García que sobreimponen ideogramas indígenas a figuras de comic; los monumentos religiosos transformados en odas al comercio por Héctor Méndez; los fotomontajes en cibachrome de Alberto Baraya en donde varios miembros del cuerpo aparecen flotando misteriosamente; la instalación de Ricardo González que incluye homenajes a Carlos Jacanamijoy y David Hockney; el mural de Franklin Aguirre donde una matera huye de una par de abejas, y la instalación del grupo Matracas que homenajea a una profesora de colegio, Miss Dora, con pequeñas esculturas con títulos como a-isla-dora , clona-dora y licuadora .

Y además están las pinturas de Félix Castillo que les dan un giro a un par de slogans co merciales y la instalación de Héctor Pabón titulada La rudeza del destete.

Puede verse una poética más cruda pero al mismo tiempo más lúdica , señala Raúl Cristancho. Son trabajos muy fuertes porque el mundo de ellos es así .

Para el visitante desprevenido es difícil ver que tienen en común trabajos tan diferentes entre sí. Sin embargo, Cristancho afirma que en todos puede verse un mismo sello dejado por la universidad: las obras insisten en construir pensamiento a través del oficio. Hay un respeto por el objeto que va más allá del tratamiento clásico, se construye en él .

Hay como una noción de la importancia del hacer frente a lo que no se hace. En este mo mento donde se pueden ver tantas cosas que son hechas sin profundizar (como en el Salón Nacional), la compenetración con el hacer me parece algo importante .

De vuelta a las aulas La muestra reúne 24 trabajos de personas graduadas de la Carrera de Artes Plásticas de la U.N. entre 1992 y 1996. Diferentes técnicas y formatos que comparten una pasión por el hacer.

Debe ser una de las pesadillas más populares de estos tiempos: años después de haber salido de la universidad o el colegio, el soñador se entera de que un profesor lo ha llamado a la casa y que algo no marcha bien. El sujeto tiene que volver a presentar un examen o devolver el diploma y se da cuenta, con espanto, de que no es capaz de sumar su compra, mucho menos resolver polinomios de segundo grado.

Bueno, ese retorno al aula materna lo están viviendo los 31 egresados de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional que por estos días exponen en el Tercer Salón de Egresados en el Museo de Arte de la Universidad. Y han vuelto de manera voluntaria a mostrar cómo se ha desarrollado su trabajo después del grado.

Se hizo una convocatoria pública a la que aplicaron 57 egresados , explica María Helena Bernal, curadora del Salón junto a Raúl Cristancho. Habían dos parámetros para poder participar, tenían que haber recibido su diploma entre 1992 y 1996, y la obra debía haberse realizado una vez afuera de la universidad .

Entre las 24 obras seleccionadas hay de todo: pintura, fotografía, instalación y el registro de una performancia (realizada por Constanza Camelo). Caminos muy diferentes unidos por la sola razón de haber pasado al menos cinco años en la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional.

Humor universitario Si acaso hay un aspecto notorio en la muestra (y que no siempre se relaciona con la imagen que da por lo general la Universidad Nacional) es el sentido del humor. Desde la entrada principal, donde el Grupo Invasores del Espacio invade el hall central forrando de árbol las 17 columnas del museo, es evidente el espíritu lúdico de muchos de los trabajos escogidos.

Las pinturas de Olga Lucía García que sobreimponen ideogramas indígenas a figuras de comic; los monumentos religiosos transformados en odas al comercio por Héctor Méndez; los fotomontajes en cibachrome de Alberto Baraya en donde varios miembros del cuerpo aparecen flotando misteriosamente; la instalación de Ricardo González que incluye homenajes a Carlos Jacanamijoy y David Hockney; el mural de Franklin Aguirre donde una matera huye de una par de abejas, y la instalación del grupo Matracas que homenajea a una profesora de colegio, Miss Dora, con pequeñas esculturas con títulos como a-isla-dora , clona-dora y licuadora .

Y además están las pinturas de Félix Castillo que les dan un giro a un par de slogans co merciales y la instalación de Héctor Pabón titulada La rudeza del destete.

Puede verse una poética más cruda pero al mismo tiempo más lúdica , señala Raúl Cristancho. Son trabajos muy fuertes porque el mundo de ellos es así .

Para el visitante desprevenido es difícil ver que tienen en común trabajos tan diferentes entre sí. Sin embargo, Cristancho afirma que en todos puede verse un mismo sello dejado por la universidad: las obras insisten en construir pensamiento a través del oficio. Hay un respeto por el objeto que va más allá del tratamiento clásico, se construye en él .

Hay como una noción de la importancia del hacer frente a lo que no se hace. En este mo mento donde se pueden ver tantas cosas que son hechas sin profundizar (como en el Salón Nacional), la compenetración con el hacer me parece algo importante .

De vuelta a las aulas La muestra reúne 24 trabajos de personas graduadas de la Carrera de Artes Plásticas de la U.N. entre 1992 y 1996. Diferentes técnicas y formatos que comparten una pasión por el hacer.

Debe ser una de las pesadillas más populares de estos tiempos: años después de haber salido de la universidad o el colegio, el soñador se entera de que un profesor lo ha llamado a la casa y que algo no marcha bien. El sujeto tiene que volver a presentar un examen o devolver el diploma y se da cuenta, con espanto, de que no es capaz de sumar su compra, mucho menos resolver polinomios de segundo grado.

Bueno, ese retorno al aula materna lo están viviendo los 31 egresados de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional que por estos días exponen en el Tercer Salón de Egresados en el Museo de Arte de la Universidad. Y han vuelto de manera voluntaria a mostrar cómo se ha desarrollado su trabajo después del grado.

Se hizo una convocatoria pública a la que aplicaron 57 egresados , explica María Helena Bernal, curadora del Salón junto a Raúl Cristancho. Habían dos parámetros para poder participar, tenían que haber recibido su diploma entre 1992 y 1996, y la obra debía haberse realizado una vez afuera de la universidad .

Entre las 24 obras seleccionadas hay de todo: pintura, fotografía, instalación y el registro de una performancia (realizada por Constanza Camelo). Caminos muy diferentes unidos por la sola razón de haber pasado al menos cinco años en la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional.

Humor universitario Si acaso hay un aspecto notorio en la muestra (y que no siempre se relaciona con la imagen que da por lo general la Universidad Nacional) es el sentido del humor. Desde la entrada principal, donde el Grupo Invasores del Espacio invade el hall central forrando de árbol las 17 columnas del museo, es evidente el espíritu lúdico de muchos de los trabajos escogidos.

Las pinturas de Olga Lucía García que sobreimponen ideogramas indígenas a figuras de comic; los monumentos religiosos transformados en odas al comercio por Héctor Méndez; los fotomontajes en cibachrome de Alberto Baraya en donde varios miembros del cuerpo aparecen flotando misteriosamente; la instalación de Ricardo González que incluye homenajes a Carlos Jacanamijoy y David Hockney; el mural de Franklin Aguirre donde una matera huye de una par de abejas, y la instalación del grupo Matracas que homenajea a una profesora de colegio, Miss Dora, con pequeñas esculturas con títulos como a-isla-dora , clona-dora y licuadora .

Y además están las pinturas de Félix Castillo que les dan un giro a un par de slogans co merciales y la instalación de Héctor Pabón titulada La rudeza del destete.

Puede verse una poética más cruda pero al mismo tiempo más lúdica , señala Raúl Cristancho. Son trabajos muy fuertes porque el mundo de ellos es así .

Para el visitante desprevenido es difícil ver que tienen en común trabajos tan diferentes entre sí. Sin embargo, Cristancho afirma que en todos puede verse un mismo sello dejado por la universidad: las obras insisten en construir pensamiento a través del oficio. Hay un respeto por el objeto que va más allá del tratamiento clásico, se construye en él .

Hay como una noción de la importancia del hacer frente a lo que no se hace. En este mo mento donde se pueden ver tantas cosas que son hechas sin profundizar (como en el Salón Nacional), la compenetración con el hacer me parece algo importante .

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