GRAN ALIANZA: COALICIÓN PEGADA CON BABAS

GRAN ALIANZA: COALICIÓN PEGADA CON BABAS

Cuando nació la Gran Alianza por el Cambio, como coalición política mayoritaria del Congreso, la pregunta que muchos se hicieron fue: cuánto durará?

16 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Los padres y tíos de la criatura brindaron por una larga existencia; sin embargo, los expertos en este tipo de partos apenas le auguraron un año de vida. Por qué el diagnóstico tan poco halageño? La primera razón es el lapso que Fabio Valencia Cossio va a estar en la presidencia del Senado. Valencia es, sin duda, el motor de la Alianza en el Senado y la figura que asegura un mínimo de cohesión por su enorme habilidad para negociar, y porque es visto como el emisario autorizado del Presidente en el tema político.

De otra parte, el término de doce meses marca el ciclo natural en que debe empezar a hacerse sensible el declive en la popularidad del presidente Pastrana y la disminución del respaldo político a él.

En un año, ya Pastrana debe empezar a mostrar los síntomas del desgaste normal del poder, sobre todo si se tiene en cuenta que en ese mismo período, ya sin el efecto espuma que produce el triunfo, los índices económicos van a marcar la realidad que el propio ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, ha advertido: la reactivación se va a demorar alrededor de 20 meses.

Sin duda en ese lapso, también, el Presidente va a tener que tomar algunas medidas impopulares como la disminución del tamaño del Estado, quizás una reforma tributaria y con seguridad un reajuste en los servicios públicos, y un número indeterminado de alzas en la gasolina (el primero de los cuales parece venirse mucho antes de lo esperado).

En resumen el piso político en doce meses, sin tener en cuenta los avatares de la búsqueda de un diálogo de paz, ya no va a ser tan firme como hoy. Y allí empezarán a deslizarse los primeros políticos de la actual coalición de Gobierno.

Pero inclusive, los acontecimientos de la última semana, en particular la elección del próximo Contralor General, están demostrando que puede ser ingenuo pensar en que la Gran Alianza dure un año completo.

Esta semana empezaron a desnudarse muchas de las debilidades de la Gran Alianza que no le auguran una vida muy larga. Por una parte, se trata de un grupo exageradamente heterogéneo en el que conviven los independientes y los novatos del Congreso con su costal de buenas intenciones; conservadores disciplinados unidos alrededor de un presidente de su partido; liberales rebeldes que confluyeron allí como reacción contra Horacio Serpa antes de la primera vuelta presidencial, y liberales colaboracionistas (o renovadores como prefieren llamarse) que aterrizaron luego de la derrota de Serpa, aglutinados alrededor del objetivo concreto de nombrar a Valencia presidente del Congreso.

Se trata pues de un espectro demasiado amplio de modos de ver y hacer la política, pero sobre todo de una gama muy grande de intereses diversos, como para creer que pueda tratarse de una bancada que va a comportarse y a votar unida.

La elección del Contralor lo está demostrando. Cada quien parece estar peleando sus intereses particulares e inclusive los conservadores, que tradicionalmente actúan como cuerpo en estas decisiones, están divididos entre los respaldos a Carlos Ossa y Jaime Buenahora.

Es muy improbable, pues, que la Alianza elija unificadamente, y más bien es de esperar que cada quien vote de acuerdo con las promesas y ofrecimientos que le hayan hecho. Y si así es para una elección que no amenaza ningún interés (y que más bien es una oportunidad para ensanchar burocracia e influencias), cómo será cuando empiecen a llegar los artículos duros y complicados de una reforma política que le recorte ventajas al Congreso y establezca mayores controles y vigilancia a su acción? Un segundo elemento a tener en cuenta al augurar una vida no muy larga a la Alianza es que carece de un liderazgo claro e indiscutible, de un orientador que tenga ascendiente sobre una buena porción de los miembros. No hay una cabeza de bancada. Y es imposible que la haya cuando se trata de un grupo totalmente disperso de visiones e intereses.

Por otra parte, a pesar de su impresionante visión y habilidad política, Valencia genera resistencias entre los liberales e inclusive entre varios conservadores. Y su influencia no rebasa las fronteras del Senado.

A Alfonso Valdivieso le fue mal esta semana cuando trató de mostrarse como vocero de la Alianza y solo consiguió que varios parlamentarios lo descalificaran. El único liderazgo que tal vez podría poner a la bancada a comportarse como grupo sería el del propio Presidente, pero no le corresponde por respeto a la autonomía del Poder Legislativo y por el enorme riesgo de desgaste que puede implicar. Y así lo ha hecho saber.

En conclusión, si Pastrana desea hacer una verdadera reforma política, tiene que sacarla adelante de aquí a diciembre. Tal vez después de ese término su Gran Alianza ya haya dejado de existir o esté en menos de la mitad

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