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NO MÁS PROMESAS PELIGROSAS

NO MÁS PROMESAS PELIGROSAS

Gracias al debate que tendrá lugar el próximo domingo a través de los canales de televisión, se podrá saber sin lugar a equivocarnos quién es el candidato que tiene conceptos más claros sobre temas que preocupan a los colombianos.

Por ejemplo, falta que los aspirantes expliquen con absoluta claridad los mecanismos que van a poner en práctica para enfrentar el desempleo, el alto costo de vida, el desbarajuste fiscal, la pésima calidad de la educación, la inseguridad, la guerra, la crisis industrial y el despilfarro de los recursos públicos, para no mencionar sino algunos puntos neurálgicos que ensombrecen el futuro económico y social del país.

Ante la mirada atenta de diez millones de colombianos, sentados al frente de sus televisores, los dos candidatos no podrán actuar esta vez con el desparpajo y la ligereza que caracteriza sus discursos en las plazas públicas, donde ante todo se estimulan los instintos emocionales de las gentes.

Sería necio e irresponsable insistir en los lugares comunes y en las promesas peligrosas como la que escuchamos hace algunos días a uno de los candidatos, quien entusiasmado en medio del júbilo de los manifestantes, prometió, dentro de su estrategia de hacer un gobierno para los pobres, condonar la deuda de los cafeteros dentro de los primeros sesenta días de su administración.

No cayó en cuenta que para ello habría que echar mano de los recursos del Fondo Nacional del Café, el instrumento estabilizador por excelencia del mercado del grano. Con el agravante de que su discurso, pronunciado en el ambiente eufórico de la plaza pública, estimuló seguramente a numerosos campesinos a aplazar el pago de las cuotas que tiene pendientes con la Caja Agraria o el Banco Cafetero.

Lo mismo podríamos decir de quien ha prometido una rebaja de impuestos para impulsar la inversión, ya que mucha gente se ha creado la ilusión de que una medida de esa índole se puede adoptar de la noche a la mañana, lo cual no es cierto. No sólo debe ser gradual, sino que se requiere del concurso del nuevo Congreso, órgano que deberá decidir la conveniencia de una reforma tributaria.

Qué mejor oportunidad que la televisión para que los candidatos sean concretos en uno de los temas más importantes: la paz.

Lo cierto es que estamos cansados de las palomitas, los pañuelos blancos y de los grafitis. Cuántas comisiones de paz hemos tenido? cuántos diálogos se han realizado sin llegar a ningún Pereira? Sería interesante, por ejemplo, que Serpa concretara su estrategia de paz, porque hay más de un escéptico sobre su propósito, no porque sea adversario del candidato, sino porque el político santandereano ha participado en casi todos los procesos de negociación con la guerrilla, sin obtener mayores logros. Basta recordar la ronda de negociaciones de Tlaxcala que concluyó en un rotundo fracaso, o su viaje a Alemania donde intervino en un incipiente proceso de reconciliación con el ELN.

Importante que tanto Serpa como Pastrana digan que van a hacer la paz, pero más importante aún es que expliquen en el debate televisivo cuáles son los pasos específicos que van a dar para concretar su iniciativa.

El país está desesperado de haber vivido cuatro años bajo un gobierno promesero, clientelista y caótico, en el cual no hubo transparencia y gobernabilidad. En otras palabras, está cansado de las mentiras y de las manipulaciones y lo que quiere es un gobierno serio, con metas y propósitos definidos y con un equipo de profesionales honestos que se erijan en auténticos gerentes de una empresa que es necesario rescatar de la postración.

El país quiere convencerse de que sí existe el líder capaz de transformar nuestra sociedad, y qué mejor que los dos aspirantes a la Presidencia se despojen de cualquier manifestación demagógica para entrar en el terreno de las realidades.

Claro está que el debate televisivo debe contar con el concurso de periodistas serios que enfoquen sus preguntas pensando en los problemas nacionales y no pretendan, como muchas veces ha ocurrido, convertirse en las estrellas y protagonistas del espacio de opinión, tratando de descrestar con su sapiencia o de corchar al candidato porque éste no es de sus simpatías o del agrado de los dueños del grupo para el cual trabajan.

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