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LA TORRE DESPERTÓ

LA TORRE DESPERTÓ

La Tour du Pin ha despertado. Ciudad quieta y adormilada, halló la noticia del año y de mucho tiempo. La Selección Colombia está allí.

Un gigantesco bus blanco con la inscripción France 98 lleva y trae al equipo. La matrícula, como las de Francia, es de difícil lectura: 9759 NX 07.

Estaba aparcado al frente del hotel Le relais de la Tour, en una de las partes altas de esta pequeña ciudad de unos 7.000 habitantes.

Cuando la máquina hizo su aparición en la entrada de una glorieta, lo primero que vieron los jugadores fue una bandera de Colombia dibujada en una figura de futbolista y un aviso con las palabras Bienvenue a la Colombie .

El bus avanzó por la plaza central. Había banderas de Colombia, ni una de Francia. La figura de Juan Valdés se observaba a menudo. El bus no pasó en frente del Hotel de Ville, pero ahí también estaba Colombia.

Juan Valdés a un lado. Cerca de él, una foto de la plaza de Villa de Leiva, y a un lado el amarillo, azul y rojo de la bandera.

Había más, por supuesto. Un mapa de Colombia con los detalles de su folclor. Indígenas dibujados, campesinas santandereanas, campesinas de Boyacá, mulatos del Pacífico con sus tambores y marimbas.

Estábamos en un buen rincón de Colombia. Las calles en La Tour du Pin se poblaron de nuevo. Las niñas de colegio coquetearon con los periodistas, pidieron autógrafos a los pocos jugadores que salieron de compras. Sonrieron cuando les dijeron en un pésimo francés que estaban bonitas, así no fuera cierto.

La Tour du Pin está de fiesta. No hay nada que ver con la indiferencia del parisino. De todas las maneras posibles buscan un traductor en español para cerrar la brecha del idioma y de las incógnitas.

Banderas colombianas en los balcones. Una carta de restaurante en francés y español. En la mesa, el plato de los de la torre: gratín dauphinois, patatas, nata y ajo, tras ser puesto al horno. Abajo de la carta fue anunciado un plato del huésped más ilustre. Bienvenue a la Colombie , a 120 francos. Empanadas, ajiaco y ensalada de frutas tropicales.

La que era una residencia de los reyes y hoy está rodeada de castillos, no ha perdido importancia, así la mayor parte de sus días guarde un hermoso y discreto silencio. Aquí se está cerca de Lyon, de Italia y de Suiza.

Población de casas con paredes de tierra y cal, buena parte de sus gentes amables viven del tejido industrial. Antes fue la seda, pero la producción en serie irrumpió. Ahora, el paciente trabajo en cerámica para producir baldosines. Champion es una empresa de ropa deportiva, en una población montañosa que juega al fútbol, al rugby y en el invierno se derrumba en las emociones del esquí.

Al frente del Hotel de Ville permanece pensativo el monumento verde en homenaje a los soldados que murieron en las dos guerras mundiales. Cada 8 de mayo y cada 11 de noviembre hay ceremonias de conmemoración.

El sol golpea con fuerza aquí. Ni la iglesia, donde habita un tríptico de un alumno del pintor Drer, se salva del viento denso.

La Tour (torre) du Pin existe, pero no parte de su razón de ser. No hay testigos vivientes de que una torre haya vivido. Sí los hay de la palabra Pin, que ha entrado en desuso. Viejo vocablo de los celtas que significa colina.

La Tour du Pin, separada 85 kilómetros de Lyon, sonríe. Colombia, que tanto mata, le da alegría, le da razones para vivir. Aquí descubren la música tropical y el ritmo sabroso del periodista de RCN Campo Elías Terán. El, que llegó tres días antes de la obligada migración de periodistas, soltó lágrimas en un desolado banco, en una larga y oscura noche en que no había rastros del equipo.

La Tour du Pin, como por encanto, es un pedazo de Colombia. Y hay que subir al hotel de la Selección para escuchar la voz de los pájaros y el suave rumor del viento en los altos árboles.

Allí nadie entra. No journalist , dicen con voz suave los hombres de seguridad del hotel.

No se sabe cómo le vaya a Colombia en el primer juego contra Rumania, pero sí es por sede, aspiramos al título. La Tour du Pin es el pedazo amable de nosotros.

G. R. C.

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