GAVIOTA O EL ARTE DE AMAR LA TIERRA

GAVIOTA O EL ARTE DE AMAR LA TIERRA

Aquí uno sólo necesita traer la sal, porque de resto hay pollos, gallinas, huevos, pescado, plátano, yuca, frijol.... .

31 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Esta frase de Roberto Zambrano, un educador pensionado y propietario de La Gaviota , refleja con cierto desparpajo la variedad que tienen las seis hectáreas cultivadas de esta finca.

Aunque el café es el cultivo predominante (4 hectáreas), el resto del área es aprovechada al máximo por productos que van desde la mandarina, pasando por el aguacate y el maracuyá, hasta la producción de huevos y miel.

En total La Gaviota se compone de 20 hectáreas, 14 de las cuales se dedican a la siembra de pastos, guaduales y árboles como eucaliptos y nogales (de más de 30 metros de altura), que le dan vitalidad propia.

Lo importante es saber utilizar la finca, porque tener un poco de tierra sin ningún provecho de nada sirve. La gracia es tener hartas cosas sembradas, que se puedan sacar para el sostenimiento de la casa, para vender y, ante todo, para que se sostenga , agrega Roberto.

Su ubicación a 20 minutos de Ibagué con una temperatura promedio de 32 grados y muy cerca del río Cocora, le permiten contar con buenas vías de acceso para la comercialización de sus productos y ser a la vez una tentación permanente para las visitas del fin de semana.

Fuentes naturales Y aurto no oculta las incidencias del fuerte verano ocasionado por el fenómeno de El Niño , se siente tranquilo pues su hacienda cuenta con un nacimiento de agua natural que le permite satisfacer todas las necesidades de sus cultivos y sus actividades avícolas y pecuarias.

Fue lo que más me llamó la atención en el momento de comprar la finca. Uno debe fijarse mucho en las tierras que tengan agua propia. Ha sido estupendo para nosotros , sostiene Roberto.

Esa garantía del agua permanente le facilita tener dos estanques en los que cultiva 550 cachamas y mojarras para el consumo de su familia, pero que piensa comercializar muy pronto.

Además, muy cerca de este lugar pasa una quebrada, La Platina, que se convierte en una potencial fuente de recursos, pues trae bastante arena que se puede vender como material para la construcción.

Variedad, la clave Cuando Roberto la adquirió hace 10 años solo tenía sembrada caña panelera. Fue entonces cuando la Universidad del Tolima le hizo un estudio de suelos y le recomendó sembrar café.

Luego, debido a las plagas que azotaron al grano y a la crisis de precios, comenzó a intercalarle cultivos de mandarina, aguacate, mango, naranja común y tangelo, maracuyá, limón Tahití, plátano y banano, entre otros.

Ha sido tal el éxito del manejo de los diferentes cultivos, que sólo el año pasado obtuvo una utilidad de más del 100 por ciento en el balance financiero de la finca.

Para tener una idea de la productividad y variedad de La Gaviota , estos son algunos indicadores: * Cada árbol de mandarina produce entre 40 y 50 cajas de la fruta, que vende a 8.000 pesos cada una.

* Una planta de aguacate da cuatro bultos de seis arrobas cada uno. Los aguacates pequeños los vende a 1.000 pesos el kilo y los grandes a 1.000 pesos cada uno. Las variedades que cultiva son Búho Ocho y Lorena. Entre todos tiene cerca de 150 árboles sembrados.

* El plátano lo vende a 6.000 pesos el racimo y el banano a 4.000. Es de muy buena producción en la región.

* El limón Tahití lo vende a 500 pesos el kilo y es un cultivo que está permanentemente en producción. Algunas matas de cacao, que luego se secan, también se venden por bultos.

* Mango grande por cantidades, 15 árboles de guanábana que ya están produciendo, papayuelo, canelo, lima, guayaba común y agria, algodón son otras de las especies cultivadas en La Gaviota .

* Un cultivo de frijol que pudo verse afectado por el intenso verano y otro de yuca complementan la rica variedad de productos.

* Tiene algunos marranos en engorde, que Roberto considera como su propia alcancía , pues en algunas épocas del año los puede vender a un buen precio. Al fin y al cabo está en una región donde se prepara la mejor lechona del país.

* Roberto solo utiliza abonos orgánicos. Los abonos químicos son los que han traído todas esas pestes , asegura. Cacota de café, estiércol de gallina, aserrín, cal, guayaba, vástago de plátano son algunos de los productos que utiliza. Aunque como él mismo lo dice esta tierra no necesita mucho. Lo que uno le siembre, eso da .

Dedicación, el secreto Pero, aparte del buen manejo integral, el secreto para obtener tan buenos resultados está en la dedicación y cariño que Roberto, Alcira (su esposa) y sus hijos tienen por ella.

Todas las decisiones que tienen que ver con La Gaviota son consultadas y tomadas por consenso, incluso su propia compra.

La finca hay que tratarla como a una niña bonita, porque si no se cae y se acaba , afirma Roberto.

Por eso insiste en que no la vendería por ninguna plata del mundo (ya ha recibido varias ofertas y de contado). No en vano es patrimonio suyo y de su familia, y una fuente de felicidad para todos ellos los fines de semana. Esa razón le vasta para conservarla y cuidarla.

Si usted conoce alguna experiencia de una finca ejemplar en su manejo integral o considera que la suya merece la pena destacarse como modelo, escríbanos a la Avenida Eldorado No. 59-70 Sección Tierras y Ganados o al FAX: 4104930. Su finca también puede ser La Finca del Mes .

Huevos y pollos criollos? Pídalos donde Roberto Los huevos criollos son el segundo renglón de producción de La Gaviota .

Solo el año pasado Roberto Zambrano obtuvo casi 2,5 millones de pesos por este concepto, que corresponde a una producción de 300 huevos semanales y a un precio de 150 pesos cada uno. Como él mismo lo señala, su venta es peliada en Ibagué.

Su corral comenzó con unas poquitas gallinas amarillas, que con el tiempo incrementó a 30. Cuando ya van a poner compro otras 30 negras para que no se me confundan. Ya sé que al año puedo vender las amarillas , asegura.

No son más de 60 gallinas las que producen al tiempo y no por más de un año. Las alimenta con guayaba, maíz, plátano y banano.

Curiosamente, los huevos los vende en el almacén de calzado que maneja su esposa Alcira, donde recibe los pedidos. Ya la gente sabe y me busca para que le traiga los huevos .

Y con los pollos no se queda atrás. Para diciembre vendió más de 200 (entre seis y ocho libras) que había comprado en octubre, cuidados con finca y con maíz.

Estos animales los cría en su propia casa de Ibagué y los alimenta con guayaba, su alimento preferido, que asegura una yema bien rojita. Su venta la hace por teléfono, pues la gente ya conoce la calidad de sus pollos y los pide para ciertas épocas del año.

La miel de abejas, un negocio de alto vuelo La miel de abejas de La Gaviota es uno de los productos que más pedido tiene entre los habitantes de Ibagué, por su calidad especial.

Gracias a la insinuación de un profesor de la Universidad del Tolima, que además le ayudó a manejarlo, Roberto decidió construir un apiario en su finca. Comenzó con dos cajitas y hoy tiene 15.

Esta es una actividad que no requiere mayores gastos, pero sí mucho cuidado. Inicialmente se gasta algún dinero en la compra de materiales para hacer las cajas y luego en la compra de la abeja reina (10.000 pesos cada una). Cada caja debe tener su propia reina.

Las abejas que son africanizadas, pero domesticadas se alimentan de las florecitas y, gracias al proceso de polinización, vuelven los frutales más prósperos y mucho más productivos. La mandarina, la naranja y el limón Tahití, por ejemplo, son cultivos que cargan mucho aquí.

Los resultados del apiario saltan a la vista: el año pasado Roberto vendió casi 150 botellas de miel que le representaron casi un millón de pesos. La última sacada fue de 80 botellas (cada botella la vendió a 7.000 pesos).

Curiosamente, el intenso verano que hace por esta época es favorable para que ellas salgan y busquen el alimento, por eso se encuentra miel con más frecuencia. En invierno las abejas se comen la miel.

El apiario necesita un cuidado especial, pues tiene muchos enemigos. Es importante que le dé luz, que tenga cercanía al agua para que las abejas tomen y revisar los panales con frecuencia para ver si ya tienen miel para sacar.

De allí saca también la cera, que se cocina y luego se cuela para que quede pura. La cera se vende (a un buen precio) o se emplea para armar las cajas donde van los panales.

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