JOAQUÍN REYES GARCÍA

JOAQUÍN REYES GARCÍA

Por fin Joaco se inmortalizó. Su deseo permanente era poder estar cerquitica de Dios. Para lograrlo, quiso quedar esparcido en las lomas de la Hacienda Buenaisla, en Nemocón, ayudándole a vigilar y cuidar la naturaleza y la humanidad. Hoy ya está en el reino de los seres superiores. Porque él era uno de ellos. Allá bien cerca, donde desde hoy estará cumpliendo con la buena labor de ángel de la guarda de sus seres queridos. Fuimos muy pocos sus amigos, pero qué afortunados. Realmente, Joaco hoy está disfrutando lo que es ser un ángel. Sus hermanos del cielo, la hermandad blanca, lo recibieron encantados. Uno más que viene a iluminar la trocha que recorremos los mortales.

06 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Durante la temporada que pasó entre nosotros, siempre ayudó a los demás, a los pobres, a los humildes y a los de su sangre. Compañero del alma, amigo intachable, bondadoso, con carácter y con rectitud. Enamorado vitalicio de la naturaleza, acudía a ella cuando necesitaba oxigenarse. Trabajador incansable, creyente y religioso. Tuvo en Dios a un colega y a un amigo. Qué suerte la que tuvo Joaco teniendo fe.

Pues bien, Joaco querido, gracias por todo. Pero especialmente, gracias por lo que viene. Avísale a tu Manuela lo que consideres sea lo bueno para ella.

Rafael Antonio J. Reyes Herrera

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