NADA DE VEDETTES

A pesar de la esperanza que nos produce el hecho de que una de las dos organizaciones guerrilleras el Eln esté con deseos de hablar de paz, a ese largo proceso que apenas comienza hay que ponerle algo de distancia. Las experiencias recientes se han encargado de demostrarnos a golpes cuán enredado puede resultar el proceso para llegar a acuerdos fundamentales y cuánto daño pueden hacer los enemigos soterrados que ahora comienzan a desempolvar sus armas.

05 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Si bien es cierto que del pasado también se aprende, y que a lo mejor en el futuro se necesiten varios empujones para sacar adelante una paz negociada, vale la pena llamar la atención sobre la necesidad de evitar los protagonismos excesivos y observar la cautela indispensable que tendrán que asumir los medios de comunicación para asegurar el éxito de tan difícil empresa.

Un clima propicio comienza por bajarle al máximo el tinte de show al proceso. Eso implica hacer a un lado todo tipo de vanidades y deseos de figuración política de quienes vayan a participar en las mesas. Gabo lo advirtió con claridad al anunciar que no iba a Mainz.

Los colombianos no nos caracterizamos propiamente por la discreción. Más bien somos charlatanes y ruidosos. Unas negociaciones con el Eln o con cualquier otro grupo insurgente tendrán que estar rodeadas de la más absoluta confidencialidad. Ha sido la premisa principal de muchos de los acuerdos de paz firmados en otros países. A no ser que una de las condiciones que exija la guerrilla y es uno de los temores sea pedir negociaciones abiertas y de cara al pueblo. En ese caso no auguro éxito alguno.

A los medios de comunicación les corresponderá en esta nueva oportunidad para la paz una inmensa responsabilidad. Que se hace todavía más exigente ahora que en las reuniones con el Eln se sentarán personas a cuyo cargo está el manejo informativo o editorial de importantes medios de comunicación. Es el caso del jefe de redacción de este diario, Francisco Santos, quien en representación del Mandato Ciudadano por la paz viajará a Alemania. O el de la directora de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez. Enfrentan además un delicado dilema: el de separar el papel de periodistas y el de ciudadanos responsables que entienden lo que está en juego y miden el devastador efecto de una filtración inoportuna.

El ejemplo, estoy seguro, comenzará por casa. Y aunque vayan apareciendo muchas tentaciones periodísticas, no sobra advertir que los medios de comunicación, sobre todo la radio y la televisión, deben manejar el tema con extrema delicadeza y haciendo muchos sacrificios en relación con lo que se publica o se dice. Eso nada tiene que ver con el derecho a la libertad de expresión o el de los ciudadanos a estar debidamente informados.

Sin poder anticipar todavía el desenlace del proceso que arranca con el Eln, éste será una prueba de fuego para los medios. Que obsesionados con la chiva, acostumbrados a soltar especies y chismes en forma de hechos consumados, a embutirles a los personajes micrófonos, grabadoras y cámaras de televisión y a poner en boca de las personas palabras que no han dicho, puede resultar siendo una desastrosa amenaza para un frágil proceso que inevitablemente tendrá traspiés y estará sembrado de asechanzas por ventajosos y tramposos. Es importante pedir a los protagonistas que le huyan al máximo a la figuración excesiva y al vedetismo .

Los medios tendrán que jugarle con responsabilidad y desprendimiento a la única prioridad que tiene Colombia. No es ésta la hora de la competencia sanguinaria de los noticieros de televisión y de radio o de celos entre periódicos y revistas. Estamos obligados a ser serios y a asumir las consecuencias de no filtrar con lupa la avalancha de desinformación que sin duda acompañará estas conversaciones.

De lo contrario debemos prepararnos para el implacable juicio que nos hará una sociedad saturada con la impunidad y los privilegios de que gozan los intocables medios de comunicación.

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