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EL PERIODISMO BAJO SOSPECHA

EL PERIODISMO BAJO SOSPECHA

Como dos cartas, de esas que revelan el juego que celan los tahúres, ayer cayeron sobre la mesa del Club de Ejecutivos, dos propuestas de las campañas Serpa y Pastrana, para escoger los periodistas que preguntarán en el debate televisado del domingo.

Según una propuesta serían periodistas amigos , de esos que han hecho profesión pública de adhesión en las columnas de opinión, los que asumirían una tarea que, por definición corresponde a los reporteros y no a los columnistas.

En un diálogo público los representantes de las campañas Serpa y Pastrana quieren protegerlos contra las preguntas de periodistas independientes y conocedores de la realidad del país, con el recurso del periodista amigo .

La reveladora propuesta parece dejar al descubierto que los candidatos le tienen miedo a las preguntas sobre sus propuestas, o sobre su capacidad personal para ejecutarlas.

De lo contrario perdería todo su sentido el empeño por encontrar periodistas amigos que se equilibren entre sí y que, finalmente, neutralicen el posible riesgo.

Aún más preocupante es que el periodista amigo no es una garantía, sino un riesgo para el derecho de los electores a una información transparente, o como la llama la Constitución, veraz e imparcial .

La otra carta que cayó sobre la mesa también fue reveladora. Alguien propuso que las preguntas las hicieran periodistas extranjeros que, por serlo, estarían por encima de toda sospecha. En otras palabras: todo el periodismo colombiano, visto con la óptica de los dos candidatos, es sospechoso y es necesario importar periodistas que estén por encima de toda sospecha.

Como todas las sospechas injustas, ésta agravia innecesariamente a un grupo creciente de periodistas que en Colombia están haciendo un destacado trabajo en materia de periodismo político y que manifiestan, con convicción: profesionalmente, sería una vergenza figurar en las listas de periodistas amigos de cualquier candidato.

Es una cita textual que revela una conciencia nueva, la misma que hizo posible el fenómeno de opinión del Proceso 8000. La aparición de este tema en la prensa colombiana, significó la ruptura de una buena parte de los periodistas con los compromisos partidistas y una toma de posición frente a la corrupción de políticos y gobernantes.

Esa posición de independencia, profundizó un cambio que ya se venía dando y que ha tenido una clara expresión en la información preelectoral reciente. Los receptores de información, en los medios impresos o en los electrónicos, superados los ofuscamientos partidistas, han reconocido una mirada nueva, un lenguaje pluralista, que hacen más evidentes las inevitables excepciones. Hoy el lenguaje sectario o sesgado en la información produce reacciones que no se registraban cuando la información partidista era la norma.

La sospecha de los candidatos está construida sobre una clara injusticia. Es probable, sin embargo, que la medida de la independencia y credibilidad del periodismo colombiano la esté dando la calificación a un sector que ha crecido en poder a costa de su independencia. La aparición del periodista empresario, concesionario de frecuencias de radio, titular de espacios de TV, usufructuario del próspero negocio de los noticieros de televisión o premiado con gajes oficiales en el interior o el exterior del país, parece darle fundamento a la sospecha. Quiéralo o no, el periodista en las cumbres del poder económico o político, sacrifica su libertad y entra en alguna de las listas.

Con razón, el sentido ético del periodista le indica que toda aproximación al poder compromete su libertad y erosiona, hasta destruirla, su credibilidad. La sensibilidad de la opinión, afinada este año más que en las campañas anteriores, percibe que periodista poderoso y enlistado son la misma cosa. El hecho real es que los enlistados no solo son cuantitativamente insignificantes, sino que están dejando de representar lo mejor de la profesión.

Parecía un asunto trivial y fácil este de escoger dos periodistas que hicieran preguntas. Pero aún sin comenzar el debate, esa selección dejó al descubierto dos graves componentes de la crisis: el temor de los candidatos a enfrentar una opinión libre, y su mecanismo de defensa: declarar a todo el periodismo nacional bajo sospecha.

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